Clases

Hoy no quedan más
que dos fantasmas
del concepto de clase;
dos intensidades
tan terribles como
inaferrables.

De la burguesía queda
el puro movimiento,
la novedad que los desplaza
(siempre con un grado de culpa)
entre sistemas de clasificación.

Del proletariado resta
una fuerza que restringe,
que captura en el consumo,
en la plétora de identidades,
la posibilidad de decir no
[y también la de no decir].