Un escrito de domingo
Contexto: Una noche semi-fría en la pensión donde resido actualmente para estudiar lo que me gusta en Corrientes, a 300km de casa.
Me asombra un poco esto. La escritura se me está volviendo cada vez más, una necesidad. Es que escribiendo soy libre, escribiendo soy niño, escribiendo soy. Y puedo deambular entre miles de historias jamás escritas –o escritas que nunca leí. Porque puedo leerme en cosas más interesantes que los trending toping del día. Porque las palabras son para mí refugio, y también libertad. Pero también forma de pensar.
Y a veces termino escribiendo cosas que no quiero, porque termino pensando en cosas que no quiero. Y a veces aprieto la tecla con esa flecha hacia la izquierda y borro todo, por miedo a adentrarme en algunos pensamientos, que en realidad son profundos y podrían hacerme desvariar. Así me tiene entonces el escribir, al borde de la locura todo el tiempo, rozando la irrealidad en planteos reales sobre inconscientes situaciones adversas llevadas al nivel consiente. Me resulta de lo más interesante, tener un órgano que pueda crear cosas que ni él mismo entienda. Poder escribir oraciones indescifrables incluso para mi.
Siempre escribí muy muy simple, porque lo hago muy muy libre y de tirón. Siempre de tirón. Hasta que llega la pausa y de ahí ya no sigo. A veces quiero dejar las cosas por la mitad y escribir otras cosas. Que la imaginación se encargue del resto.
Me estás robando va a pensar una persona grande, suerte que casi siempre escribo para niños, de esos que no saben leer ni podrían entender. O sí.
¿Y si me quiero quedar escribiendo todo el día? No se puede. No podría. Siento que en cualquier momento podría perder la línea de la realidad. Podría perderme.
Es que ya no puedo volver a ser un niño. ¿Acaso un niño piensa en que se va a perder? No. Solo se va. Hipnotizado por todo lo que ve, por todo el nuevo mundo. La idea de perderse nunca pasa por su cabeza. ¿Por qué este miedo? Miedo de adulto, a no poder volver.
Y si me salgo de las líneas de lo real y no puedo volver, que alguien me rescate. Que me descifre de entre los escritos para averiguar aquello que yo ya sé, que en realidad todos saben, no estoy tan lejos.