Un compañero llamado miedo

Aquí os presento a mi compi, se llama Miedo. Seguro que lo conocéis, el cabrón tiene la hostia de amigos y unos buenos mecenas que lo sustentan. Ay Miedo, que tío, siempre presente, siempre alerta… Miedo me acompaña en las decisiones más importantes de mi vida, y ya he aprendido a darme cuenta que cuando más lo siento, cuando más viene a ponerse delante mio, es cuando decido ir hacia “ el buen camino”, en aquella dirección que pocos toman.
Miedo tiene un hermano, y muchos los confunden, ya que suelen llamarlos igual, pero es que la gente no siempre sabe mirar. Para no confundirlos yo llamo a su hermano Adaptativo. También me junto de vez en cuando con Adaptativo; De noche, cuando ando sola por la ciudad va conmigo, también cuando lo hago cerca de acantilados, o cuando el mar hace notar su fuerte corriente. Sin embargo, no somos tan colegas como yo y Miedo, que pocas veces se separa de mi.
Que cosas curiosas me hace hacer Miedo…es un cachondo… Me hace correr poseída cuando veo una mariposa revoloteando a mi alrededor y luego se descojona porque nadie me entiende. Me hace auto sabotearme porque le gusta estar a mi lado. Me acelera el corazón cada vez que una idea nueva llega a mi para quedarse y transformarme. Y también me hace imaginar mi muerte en mil situaciones. Esta mañana ha aparecido para acompañarme al hospital, a la consulta de sanidad exterior. Ha estado por ahí haciéndose el longuis, pero ha venido a agarrarme la mano en cuanto ha escuchado la siguiente conversación:
-Tras la vacuna quédese por el hospital unos 20 minutos por si le da reacción- ha dicho el doctor.
-¿Entonces si me noto reacción me acerco de nuevo?
-Si se nota reacción no le dará tiempo a llegar. Alguien la recogerá.
Que sensibilidad oye…Aquel médico no se ha dado ni cuenta de a quién llevaba de acompañante. He estado a punto de pedir auxilio como unas 5 veces en el transcurso de esos 20 fatídicos minutos. El calambre en el brazo no era para nada buen augurio, joder, menos aún el leve pinchazo en la cabeza y la sensación de mareo, pero el pinchacillo en el corazón, ya lo que me faltaba…Casi salto sobre una enfermera suplicando mi inyección de adrenalina. Pero mi compi me ha recordado que también está cuando creo que voy a hacer el ridículo, así que he respirado, le he dado un empujoncito y me he aventurado a salir por la puerta del hospital cuando faltaba un minuto para los 20. ¡Si es que a valiente no me gana nadie!
En los últimos tiempos Miedo y yo ya no somos tan amigos. Nos peleamos bastante y está un poco celoso porque ahora he hecho una amiga que se llama Confianza. Es imposible intentar juntarles, no paran de discutir. Confianza suele ganar en dialéctica y Miedo odia perder… Por mi parte ya no le dejo ponerse ante mi mientras las demás personas me bombardean con sus opiniones. Que si cómo se me ocurre ir a la otra parte del mundo, a ver si me va a pasar algo, seguro que me roban, con lo desastre que soy, ¿y yo sola?, van a violarme, ¿países musulmanes?, ahí son todos unos terroristas, y con la maleta cuidado, a ver si me van a meter droga y me encarcelan de por vida… Miedo está de su lado, me quiere en casa, y se coloca ante mi para que esas palabras que le atraviesan me aceleren el corazón, me paralicen, me adormilen y me dejen parada en el mismo sitio por los siglos de los siglos. Pero su tiempo ante mi ha pasado, porque mis alas comienzan a rasgar la piel que cubre mis omóplatos, me impulsan, me hacen traspasarlo y dejarlo en la posición en la que siempre debió haber estado, tras de mi, donde pueda oír el rumor de su consejo sin que empañe mi visión.
No más ruegos por inyecciones de adrenalina, ni carreras ante mariposas, ni esclavitud ante opiniones ajenas. Llegó el tiempo de que mis pasos dejen huella por caminos no pisados, de aceptar a mil amigos caminando de la mano, pero ninguno dejando su huella ante la mía, ninguno empañando mi visión. Lo siento, amigo miedo. Llegan tiempos de cambio.