Flotando con nenúfares

Desde que amaneció necesitaba huir un poco del mundo real. Mi decisión había flaqueado demasiado y mi calma brillaba por su ausencia. Necesitaba mi zona de confort.
No lo pensé más. Me ajusté mis pantalones cortos en el vestuario, me puse las sandalias y bajé hasta la dársena 32. La más alejada del bullicio y la más cercana al mar. Sabía que allí nadie me molestaría, pues a excepción de los botes auxiliares, ningún barco utilizaba esa dársena.
Me descalcé y metí los pies hasta los tobillos en el agua. Empecé a juguetear con las pequeñas olas que llegaban a mis pies desnudos y en un corto espacio de tiempo, estaba pataleando tan descontrolada que salpicaba todo lo próximo a mí.
Cuando de pronto me detuve, me reía. 《Hay que ver Raquel, ¿así es cómo descargas tensión?》 Me dije a mí misma mientras apoyaba todo mi peso en mis manos y reclinaba la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos a través de mis gafas de sol.
En ese momento escuché el crujir de los parales de la dársena, pero no moví ni un músculo pensando que sería algún bote entrando o saliendo de su amarre.
-¡Hey, perdida! ¿Te escondes o es que tienes calor?- Entonces me crucé con una mirada gris que no esperaba.
-¿Ambos?- Le respondí mientras se sentaba cerca de mí. -¿Qué haces aquí?
-¿Qué haces tú aquí?- Le dio vuelta a mi pregunta mientras me ofrecía regaliz.
-Este es MI SITIO. Además, te pregunté yo primero.- Le levanté una ceja mientras aceptaba el regaliz.
-Pues daba una vuelta por aquí y decidí pasarme.- Qué mal mentiroso era. Ni cuando hicimos el taller de teatro supo actuar.
-¡Qué casualidad!- Exclamé irónica perdida.
-Si te digo que te seguía, ¿suena menos raro?- Abrí los ojos como platos.
-La verdad es que no. Suena igual de psicópata.- Le dije mientras me reía y hacía un gesto con mi índice en mi sien dándole a entender que le faltaba un tornillo.
-Por cierto, bonitas manos. ¿Te casas?-Su tono de broma daba a entender que sabía el porqué se hace tradicionalmente este tipo de decoración.
Ignoré su pregunta con una risa sorda. Pasamos unos minutos mirando el agua apoyados de igual manera al borde de la dársena. De repente añadió:
-Vino ayer, ¿no? Por eso estás aquí, ¿verdad?- ¿Desde cuándo tenía conocimiento de todo lo que concernía a mi vida? -No hace falta que me respondas. Con la cara me dices todo.
-¿No sería mejor que me dejaras sola?- Le dije un tanto amenazante.
-Sí, seguro.- Dijo mientras se levantaba.- Aquí te dejo. “Serena barca”, “flotando con nenúfares”. “En una playa en calma”. Ya quedaremos, “rosa de Alejandría”.- Me guiñó un ojo. En cuestión de una frase, había nombrado 4 canciones de Manolo García. Mi cantante favorito. Capullo.
Cuando ya estaba de espaldas, abandonando la dársena hacia la ensenada, sin más le dije:
-“Que por ti pené tanto, que la pena he perdido”. Además, “sólo si hay llama de amor vuelve la esencia”. Y que yo “quiero un amor formal y dominguero”. Ya sabes, “todo es ahora, detrás no queda nada. Todo está por venir”. “Busco encuentros, nuevos vientos”, porque “mi vida ha dado un giro teatral”. Y dudo que “si te vienes conmigo”, “me lleves esta noche a San Fernando. Ni a pie, ni caminando”. “Te deseo buen año y que el cielo te guíe. Ahora sin mi ríe como hacías antaño”.- En este juego nadie me ganaba. Nadie es más “Manolero” que yo.
-¿“Volveremos a encontrarnos”?- Él me seguía el juego.
-Quizás, “una tarde de sol”.- Pero yo era más rápida.
-Mejor me voy, porque veo que estoy perdiendo el tiempo aquí.- Dijo abandonando ya completamente el juego que él mismo había empezado.
Cuando ya estaba a unos 25 metros, le grité:
-¡Hey! ¡“NUNCA EL TIEMPO ES PERDIDO”!- Diciendo esto me carcajeé a todo pulmón.
Desapareció negando con la cabeza como si no tuviera remedio. Entonces apareció alguien en mi campo de visión. Se habían cruzado. Y juro por lo más sagrado que hubiera querido ser “Sombra de la sombra de la sombra de su sombrero” para esconderme. “Petrificarme por lo que haya de venir. Dar sin pedir. Reír, llorar, reír. Dulcificarme por lo que pueda ser, a evaporarse aprender… A saltar los cerrojos que encarcelan el alma”. Y claro está: “No sólo pueden ellos. Y mejor si no hay motores, tenemos velas”.
-“Then she aimed at my chest with love in her eye. I said she aimed at my chest with love in her eye. She was walkin’ around with a loaded shotgun ready to fire me a hot one. It went bang, bang, bang… Straight through my heart. Although I could have walked away, I stood my ground and let her spray. She shot me, she shot me. Bang, bang. She shot me.”- Venía canturreando mientras interactuaba con su móvil.
《Vaya. Domingo musical》 pensé. Estaba tan ensimismado en la pantalla del teléfono que no me había visto. Entonces empezó a sonar el mío, lo saqué de mi bolsillo para ver que aparecía su nombre en mi pantalla.
Alcé el brazo con el móvil en la mano y lo zarandeé hacia dónde estaba mirando para que me viera a la vez que escuchara el sonido de la llamada.
-¡Estás ahí!- Corrió la pequeña distancia entre nosotros.
-Aquí estoy…- Le contesté simplemente. Pero en mi cara se tuvo que reflejar mi rabia contenida durante semanas, porque su gesto se tornó preocupado de inmediato. Respiré hondo y mirando al agua a mis pies al final dije… -Busca un práctico para la regata del año que viene. Yo no voy a participar.