La llamita parda, y las aguas del fin del mundo

Imagen: nenychan123
http://nenychan123.deviantart.com/

Hace mucho tiempo en la tierra de Huarochirí, mientras las nubes se agolpaban bajo el cielo celeste encendido, al lado de un riachuelo de agua transparente que aun hoy, después de tanta guerra, sigue bañando tranquilo las mismas amadas piedras, lloraba en silencio una hermosa llamita parda.

A pesar de tener ante si el más delicioso forraje no tenía hambre; tan triste estaba que de cuando en cuando se le escapaba un suspiro profundo mirando al horizonte.

El pastorcito que la cuidaba, al verla llorando, se le acercó y con una caricia le dijo: “Tu que comes siempre la mejor hierba, que andas paseando por estas montañas llenas de flores… ¿porque estás tan triste? ¡Ya quisiera tener yo la vida que tú tienes!

La llamita entonces, al sentir la caricia sincera y las palabras alegres del pastor se volvió hacia el, y mirándolo a los ojos le dijo: “No te enojes conmigo. Escucha atentamente: De aquí a cinco días la Mamacocha, se desbordará; caerá sobre la tierra con la fuerza de una catarata cayendo sobre el rio y todo el mundo acabará”

El pastor, que hasta entonces, nunca había escuchado hablar a una llama, se asustó mucho; pero como sabía que las llamas son animales sabios y antiguos, y que andan siempre enteradas de secretos que los hombres ignoran, le creyó, y sin perder tiempo salió corriendo por el camino de piedras que llevaba al pueblo para avisarles a todos lo que había de suceder. En cinco días Mamacocha se desbordaría arrasando con todo a su paso, no había tiempo que perder!

Llegó al pueblo en un abrir y cerrar de ojos; había corrido más rápido que nunca para advertir a los suyos del peligro que se avecinaba. Detrás venía, también corriendo, la llamita parda.

Apenas llegaron al pueblo fueron a pararse en el centro mismo de la plaza de Llacsatambo, tomaron el pututo ceremonial del pequeño ushnu y el sonoro toque hizo remecer las montañas, con su sonido de trompeta. Todos los habitantes del pueblo se acercaron a la plaza, y apenas vio a toda la comunidad reunida el pastorcito comenzó a relatar, con la voz más fuerte que podía, lo mismo que la llama le había contado.

Al principio los vecinos se sorprendieron mucho escuchando los relatos del pastorcito, pero se repusieron pronto de su sorpresa, pues ellos también sabían que las llamas son animales sabios y muy antiguos, y que andan siempre enteradas de secretos que los hombres ignoramos.

Así que después de un ligero murmullo en el ambiente todos en la plaza creyeron en la palabra del pastorcito, dieron flores dulces de comer a la llamita parda en agradecimiento por su advertencia y decidieron juntos lo que harían para salvarse… Debían ir a las alturas, a pedir protección a la gran Huaca Huillcacoto, una de las más poderosas y queridas huacas de toda la tierra de Huarochirí.

A la mañana siguiente toda la gente salió del pueblo como una familia, llevando grandes cantaros con comida y bebida en abundancia. Todos iban muy contentos; cantando y bailando; porque el cerro Huillcacoto, además de ser un pico muy alto al cual seguramente no llegarían las aguas, era también un Apu, un cerro bueno, que cuidaba desde siempre a los hombres y mujeres de Huarochirí. Bajo su protección no cabía duda que estarían seguros.

Cuando llegaron a las faldas del imponente cerro todos lo miraron con cariño y lo saludaron como a un viejo amigo. Fueron subiendo poco a poco, y cuando estaban a punto de llegar a la cima, vieron con asombro y alegría que el guanaco, el cóndor, el puma, el zorro y otros muchos animales que tienen su hogar en los andes ya estaban ahí! Parecía que los hubiesen estado esperando.

Ilustración de Carmen Cardemi

Apenas llegaron las personas, empezó a llover; y como había anunciado la llamita parda grandes olas del mar, casi tan grandes como una montaña de las altas cordileras, azotaban la tierra con la fuerza de las cataratas y con el mismo rugido amenazador. Por ello personas y animales entraron juntos a la callanca que estaba en lo alto del Apu, donde al fin estarían completamente a salvo de las aguas. Solo el zorro, que fue el último en entrar, se llegó a mojar la punta de su cola. Por ello, desde entonces, y como recuerdo de aquel acontecimiento, todos los zorros tienen la cola más oscura que el resto de su cuerpo, de un color ennegrecido; como si estuviera mojada para siempre…

Pasaron, pues, cinco días más, en los que nunca falto alimento ni bebida, y el agua comenzó a retirarse y la tierra a ser visible otra vez.
Todos juntos, salieron de la cueva y llevaron una ofrenda a las faldas del Apu Huillcacoto para agradecerle por haberlos cuidado. Le llevaron los regalos que más le gustaban: Hojitas de coca, maíz, chicha y dulces que habían guardado desde que salieron del pueblo.

A la llamita parda le dieron una hierba muy rica llena de pequeñas flores amarillas llamada Tiqpa, y le pusieron adornos de lana de muchos colores.
Desde ese día y durante todo el tiempo que la tierra de Huarochirí vivió en paz, la gente alimentó a la llamita parda con alegría. Y aunque le preguntaron muchas veces como se había enterado de lo que iba suceder, la sabia llamita nunca reveló su secreto y siguió paseando contenta por las montañas y los valles verdes por muchos años más.

Cuando mucho tiempo después, la Tierra de Huarochirí fue asolada y destruida por los invasores, ellos encontraron a muchas llamitas pardas que siempre llevaban guirnaldas y adornos de muchos colores sobre sus finos cabellos; los invasores no lo comprendieron, no podían saberlo; pero esas llamitas eran las tataranietas de nuestra heroína, la llamita parda que una vez salvó a la gente.

Este es Huarochirí hoy… piensa en el mientras escuchas la melodía y aprecias sus paisajes.

Este cuento es inspira en uno de los maravillosos relatos del “Manuscrito de Huarochirí”, mejor conocido como “Dioses y Hombres de Huarochirí”

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