¿Qué es la inteligencia artificial?

Hoy en día vivimos una situación aventajada en cuanto a la disponibilidad de datos. Cada día millones de imágenes, vídeos y archivos de audio son subidos gratuitamente a las redes sociales y otros sitios. ¿Qué tal si pudiéramos conectarnos a esos fragmentos de la vida de nuestros usuarios y aprender algo más íntimo sobre ellos?

No estoy hablando del tipo de vigilancia que temía Orwell. Creo que las computadoras deberían ser mejores en entender a los humanos en vez de forzar a los segundos a mecanizar su pensamiento para comunicarse con ellas. Si pudiéramos usar los datos que nuestros usuarios publican para sus amigos y familia para entender mejor sus necesidades y estilos de vida, podríamos proveerles con productos hechos a la medida.

Esto se puede lograr con inteligencia artificial. Actualmente es tanto ciencia como arte. El campo tiene lingüistas, programadores, neurocientíficos, matemáticos, filósofos y toda clase de profesiones. Todos juntos estamos tratando de dotar a las computadoras con la capacidad de hacer sentido de nuestro mundo ruidoso, impredecible y lleno de interconexiones. Sobretodo en cosas que los métodos tradicionales de programación no podrían lograr dada la naturaleza no deterministica de los datos (es decir, que la manera de procesarlos no se puede expresar como una serie de pasos). Asimismo, buscamos métodos para darles maneras de actuar en el mundo, aunque no necesariamente al dotarlos de un cuerpo físico.

Los seres humanos podemos saber qué clase de objeto estamos viendo o de quién es una cara sin pensar cómo opera nuestro cerebro. En este momento estás leyendo esto gracias a que aprendiste español y aunque quizás conoces el proceso en que lo adquiriste, no necesitas saber la forma en que tus neuronas lo representan para entenderlo. La inteligencia artificial tiene que crear métodos para representar y trabajar con conceptos abstractos en la mente de la computadora y aunque al principio eran inspirados por el cerebro humano, actualmente podría no ser la mejor manera de abordar el problema. Los cínicos dicen que no puede ser tan difícil enseñarles qué es manzana y el problema estará resuelto a finales de este siglo. Trato de mantenerme optimista, pero me emociona pensar cómo les enseñaremos qué es libertad, amor, dios o justicia. Todavía más cuando tengamos que crear ética o inteligencia emocional y social artificial.

El sueño nunca había sido tan real hasta el 2012 cuando Alex Krizshevsky, Ilya Sutskever y Geoffrey Hinton ganaron la competición de clasificación de imágenes automatizada de Stanford, llamada ImageNet, con un porcentaje de error nunca antes visto. Google compró su compañía DNNResearch en el 2013 para integrarlos a su equipo y a partir de entonces empezó a dotar a sus productos con dicha inteligencia. El deep learning, como se llama la técnica, está presente en tecnologías como Translate, Gmail y hasta coches que se manejan solos por las calles de Mountain View.

Sin embargo, todavía estamos lejos de la pesadilla de Elon Musk en la que las computadoras toman control del mundo y acaban con la raza humana. Más tarde hablaré de la diferencia entre consciencia, inteligencia y volición artificial. Por el momento, basta decir que la inteligencia artificial es un campo emocionante y aún en sus inicios. Nos quedan miles de problemas por resolver, pero la llegada y aplicación a nivel industrial y comercial del deep learning trajo nuevas esperanzas y mayor interés de los inversionistas.