Mi orgullo.

Pertenezco a la comunidad GLBTTTIQ desde que nací. En mi mente nunca hubo un problema con eso, ni un cuestionamiento, ni dudas, ni culpas.

Fui criada con la heteronorma que decía que me tenían que gustar los hombres, pero cuando me gustó una mujer por primera vez no dudé en asumirlo y disfrutarlo, recuerdo que ella me dijo que yo le gustaba y se alejó de mi porque eso “era algo malo”, yo no entendía por qué, si para mi era algo normal.

Nunca tuve que “asumirme” porque yo siempre estuve asumida, o porque no tenía nada que asumir, yo era así y punto, el problema vino cuando tuve que exteriorizarlo, cuando se lo dije a mis padres y no lo entendieron ni aceptaron, cuando tuve que esconderlo y negarlo, cuando me di cuenta que pertenecía a una minoría sin derechos que estaba en la penumbra.

Entendí que tenía mucho que perder, que podían despedirme de un trabajo y que incluso mi vida corría peligro por ser quien era, por amar a quien amaba, pero no me importó, me involucré, me hice parte de la comunidad, un lugar donde recibí apoyo, cariño, fuerza y buenos amigos.

Me dolió cuando entendí que en el círculo de la diversidad sexual también hay discriminación, cuando después de varios años de “lesbianismo” sentí que los hombres seguían gustándome, que no era blanco o negro. Fui acusada de traidora, de poco consecuente. Me alejé de ellos.

Con mis parejas el tema no fue más fácil, los hombres siempre lo veían como algo atractivo, siempre con la estúpida fantasía del trio y al mismo tiempo sentían miedo porque “mi campo de parejas es más amplio” y “porque no podían competir”, muchos se sintieron inseguros, avergonzados y hasta molestos. Me sentí atormentada, temerosa de mi misma, traté de aplacarlo y tirarlo bajo la alfombra. Algunas chicas me consideraron un problema, porque “las bisexuales son un cacho”.

Creo que pasó mucho tiempo hasta que logré entender quien yo era y qué es lo que sentía, cuáles eran y son mis afectos. Como lo he escrito antes: no tengo un límite, el cuerpo, el género, la identidad, la orientación y todos los conceptos creados por la sociedad no son una limitación para amar y estoy orgullosa de eso. Hoy tengo la fortuna de que a mi lado existan personas que son capaces de amarme tal cual soy y eso me hace feliz.

Muchos no estarán de acuerdo con mi postura y lo lamento, lo lamento porque todos hablamos de lo importante que es el amor pero pocos somos capaces de abrir el corazón sin mirar. ¿Acaso no es eso lo importante? ¿No es eso lo que todos quieren? A veces creo que no, cuando se ve tanto egoísmo, tanta maldad, tanta mente cerrada. No se nota cuando se mata a otro por su forma de amar, no se nota cuando elegimos políticos que no entienden que todos somos iguales y que todos merecemos los mismos derechos, no se entiende cuando hay personas de primera y segunda clase, cuando dentro de la misma comunidad hay violencia y discriminación, cuando una persona sufre por ser quien es.

Como cada año, voy a marchar, y lo haré porque me gusta ver a tantas personas luchando, mostrándose, saliendo a la calle y siendo felices. Marcharemos sin olvidar a todos los que han muerto y todos los que hoy sienten dolor, marcharemos porque podemos ser la inspiración para muchos que temen, para muchos que odian.

Marcharemos porque el amor es lo único que nos queda, lo que importa y lo que siempre debe ganar.

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