Secuencialidad y acumulación


La sabiduría se consolidó en el pasado como un patrimonio adquirido y por tanto atesorado. La patrimonialización del conocimiento implicaba -salvando espacios comunes como pueden ser las bibliotecas o los museos- que el soporte en el que se guardaba estaba en el propio individuo: la persona era el dispositivo. En la sociedad actual, el conocimiento es algo exógeno a la persona, su acceso es más fácil y no tiene que memorizarlo, lo importante es saber -si, también memorizar- y usar con fluidez las herramientas y medios que le permiten acceder a los datos: la persona es interfaz. La crítica a este sistema de distribución y acceso al conocimiento se apoya en su carácter masivo y el riesgo que corremos de dar por veraz, lo que no lo es, pero olvida que ese mismo riesgo existía cuando el conocimiento sólo se fijaba y difundía usando soportes tradicionales como el libro. El argumento da por hecho que lo publicado es -o al menos normalmente es- algo más contrastado. Así podría ser… o no: Una de las mejores cosas que nos traé lo digital y la transmisión masiva de conocimiento es que son más los que pueden fiscalizar y cuestionar las ideas. El problema está en que si antes muchos conocimientos eran validados desde lo académico, ahora no son los únicos que pueden hacerlo, y eso para ellos es un grave problema que cuestiona no sólo su autoridad, sino, llevándolo al extremo, su legitimidad misma. La solución -abogan por ella muchos, especial desde el ámbito de lo educativo- es la educación, es el que la gente aprenda a discernir, a ser crítico. Pero ese es otro problema de autoridad. Otra de la cuestiones que implica el libro es el de la secuencialidad. El conocimiento se dispone normalmente de forma secuencial y su adquisición es progresiva siguiendo un camino marcado, algo parecido a la disposición tradicional y habitual de los museos. Pero el conocimiento no está en un solo lugar. Cuando mi padre estudiaba, todo el conocimiento que se estimaba debía adquirir estaba en un solo volumen: La enciclopedia escolar. Evidentemente esto cambió y en mis tiempos de estudiante era habitual la consulta de otras fuentes, normalmente como anécdota, como ejercicio o acción complementaria. En la actualidad, se haga o no se haga uso de ella, se haga un buen o un mal uso de ella, la información está en todo lugar y en cualquier momento y tendemos a acceder a este de manera hipertextual, no secuencial. Esto, también es objeto de crítica, confundiendo dispersión con digresión. Esta secuencialidad no sólo es patente en los libros, también lo es en los museos. Las colecciones suelen presentarse siguiendo un hilo argumental predefinido, algo que es mucho más patente en los museos históricos o los que hacen una lectura histórica de lo expuesto. Evidentemente, ello tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes ya que perdemos el poder crear nuevos enfoques, nuevas narrativas. Una cuestión que a buen seguro será vista como una amenaza a la autoridad de algunos.

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