Tengo miedo de volver.

Me da miedo regresar a Chile después de bastante tiempo viviendo fuera, tengo razones muy personales, políticas y otras más sociales. Tengo razones tan superficiales como, que hará mucho frío y no me gusta, porque encuentro que Santiago está tan contaminado que mi rutina de salir a correr, cesará. También me da miedo llegar y darme en la cabeza con un muro de apatía y descontento (aunque esto último es el comienzo del cambio).

Tengo miedo de volver y ver cómo todo está igual, que la gente sigue yendo apretada en el metro, que el tipo del auto moja a los peatones en los días de lluvia, que salir en bicicleta es casi una acción temeraria porque no hay respeto, porque todos caminan hacia adelante sin mirar a los demás, porque no hay esto que veo aquí (y me encanta) que es la comunidad.

Me asusta asumir que voy a encontrarme con un Santiago enfermo de caro, donde la gente está endeudada hasta las patas y donde hay tanta, pero tanta desigualdad y clasismo.

Me da miedo volver a un lugar donde la apariencia importa, porque si hay algo que amo de vivir en Barcelona es que a nadie le importa cómo vistes, dónde trabajas, qué estudias, dónde estudias, en qué barrio vives o con quién te acuestas. Aquí ves al policía con piercings, la chofera del bus con el pelo verde, una enfermera con tatuajes y no pasa nada, todos conviven de lo más bien. En un café o bar te encuentras al tipo de la construcción desayunando lo mismo que un ejecutivo de traje. Si bien, éste no es el mundo ideal porque también hay problemas, hay un algo en la gente que hace que uno se sienta bien, acogido y jamás observado.

Tengo terror a regresar a un lugar donde me siento insegura, donde no puedo usar la ropa que quiero porque me arriesgo a ser agredida o acosada. Donde no puedo caminar a las 5 de la mañana por la calle, porque sé que algo puede sucederme, y en ese caso lo mejor sería un asalto. No quiero volver a un sitio donde mi cuerpo no me pertenece, donde no puedo abortar y donde nunca ganaré lo mismo que un hombre por la misma pega, donde las isapres me asaltan sólo por nacer mujer. Donde no hay políticas públicas que me den seguridad.

Me da algo en la guata cuando pienso que tendré que encontrarme con muchos animales abandonados en las calles, viendo como las personas los dejan y como otros los ignoran o los tratan como si fueran cosas. Me duele ver como no hay un regulación y que los animales son sólo bienes de consumo.

Hay tanto que me atormenta, hay tanto que no quiero enfrentar, ¿será cobardía o la costumbre a la hermosa Barcelona?

A pesar de todo lo que siento ahora, el miedo de volver, es algo que debo enfrentar y lo hago por una razón: el amor. Regreso por amor a la gente que es parte de mi vida y porque creo que la única forma de dejar de sentir miedo es enfrentándolo y eso es lo que voy a hacer. Intentar ser parte del cambio, ser parte de la solución. Sin ánimo de creerme superheroína es a lo que voy.

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