Tristezas y alegrías del futbol

Lo que odio del futbol y porqué no puedo dejar verlo


En México no hay duda, el deporte por excelencia es el futbol. Desde niño vivimos una evangelización futbolera. Familia, amigos, televisión; en todos lados se nos enseña la pasión por el futbol.

La elección de equipo se vuelve algo crucial.

Yo me volví aficionado al Cruz Azul. Los vi campeones en el ‘97 y también recuerdo llorar en una final de Copa Libertadores, a tan sólo un penal de quedar campeones.

Desde niño recuerdo jugar al futbol. Jugando la cascara con amigos y al igual que cualquier niño, queriendo ser futbolista “cuando sea grande”.

Hoy veo el futbol sin ser aficionado a un equipo, ¿por qué?

Desafortunadamente me he visto defraudado muchas veces por este deporte. A lo largo de los años el futbol mexicano en particular me ha dejado ver una cruda realidad. Tristemente es a través de él que alcanzo a entender una realidad en la que vivimos.

Somos la cultura del “Sí se puede”, del “Ya merito”, del terrible “Jugamos como nunca, perdimos como siempre”. Esa manera de ver y vivir el futbol la encuentro en muchos aspectos cotidianos.

Deje de apasionarme por el futbol por los procesos incumplidos en cada Mundial y en cada temporada. Me cansé de ver desfilar entrenadores en la Selección Nacional, de las cosas hechas a medias.

Me cansé de la política interna que apesta a corrupción y de directivos vitalicios que a cosatas del deporte sólo buscan llenarse los bolsillos.

Me cansé de los jugadores que tienen miedo a salir al extranjero, a dejar la comodidad de salarios millonarios y una titularidad asegurada por una pequeña oportunidad de triunfar en Europa. Pocos son los que se atreven y afortunadamente esto ha cambiando poco a poco.

Estoy cansado de escuchar “¡Sí se puede!” en el estadio. El Cielito Lindo aún me pone la piel de gallina, pero ese grito de desesperación enmascarado de optimismo absurdo ya me cansó.

Estoy harto de la mediocridad, de “jugar como nunca y perder como siempre”; de creer que existe un límite a lo que se puede aspirar y que hay conformarnos con jugar como nunca.

No soporto ver festejos en El Ángel con cualquier victoria, por insignificante que esta sea.

Vivimos en la mediocridad de sólo aspirar a 4 partidos en un Mundial; a que si tocan penales ya perdimos. Ah eso sí, pero sí es Brasil, ¡que se cuiden! Seguimos creyendo que los “gringos” no saben jugar futbol (pero que chingas nos meten). En nuestra mente seguímos siendo el gigante de CONCACAF, aún clasificacando en último lugar y siempre es culpa del árbitro, nunca nuestra.

Me parece inverosímil que la identidad nacional dependa de como jueguen 11 personas.

Odio que sólo se hable de futbol existiendo tantos deportes.

Me desespera que la selección de basquetbol haya tenido que ser campeona para recibir atención y que niños Triquis sin ningún apoyo, tengan que demostrar que el futbol no es el único deporte que motiva a los niños. No soporto que la mejor jugadora de raquetball en el mundo sea mexicana y pocos en su país la conozcan. ¿Se dan cuenta que una deportista mexicana puede poner su nombre a lado de leyendas como Michael Jordan, Roger Federer, Maradona, Michael Schumacher, Joe Montana o Tiger Woods, entre otros? Leyendas que han re-escrito la historia de su deporte. (Si de los anteriores sólo conoces a Maradona, por tí odio el futbol).

Con todo esto, debo admitir: estoy viendo el Mundial, veo los partidos de México y me emociono igual que cualquiera.

El futbol sigue y seguirá siendo el deporte de mi infancia.

Si estás leyendo esto y no eres aficionado al futbol quizás no entiendas a lo que me refiero y es algo que no intentare explicar. Todos aquellos aficionados al futbol estarán de acuerdo conmigo. Hay algo inexplicable en la afición al futbol o cualquier deporte; pasa con todos, y aparece cuando eres niño. Si de niño no lo descubriste, ya es muy tarde.

Sí, al darme cuenta de todo esto perdí algo con el futbol; pero hay algo intrínsecamente vinculado conmigo. Son muchos buenos y malos recuerdos viendo un partido de futbol. Como aficionados nunca olvidamos la primera vez en un estadio, la primera final ganada y perdida, que hacíamos y con quien lo vivimos. Todo eso, no el deporte como tal, es lo que vuelve inexplicable el amor que se siente hacía él; no sólo futbol, con cualquier deporte ocurre lo mismo.

Y como cualquier amor, hay que aprender a aceptar sus imperfecciones.

Ojalá el futbol pudiera mantenerse al margen de la política ó de los intereses económicos, pero igualmente muchas otras cosas deberían estarlo. Quizás en un mundo perfecto así sea. Estar en contra de su política no necesariamente es estar en contra del deporte.

Para mí el deporte siempre ha sido una forma de demostrar que lo que se cree imposible, es posible. Es una manera de llevarnos al límite y descubrir que el límite está más lejos de lo que creemos. Eso va más allá de políticas internas y malos funcionamientos.

Claro que espero que México logre el anisado 5to partido y que lo pueda hacer consistentemente. ¿Se imaginan el cambio de mentalidad que eso significaría, todo lo que debe de cambiar en la mentalidad mexicana para que eso pase? Por supuesto que espero que se logre.

Opinen, mienten madres o recomienden, pero compartan.