El derecho de amar en paz.

Si en este momento yo le dijera a mis padres que el concepto Pansexual me identifica, seguro ellos rezarían porque sea una parafilia mía y que me gusta tener sexo con el pan y que con un poco de terapia se pasa.

No, lo siento papá y mamá.

Al contrario, me gusta.

Mi mamá dice que siempre fui una niña especial, yo no sé si fue así, pero le creo porque es mi mamá. Fui lo que llamaremos “una niña normal”, a la que le gustan los niños y debo reconocer que les he hecho cosas malas desde los 9 años (perdón) (cosas malas me refiero a hacer pipí en una botella, mezclarlo con tierra, champú y otros y decirle a mi vecino que si yo le gustaba, se lo bebiera. También me gustaba un niño, pero a él le gustaba otra compañera y yo escribí una carta falsa en nombre de ella y se la dejé a él en su mochila, todo fue un lío y tuve que decir la verdad).

Me gustaban los niños, los varoneshombres. Me besé con uno en un pasillo de la escuela y fue asqueroso, sentir su lengua en mi boca fue como un pez dando sus últimos coletazos antes de morir fuera del agua. Horrible. Di otros besos y como a nadie le enseñan a besar, todos dejaron mucho que desear. Comencé a practicar con mi mano, empuñándola y creo que fue un buen comienzo. Los chicos fueron un punto de partida que se quedó sólo en eso.

Tenía 13 y comencé a sentir que me mini-infartaba cuando veía a una compañera cuyo nombre ya no recuerdo, le llamaremos E. Me gustaba E porque su piel se veía muy sedosa, su pelo tenía ondas y había un lunar bajo su párpado inferior. Olía muy bien. Nunca tuve la valentía de acercarme a ella, de decirle nada.

A pesar de saber que socialmente “no estaba bien que me gustara una chica”, yo sabía que eso no era algo malo, y no es porque me lo hayan enseñado, era algo que yo sentía en lo más profundo de mi púber corazón. A medida que crecí, la música y los libros se transformaron en mis profesores del amor y me enseñaron sobre el amor tortuoso, romántico, sexual, despechado, violento y correspondido. Nadie me habló de la gama de colores y sabores del amor.

Fui heterosexual, fui lesbiana, fui hétero de nuevo y fui bisexual. Sufrí cada nuevo cambio porque no sabía si algo en mi estaba mal, porque los demás me hacían sentir mal. Los hombres hétero en un comienzo se sienten atraídos hacia una mujer que también le gustan las mujeres (porque OBVIO que haremos un trío, OKNOT) pero luego les baja la inseguridad y creen que decir: “voy a ver a mi amigas” significa “voy a una orgía con mis amigas” y una cosa está clara: No me hagan elegir entre un tipo y mis amigas porque ya sabemos quien gana. Las chicas lesbianas odiaban mi pasado hétero porque cómo, CÓMO me pude meter con un tipo, si son horribles, si-el-pene-es-asqueroso, yo respondo: Si, la mayoría son horribles, pero no todos, el problema es mío que me han gustado mayormente gilipollas (amo este españolísimo), no de ellos.

Lamentablemente escuché a muchos héteros, lesbianas y gays decir: “Natalia decídete”, como si decidir sobre las emociones fuera una obligación, yo juro que traté de hacerlo, traté de ir por un solo camino, pero no, sori, fue imposible.

A la complicada ecuación anterior le agregamos otro factor: No sólo me gustan los hombres y las mujeres, la verdad es que me gustan las personas, no me importa cuál sea su identidad o su género, me da igual si tienen pene, vagina, ambos o ninguno. Alguna vez fui criticada por decir que me gustaban las personas porque sonaba a “me puedo meter con quien sea y no tengo un límite” (en chileno, todas las micros me sirven), y eso era malo, pero si lo pienso bien, es así, no tengo un límite y no me importa.

Me gustan las personas, me gustan sus mentes, sus almas y sus corazones, me gusta saber qué es lo que piensan, lo que sienten y cuánto son capaces de amar y de entregar. Me cautiva la sencillez de una sonrisa, una mirada coqueta, un gesto amable, una buena conversación y una conexión especial. El envase en el que venga no es tema para mi.

Encasillar las emociones es una forma de ponerles un límite y eso no me parece bien, deberíamos abrir un poco más la mente y entender que el amor debe ser libre, debe ser de la forma que se quiera, lo único que importa es ser capaces de amar sin miedo, de entregar y recibir para que nuestro pecho se sienta cada día más rebosante, para ser más felices.

Si algún día tengo un hijo o una hija, quiero enseñarle eso, quiero que sienta orgullo por que ama, que se entregue, que no tema, que siempre ame y siga haciéndolo, sin importar nada más.

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