El mito de Sísifo, Tiziano

Repensar la Universidad

La civilización padece en la actualidad un cansancio cultural (Agejas, 2013). Este cansancio constituye un tema difícil de hablar y de entender pues se manifiesta de muy variadas maneras, pero a pesar de que no podamos definir definitivamente qué es lo que sucede, sabemos -como lo sabe Horacio en Hamlet-que algo no marcha del todo bien.

Antes de elucburar rumbos de acción es preciso entender el problema; no es tarea fácil, se nos exige una reflexión profunda que eleve nuestro pensamiento sobre lo cotidiano y lo inmediato -lo ya pensado-.

Regresando la alegoría del cansancio: La mejor manera de entender las causas del cansancio es observar los síntomas. Los síntomas son señales, manifestaciones de lo que sucede; por lo que para entender en qué consiste este « cansancio » es preciso observar los síntomas que manifiesta en la actualidad.

Tomemos de nuevo a Ángel Agejas (2013) de la Francisco de Vittoria, quien propone resaltar -entre otros- los siguientes síntomas:

  • El desarraigo
  • El fragmento
  • La desconfianza
Desarraigo

Desarraigo significa falta de raíces. Las raíces son un símbolo que representan a la tradición; cuando se renuncia a la tradición lo que se hace es negar el propio pasado, y al negar el pasado se inhabilita la comprensión de lo que somos. Cuando desconocemos lo que somos perdemos toda referencia de sentido, quedando imposibilitados para avanzar.

Hay un fuerte vínculo entre el desarraigo y el absurdo. ¿Por qué ? Pues por que no existe el sujeto sin contexto, el sujeto está inevitablemente vinculado a una historia y un entorno concreto; ignorar el pasado es desconectarnos del contexto, dando lugar necesariamente a un absurdo.

El fragmento

El fragmento es consecuencia lógica del desarraigo: cuando carecemos de raíces -tradición- los referentes antes compartidos que nos unen y dan sentido, se individualizan. Se genera un mundo de « burbujas » aisladas donde hablar de buscar la verdad o el bien son palabras vacías.

El fragmento separa a los representantes de las ciencias y tiende a promover el fanatismo. Surgen parcelas de saber, en las que los dueños dictan y juzgan con autoridad total sobre las cosas del mundo. La creencia en una verdad unificada en la que los conocimientos de las diversas ciencias convergen abandona la universidad, dejando atrás jirones de saberes aislados e irreconciliables.
La desconfianza

Por último, cuando carecemos de raíces y el fragmento nos invade el miedo se hace presente.

El carecer de referencias objetivas para dirigir y dar sentido puede generar en un principio a una especie de euforia de « libertad », pero conforme se va asentando esta realidad en la consciencia es el miedo el que toma el lugar central.

Ya no hay nada ni nadie en quién confiar, no hay nada que buscar y no hay hacia donde ir. Es una verdadera pesadilla.

El vacío es una amenaza real: corremos el riesgo de encontrarnos de pronto arrojados en medio de la nada, sin nada que hacer, ni nada que buscar y si nada en que creer.

La esperanza

Por supuesto no somos pompas fúnebres, reclamamos el derecho a la alegría como dice Benedetti.

En el IEST, como universidad católica reconocemos nuestro papel ante el cansancio cultural que vivimos. Nuestra inspiración cristiana nos lleva a reconocer una realidad objetiva que nos da sentido.

Pero es preciso reconocer el peso cultural del entorno que describimos como un escenario vigente. Ya llegará el tiempo de hablar detalladamente del papel de la esperanza en nuestra universidad, por lo pronto lo importante es comprender el problema y estos síntomas son una primera aproximación.

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