SUBJECT: Saludo

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Hola!

Oye, Ana me contó la noticia. Felicitaciones!!! Me hubiera gustado que tú me escribieras primero, pero imagino que ahora no tienen cabeza para nada. Después de todo ese mierdero, espero que ya puedan respirar en paz. ¿Qué te dijo tu hermana? A ver si un día de estos hablamos por camarita y me desatrasas de todos los detalles.

Yo no tengo mucho para contarte. Sólo trabajo y ya… la misma rutina. Mi jefe volvió de un viaje largo y ahí me tiene todo el día en la oficina, redactando informes de los temas pendientes. El proyecto todavía no avanza, las fechas son apretadas, los presupuestos descuadrados, pero él insiste e insiste… bueno, lo mismo de siempre, la verdad, jajaja. De todos modos ahí sigo en la lucha, esperando encontrar un trabajo que no me aburra después del primer mes.

Te cuento también que ahora, en los muchos ratos libres que tengo, ando pensando en un cuento que me gustaría escribir. No sé todavía si va a funcionar, pero ahí le voy trabajando con calma, acumulando apuntes que me puedan servir.

Hace poquito estaba en un bar con un amigo que le gusta mucho hablar de política, en particular sobre la relación entre el individuo y el poder. Busca libros sobre eso, documentales, lo que encuentre. Ese día estaba muy borracho y empezó una cantaleta eterna sobre el tema. Cuando ya me estaba cansando, me acordé de una frase que me dijiste una vez, que el azar puede ser un sicario. ¿Te acuerdas? Creo que estábamos en la casa de una amiga tuya, a punto de caernos de la traba y el sueño. Nos reímos mucho esa vez, imaginando al azar con cara de hampón y una uzi en la mano, abrazado a un tipo manejando una moto.

Pues bueno, de ahí empezó a salir la imagen del cuento. Es sobre un candidato presidencial peligroso. No sé todavía cómo será el país de la historia, posiblemente pequeño y con una democracia chueca, pero eso no importa mucho. La idea es contar cómo llega este señor al poder. Toca resumir más o menos la campaña, enumerar brevemente las traiciones, las alianzas, las amenazas, todo eso. Cada país tiene un sistema diferente, claro, pero en últimas todo es, en esencia, la misma cosa.

Una restricción del cuento es que nunca se sepa bien qué tiene el tipo en la cabeza ni qué políticas defiende, pero que sea siempre obvio que es un señor de mucho cuidado. También debe quedar claro que sube por las mañas que tiene, pero igual hay una especie de mano invisible que lo va arrastrando y le va limpiando el camino.

Al final, después de su victoria, todos los que se oponen al candidato se resignan. La gente se sigue quejando en internet, sale a manifestarse con pancartas, pide recuento de votos, pero todas las vías legales para sacarlo del cargo están agotadas. Algunos titulares de prensa advierten sobre un riesgo vago para la economía de la región, pero no pueden asegurar nada concreto. (Tal vez valga la pena que el país sea más bien pequeño y que realmente importe poco lo que pase en las elecciones.)

Tenemos entonces al nuevo presidente, recién posesionado, recién mudado a la casa presidencial. Todos los poderes oscuros que le dieron su apoyo ya se están recuperando de la resaca del triunfo. Él se despierta en un cuarto luminoso, acostado en una cama ancha y blanca llena de almohadas mullidas. Su esposa no está a su lado (tal vez duerme en otro cuarto, todavía no estoy seguro). El tipo sale de la cama, se pone unas pantuflas peludas y una levantadora azul.

Su baño privado es muy lujoso, obviamente. Me lo imagino gigante, más blanco y brillante que el cuarto. Los espejos son grandes pero proporcionados, las toallas gruesas y suaves, la grifería clásica y de muy buen gusto. A un costado, dominándolo todo, una bañera antigua remodelada. Algo bonito, imponente (tengo que buscar fotos y concretar los detalles).

El presidente cuelga la levantadora en la pared, deja las pantuflas al lado de un tapetico rojo y entra en la bañera. Abre el agua caliente y se empieza a duchar.

Ahí, tal vez por torpeza o por descuido, se le resbala el jabón de las manos. Como la bañera es muy curva, el presidente resbala y se rompe el cuello contra el borde de porcelana. Muere en pocos minutos, antes de que lleguen los guardaespaldas (no es muy viejo, pero sí bastante frágil).

Y ya. Un ataque limpio y rápido del azar. A veces pienso que el cuento se podría contar en tono cinematográfico, el presidente cayendo en cámara lenta, consciente de que va a morir, mientras se narra en flashbacks toda la campaña política.

¿Qué te parece? ¿Muy ingenuo? La verdad me da bastante pereza escribirlo. No sé si quiero meterme en un juego de intrigas con el detalle de House of Cards. Podría simplemente copiar la historia de algún presidente parecido, reciclar todos los detalles y al final chantarle la parte de la bañera.

Si se te ocurre algo, me avisas. A ver si aprovechamos con esto para conversar seguido otra vez. Me gustaba mucho cuando chateábamos.

Bueno, no me alargo más. Felicitaciones otra vez!

Un abrazo,
G.

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