4 verdades inevitables que hay que aceptar para que el año nuevo sea mejor que el anterior

¡Feliz navidad y año nuevo, amigues!

Llegó esa época llena de momentos de reflexión, propósitos de año nuevo y la vara. Carajo, no se ustedes pero yo quiero que el año que viene sea mejor que el que ya fue. Cada año que transcurre se va más rápido que el anterior. No nos estamos haciendo más jóvenes. Paremos la jodedera. Esto que llamamos vida no tiene por qué irse al traste.

¿Están listos? Démosle viaje. Cuatro verdades inevitables que sucederán el otro año. Hagámosle números desde ya. Interioricemos.

1. El fracaso propio

Yo sé que uno está idealista en esta época del año. Diciembre es la culminación de un ciclo, enero representa ese gran botón de reseteo. Hasta en los villancicos clásicos han expresado la idea “Next year all your troubles will be miles away”, cantaba Ella Fitzgerald en “Have Yourself A Merry Little Christmas”. Año nuevo, vida nueva.

Pero no nos engañemos, gallada. No todo sale como lo planeamos. ¿Por qué? ¡La vida sucede! No pudimos bajar el número exacto de libras, no nos aumentaron el sueldo como prometieron, el proyecto artístico que final tiramos a la calle pasó desapercibido. Etcétera. Como quien dice la vara “no se dio”. Y eso está bien. Hay que aprender a aceptarlo sin bajar los brazos.

No bajar los brazos: lección aprendida.

Por que esta es la clave sobre fallar: el fracaso no existe hasta que nosotros le damos vida. Si algo no sale como tenía que salir, se le ha de llamar “lección”, “aprendizaje”, “intento”, “ensayo”, pero no fracaso. Invocar a ese bastardo es traer sobre nuestra jupa una nube de negatividad que solo genera más mala vibra en los procesos por venir. ¿Y si las varas salen bien? Hay que aprender a enfrentar…

2. El éxito (personal, pero también el ajeno)

Saber ganar es un arte. ¿Te fue bomba en el 2016? No te durmás en esos laureles. Refrán que se remonta a las preseas que daban los griegos en las competencias de antaño. No eran medallas de oro, eran diademas vegetarianas (xD). ¿Por qué? Los metales preciosos duran para siempre, las plantas no. Se marchitan, se desgastan, se acaban. Tremenda analogía: el éxito es igual de pasajero.

Para tener más laureles frescos sobre la cabeza, hay que volver a bretear. Dormirse sobre esos pastos es condenarse a despertar sobre plantas secas, inservibles. Los laureles también deben de mostrarnos humildad. El éxito, sentimiento pasajero de logro, es una gran cosa, pero nunca nos pone por encima de nadie más. Hoy tenemos, ¿mañana? no sabemos. A trabajar, carajo.

Además, ustedes no quieren ser conocidos como “el douche de los laureles”. Créanme.

¿Y si yo no gano, pero gana el prójimo? Alegrarse. El otro día escuchaba una conversación entre Marc Maron y Louie C.K. del 2010. Ambos comediantes y amigos de años, se distanciaron en gran parte por el éxito del C.K. y los celos de Maron. La conversa sirvió para unirles de nuevo en su amistad entrañable (y ser considerado el mejor podcast de la historia, años después). Una de las conclusiones de la entrevista fue, si a tu amigo le va bien y vos no te alegrás, estás siendo un amigo de mierda (“a shitty friend”, según Louie).

Es que los amigos no solo nos requieren en momentos de quebranto, también nos necesitan en los tiempos de gloria. Toca estar ahí para ellos, tanto como cuando han caído. ¿Y los desconocidos? ¿Los no amigos? Pues alegrarnos por ellos solo puede sumar a la ecuación, mientras que envidiar o despotricar contra el éxito ajeno no le resta a nadie más que a nosotros mismos.

El ego no nos puede ganar la partida, pero suave, esto va acá:

3. El egoísmo es la norma (pero no debe de ser la nuestra)

Es doloroso darse cuenta de esto pero toca: cada quien va a velar por sí mismo primero. El vivillo en la presa no hará la fila, se va a mandar por el carril externo a pedir campo; algún empleado de gobierno se acojerá a alguna suerte de chorizo para garantizarse más plata que el resto; algún incircunciso te robará una idea que tuviste por años. ¿Qué hacer al respecto? ¿Va llorarsh?

Otro estatuto irrefutable: el egoísmo es la norma. “Yo primero y después los demás (aplican restricciones)”. Y no solo se trata de casos de ética y moral. Al amigo secreto se le compra en Pequeño Mundo, yo compro en Simán (o alguna tienda cara, queseyó). No pasa nada. Nadie se asusta por eso pues cada quien vela por lo propio.

A veces velan demasiado xD

Pero, uno puede elegir ir contra esa corriente. No implica ponerse de tapete o descuidarse uno mismo, sino de practicar la empatía. Hasta la persona más egoísta tendrá motivos para serlo. Una persona empática es capaz de comprenderlo y actuar de manera diferente.

“La blanda respuesta aplaca la ira”, decía el texto sacro. “Ojo por ojo y quedamos todos ciegos”, corregía Gandhi. Acordate de eso la próxima vez que una animal al volante te tire el carro o un compañero de trabajo te haga feo. Lo cual nos lleva al próximo punto:

4. La actitud ante la vida es lo único que podemos controlar

La última de las libertades del hombre, decía Viktor Frankl, es elegir nuestra actitud ante cualquier circunstancia. Hagamos la pausa para reconsiderar que Frankl, médico judío, fue prisionero en los campos de concentración nazi. Posteriormente a su salida escribió El Hombre en Busca de Sentido (lectura recomendada como para ayer). El caballero puede hablar de tener la actitud correcta ante las viscisitudes de la vida.

Desnudo, manguereado por oficiales nazis, hambriento, golpeado, despojado de todas sus posesiones materiales y afectivas, Frankl todavía tenía una opción: decidir cómo reaccionar. Pucha. Escribo esto con un nudo en la garganta. ¿Saben por qué?

Por que yo soy un tipo chineado, un duque diría mi mejor amigo, que ante cualquier adversidad ni siquiera comparable arruga la cara, baja los brazos, reniega, se queja, espera lo peor y se envuelve en una nube de negatividad. ¡Manda huevo!

Monti en el año que acaba: versión ilustrada.

Recién leía a John Joseph, cantante de la banda punk Cro-Mags, en su libro Meat Is For Pussies (echáte un título) y hablaba de la actitud mental positiva. Esta es capaz de sobrellevar cualquier circunstancia. Lo externo, por enorme que sea, no tiene por qué determinar como va la procesión por dentro. Lo demostró el titán de Frankl. Nos lo recuerdan miles de personas en todo el mundo.

Miren a esta dama, la primera super modelo/estrella pop “del mundo mundial” …amputada:

O este mae, sordo, rechazado en el draft de la NFL, que se entrenó todo un año después de quedar fuera para ingresar al equipo campeón de la liga:

Les confieso que para el 2015 solo tengo un propósito: cambiar de actitud. Del resto, que venga lo que tenga que venir: éxitos, fracasos (propios y ajenos), adversidad en cualquier nivel, alegrías, lágrimas, rollos de cualquier tipo. Solo quisiera aprender a ejercer esa última de mis libertades.

Y así, ser libre al fin.

Feliz año, amados.


Esta es una adaptación más atemporal de una columna originalmente publicada en 89db el año pasado.

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