Soy Valentina, Nabila y muchas más.

Natalia Figueroa
Jul 10, 2017 · 4 min read

Escribir sobre las veces que he sido agredida o violentada por el machismo me cuesta. Se me hace difícil pensar, recordar y analizar cada una de esas situaciones, algunas muy fuertes y tristes, otras más superficiales y soportables. Si escribo sobre esto es porque estoy cansada de ver cómo todos opinan sobre la violencia de género, cómo la condenan en redes sociales sin hacer nada, sin denunciar, sin detenerla, sin involucrarse, ¿es necesario tener a alguien cercano que sea víctima para ser más conscientes? Parece que sí y por eso hablo de mis vivencias.

  • En mi primer trabajo uno de mis jefes me molestaba, poniéndome en situaciones raras, un día me chupó una oreja diciéndome que “ya no podía aguantarse más” y trató de darme un beso, me invitó a un motel y le dije que no. Renuncié y no dije nada porque me dio vergüenza
  • Un “creativo” de la publicidad me invitó a su casa, yo fui porque él me caía bien y porque recién estaba entrando al mercado laboral y quería algún consejo o idea, (tengo que dar razones para juntarme con alguien?) tomé del vaso de cerveza que él me sirvió y a los minutos empecé a sentirme mal, mareada. Me metí al baño y me caí al suelo porque no me podía el cuerpo, todo me daba vueltas, salí cuando creí sentirme mejor y él se mostró preocupado, me dijo que me sentara un rato y descansara. Me fui a negro y cuando desperté, él me estaba subiendo la camiseta, reaccioné no sé cómo, tomé mis cosas y salí corriendo, tomé un taxi a mi casa y cuando llegué me desmayé. Nunca dije nada porque sentía que era mi culpa, después de todo, si iba a su casa seguro era porque yo quería algo más, no?
  • En una agencia tenía un compañero que siempre hablaba mal de las mujeres, decía que mis ideas eran una mierda y que mejor trabajara de parvularia o secretaria, que las mujeres sólo servíamos para esas cosas. Siempre me interrumpía al hablar, borraba mis apuntes y notas, me hacía callar. Se lo dije a mi jefe y sólo me respondió que él era así que había que entenderlo.
  • Trabajé en una agencia donde un compañero que rechacé, se encargó de hablar de mi de la peor forma, siempre a mis espaldas, en modo “comentario entre hombres”, inventando cosas. Escribía sobre mi en facebook y todo el resto de compañeros de trabajo lo leían y opinaban. Yo era una calienta sopas, yo le movía el culo a mi jefe, seguro así iba a ascender, yo quería obtener cosas de los hombres. Se refería a mi como “el vegetal” y “maraca”, lo supe y hablé con mis jefes, quienes me aconsejaron que no le diera importancia, que “para qué iba a agrandar el cahuín”, “que eso sólo justificaba más lo que él hacía porque yo demostraba que me afectaba”. Sé que ellos no lo hicieron por protegerlo o por mala onda, pero yo no entendía porqué no podía defenderme, obviamente eso me afectaba y me dolía. Fui hasta el gerente, quien me dijo que iba a hablar con él, lo hizo y ahí quedó todo, bajo la alfombra. Alguna amonestación? Ninguna, alguna disculpa? Ninguna.
  • En esa misma agencia tenía un jefe que siempre me tiraba palos y decía que si dejaba de usar minifalda me iba a echar. En ese lugar una vez me pidieron que fuera con falda corta y ajustada a entregar una licitación. Tal vez en ese momento fue como un chiste, tal vez en ese momento comentí el error de sentir que así podían considerarme, pero si miro hacia atrás me siento basura, me siento ignorada y absolutamente menospreciada. Mi inseguridad, mi falta de confianza, mi deseo de crecer me jugaron en contra.
  • No dejaré de mencionar todas las otras cientos de veces que he recibido comentarios en la calle por mi aspecto, porque mis tatuajes, mi pelo y mi amor por la minifalda son blanco para el acoso, las críticas y los insultos en todos los escenarios existentes (muchos en lo laboral). Me han tocado el culo y han tratado de manosearme muchas veces en la calle, me han dicho las cosas más asquerosas e irreproducibles, me han hecho sentir sucia, fea e infinitamente insegura. Me he cuestionado a mí misma, he cambiado y me “he tapado” para protegerme, nada ha servido, sólo (lamentablemente y parcialmente) cambiar de país.
  • He tenido parejas que me han agredido física y sicológicamente. Han dejado marcas en mi cuerpo y en mi alma, he sido amenazada y he escuchado un “ojalá te mueras” y “voy a matarte” que me dio miedo. Siento vergüenza al asumir que pude aguantar tanto, que no salí de esas relaciones o que me metí con “ese tipo de hombres” más de una vez. Ahora son heridas cicatrizadas y tatuadas con un gran LIBERTAD encima.
  • Hacer poledance también atenta contra mi, “por qué no te haces un bailecito”, “cuánto cobras” o “eso no es ser deportista, es ser striper” son sólo algunos de las opiniones, videos y fotos haciendo pole, con poca ropa? Eres una zorra, ándate al Passapoga.

Soy una persona alegre, soy una chica muy coqueta y (creo) soy simpática, me gustan las relaciones cercanas y de piel, me gusta la confianza y la buena onda pero todas esas características juegan en mi contra. Puta, zorra, maraca, escaladora, calienta sopa, interesada y otros calificativos he recibido. Si yo fuese hombre, sería un campeón.

Me duele escribir sobre esto porque son situaciones que desgarran, que afectan aunque uno ponga la cara y diga que no importa y porque no son las únicas que he vivido. Sólo quiero decir que finalmente estas malas experiencias me han fortalecido, me han enrabiado y me han quitado ese velo-constructo social que nos acostumbra a normalizar la violencia. Y si lo expongo es porque alzar la voz o empuñar el lápiz permite que el resto lo vea más de cerca y se cuestione, comenzando la gran partida hacia un cambio.

Natalia Figueroa

Written by

Feminista, animalista, redactora, ciclista, sobreviviente.

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