La hija de.
Soy Natalia, hija de un lector. El lector más veloz que conocí.
Recuerdo mi infancia rodeada de libros, recuerdo mirar los estantes hacia arriba y temer, eran como monstruos que en cualquier momento caerían sobre mi. “Lo peor que te puede pasar es que un librazo te deje tonta, y eso jamás sucederá, los libros nunca dejan tonto a nadie”, decía mi padre.
Mi papá leía 3 libros por semana y a veces más. Cuando dejó de trabajar en la mina se volvió aún más adicto, no podía parar de leer y eso asustaba, o asombraba. Yo no entendía como podía ser tan rápido y entenderlo todo.
No sé a qué edad aprendí a leer, espero que antes de hablar.
Soy hija de un minero, de un ingeniero, de un agricultor, pero soy más hija del tipo que acumula libros en su mesita de noche y no deja que el polvo descanse sobre ellos.
Soy hija de un lector y gracias a ello hoy me considero una escritora o escribidora.
Gracias a mi padre también soy hija de García Márquez, Cortázar, Nothomb, Rulfo, Donoso y tantos más. Gracias a mi padre nunca me cansaré de leer.
Soy hija de quien debe cambiar sus lentes para leer cada año porque su vista se cansa de penetrar las hojas y la tinta y las letras. Soy hija de quien ha llorado con un relato.
Pero no sólo soy hija, también soy nieta. Nieta de un hombre que empastaba el diccionario con papel de regalo y sobre él escribía con plumón rojo, “Tú, mi amigo”, así como otorgándole un título de amor. Sí, a un libro.
En mi casa, el diccionario se llamaba Petete y era un Larousse gigante que pesaba varios kilos, en su portada decía “pequeño Larousse ilustrado”, yo no quería saber cuál era el grande. Pero ahora si lo quiero.
Mi padre me leía cuentos, uno cada noche. Hacía las voces de los personajes y yo los grababa en un cassette, después los escuchaba, cuando él no estaba. Amaba(amo) la voz de mi padre al leer, me reconforta, me baja los decibeles, me deja lonita, esperando caer en los brazos de morfeo.
No espero más de mi, que ser tan lectora como mi padre, espero tener estantes atiborrados y seguir extasiándome con el aroma a libro nuevo, espero seguir emocionándome y tal vez algún día, emocionar a quien me lea a mi.
