El 2014 será siempre Brasil 2014

El balance de un año que acarrea una daga clavada en el pecho.

Junto con los últimos momentos del año, el pan dulce, los espumantes y los turrones, llegan las autoevaluaciones y los análisis de los pasados 365 días. Siempre desde la subjetividad y abordando el enfoque sobre los aspectos que se consideren más relevantes, ese inevitable instante llega y remite al recuerdo más presente. Ya sea en las largas horas recostados mirando el techo o en unos de los pocos segundos de contacto visual tras un brindis con algún pariente, la tendencia a autocuestionarse ante una etapa de cambios está latente.

Diferente sería si se buscara una generalidad a nivel país, porque las variables darían como resultado infinitas conclusiones dentro de los 40 millones que formamos parte. Pero hubo, tal vez, 720 intensos minutos donde el nerviosismo, la catársis, la euforia, el paroxismo y el llanto supieron convivir agarrados de las manos y le dieron un tono distintivo y peculiar al 2014. Sin dudas, en el prólogo del balance, tiene que estar especificado esto.

Porque el mundial de Brasil habrá dejado extensos caminos de sentimientos cruzados. Algunos se quedarán en las risas compartidas mientras veían los partidos; otros tantos guardarán en su mente las aventuras vivenciadas en el país limítrofe, que albergó una fiesta de un mes entero.

Quizás algunos graben como recuerdo el chorro de agua que le cayera a Sabella o el casi suicidio del DT al desestabilizarse de su eje, lamentando un fallido. Tal vez otros se queden con la pelota en el palo contra Suiza en una supuesta aparición divina del Papa Francisco. Capaz, a tantos más, se les escape un lagrimón porque hoy pasarán a la historia y hoy se convertirán en héroes.

Y es probable, también, que estemos los que todavía miramos al techo, recostados durante largas horas, preguntándonos por qué entraron las de Bosnia, Irán y Nigeria y no la que más deseábamos que se guardara en la red del mejor arquero del mundo, como merodeando perdidos en un mundo gobernado por el “¿qué hubiera pasado si…?”. Aquellos quienes nos fastidiemos porque el perfecto Toni Kroos, que siempre hace todo bien, esa vez -justo en la final de un Mundial- hizo una mal y se la dejó picando a Higuaín de frente al arco, pero el Pipa no le apuntó ahí. Los enésimos “¡Por abajo, Palacio!” y Rodrigo eligió tirarla por arriba. También, estaremos los que, enardecidos, rompimos en llanto cuando el 9 hizo el no-gol más gritado del planeta. Cuando, por fin, esa supremacía alemana parecía rendirse a los pies de una nación entera, que festejaba golpeándose el pecho y ratificando que, en las cirscuntancias más engorrosas, el delantero estaba presente con toda su impronta, callando los murmullos que supieron discutirlo en encuentros anteriores. Aunque solo fueron cinco segundos de euforia y descontrol. El resto es historia conocida.

Fuimos millones que compartimos ese dolor; algunos lo fueron superando, otros, acá estamos. Habrá que encontrar la receta para saber dejar atrás esa etapa, que tuvo momentos tan hermosos y tan crueles. A Mascherano festejando en semis con los ojos envueltos en sangre, y a ellos profanando la Copa, como lo muestra la foto (imposible no recordar el amor del Diego cuando la alzaba). El llanto de aquel hincha que vio el país entero esbozando “¡Estamos en la final!” tras el penal de Maxi, y el desconsuelo más recóndito de Messi que afloraba cuando recibía el premio al jugador del partido, ignorando ese galardón.

Se nos va por la ventana el 2014 y se acerca el 2015. Soltar, dicen por ahí. Ya es momento de dejar atrás lo que pasó en este conmovedor, emocionante y despiadado Mundial, porque se nos viene el premio consuelo: la Copa América. Y aunque todavía se siente la presión de la daga en el pecho cuando vemos a la albiceleste en cancha -más aun después del 4–2 vs los verdugos de sueños-, comienza el 11 de junio. Hay tiempo para preparse psicológicamente. Aún restan la mitad de los campeonatos europeos para poder ver a los que integrarán la Selección que dispute la susodicha competición, que, en parte, obrará para sonreir irónicamente cuando le quede picando de frente al arco a Higuaín.

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