El muerto
Métete con mi familia y te mataré, luego te reviviré y te volveré a matar, una y otra vez, hasta que me canse o me aburra.
Jorge Jaramillo.

Una lúgubre y tormentosa noche de octubre habría sido ideal, pero el cálido verano perpetuo de la Ciudad de México hacía que las noches fueran sofocantes y estuvieran tan habitadas como sus días. Jesús y Lázaro condujeron hasta el panteón en busca de la tumba del recién fallecido Maldonado, al que ellos mismos habían matado hacía sólo tres días.
Cavaron sin importarles mucho si alguien los observaba o no, con la seguridad de que nadie se metería con ellos. Maldonado, el policía de la zona, no había sido tan listo y había pagado las consecuencias. Otros sí lo serían, se aprende mejor con el ejemplo.
Abrieron el ataúd a golpes de pala y pico y sacaron el cuerpo apestoso y en descomposición de Maldonado. Lo arrastraron sin cuidado, hasta con desprecio, entre los pasillos del panteón.
— Ojalá sintieras esto.
Se detuvieron bajo un pirul ni seco ni frondoso que convertía la luz de la luna en una lluvia plateada que salpicaba sus rostros, más absurdos que tenebrosos. El ambiente conseguido, salvo por los rostros, era tal y como lo indicaba la descripción del libro de conjuros.
Siguieron paso a paso las instrucciones del grimorio. Por fortuna, estaba escrito en español moderno y sencillo. Las palabras difíciles, que correspondían al ingrediente verbal, eran pronunciadas entre toses y murmullos con intención de engañar al hado, al numen o a lo que fuera. Al finalizar la invocación, el cadáver de Maldonado comenzó a convulsionarse con los dientes apretados en una mueca triste. Tras unos minutos de temblores y espumarajos, abrió los ojos.
La mirada de Maldonado se inundó de terror al darse cuenta de lo sucedido. Estaba vivo y luego muerto y otra vez vivo. Era demasiado para su agusanado cerebro. Se incorporó y trató de huir, pero se hallaba débil (había estado muerto varios días, después de todo).Tropezó y cayó sobre un costado, dejando escapar un resoplido.
— ¡Pinche gordinflón! — le dijo Jesús, pero se arrepintió de haberlo hecho: la palabra gordinflón le pareció muy poco varonil. Lo tomó por el cuello de la camisa blanca con que lo habían enterrado para hacerlo ver un poco más respetable de lo que en realidad era y Lázaro lo golpeó en el rostro, haciéndolo chillar como el puerco que había sido en vida.
— ¿Por qué hacen esto? — preguntó con la voz a borbotones de sangre y espuma de cadáver.
— No te hagas pendejo — le recordó Jesús — . Te lo dije muy claro: métete conmigo y eres hombre muerto. Métete con mi familia y te mataré, luego te reviviré y te volveré a matar, una y otra vez, hasta que me canse o me aburra.
El autor
Jorge Jaramillo Villarruel nació en la Ciudad de México. Ha publicado cuentos y artículos en diversos medios, tanto digitales como impresos. En 2014, publicó su primera novela, Los elefantes son contagiosos (BUAP), que fue merecedora del premio René Avilés Fabila; asimismo, forma parte de The best of spanish steam punk (Nevsky) y Alebrije de palabras (BUAP), entre otras antologías. Su más reciente libro de cuentos, El país de noviembre, se puede conseguir en http://amzn.to/2g0m0XM .
Conoce más de la obra de Jorge Jaramillo en su blog https://amorycohetes.wordpress.com/. Búscalo en Twitter como @UnEteronef .
