Las despedidas son esos dolores dulces
Carta a Omar De Felippe.

Finalmente, te decidiste, Omar. Siguiendo la línea de tus convicciones, decidiste priorizar por primera vez tu persona por sobre el club. Y al igual que siempre, tu profesionalismo fue característico a la hora de actuar. Porque bien podrías haber pregonado en los medios, salir a despotricar en la televisión o en la radio que no te traían refuerzos, que no respetaban tu trabajo. Sin embargo, nada de eso pasó. Te fuiste reticente, discreto, sin generar problemas donde ya sobran. Y por esto, te quiero agradecer.
Decirte gracias también por creer que el objetivo primordial era posible. Sea de la manera que fuese, había que devolver a Independiente al lugar a donde pertenece. Asumiste en el peor momento del club, donde no sólo se encontraba en el Nacional B con toda su gente enardecida y furiosa reclamando la salida del inútil de Javier Cantero, sino que estaba dando lástima, merodeaba en los últimos puestos luego de perder dos y empatar dos en los cuatro primeros partidos y el promedio indicaba que si todo seguía así, el destino sería la Primera B. ¡Vaya momento para asumir! ¿Quién querría tomar riendas en un asunto de tal magnitud? Sin embargo, lo hiciste y con toda tu hombría, demostraste desde el primer momento que poseías las facultades para llevar a cabo el regreso. Seriedad, convicción, cultura de trabajo, formalidad y habilidad verbal. Cambiaste el paradigma de juego con los mismos once que te encontraste cuando arribaste y, sin una pretemporada, dejaste al equipo en zona de ascenso en el final del primer semestre de la parte más lóbrega de la historia del club.
Decirte gracias por no huir cuando los resultados no llegaban y el periodismo te condenaba. “No tengo miedo de lo que digan, eso ya lo tuve en otra etapa de mi vida” alegaste en referencia a tu participación en la guerra de Malvinas -hasta la mismísima FIFA te honorificó por haber participado de ello y destacó tu trabajo-. Y te sumaste a la causa por la que peleó el hincha desde el aquel ominoso 15 de junio de 2013: Obtener la renuncia del presidente. Fue memorable aquella conferencia de prensa, luego de la derrota frente a Crucero del Norte, en la que ávidamente expresaste toda tu ira contenida para con el momento dirigencial que vivía el club. Y ganaste la batalla.
Decirte gracias también porque cuando los resultados continuaban sin ser los esperados y la hinchada no encontraba un mártir al cual apredrear, no te tembló el pulso para realizar los cambios que había que hacer. Es muy difícil encontrar un técnico con la sensatez suficiente para reconocer errores tácticos y lograr que cambie, ya que muchos se encierran en su burbuja de orgullo. Vos no. Vos fuiste el primer técnico que recuerde -capaz me equivoco- que sacó a Montenegro antes del final del partido por cuestiones propias del juego y no físicas. Ni siquiera Gallego, que siempre se jactó de tener el carácter necesario para realizar las modificaciones que favorezcan al equipo, lo hizo.
Y por último, te voy a decir gracias por devolvernos a Primera. Fue tardío, fue en el tercer puesto. No te culpo, al contrario, no sé cuántos hubieran resistido los constantes inconvenientes que afrontó el club. Que dos jugadores violan a una chica, que llueven embargos, que no hay sueldos para pagarle al personal ni a los jugadores ni al cuerpo técnico ni a las inferiores ni a nadie, que el presidente se va y no se va y se va y no se va, qué se yo cuánto más. Fue una época en donde la tapa del diario era todos los días igual: “Crisis en el Rojo”; “Otra mala para Independiente”, etc. Y ante todas esas adversidades, luchaste y obtuviste el premio que te merecías.
Me hubiera encantado verte dirigir al equipo en Primera con todo tu fútbol ofensivo y tu aguerrida personalidad, pero creo que la decisión que tomaste fue la mejor, porque el hincha es desagradecido y olvidadizo en los momentos malos así como memorioso en los buenos. Y con “malos” me refiero a perder tres partidos seguidos, ni que fuera la muerte de nadie. Pero te iban a defenestrar, dejando de lado todo por lo que pasaste. Hoy era la oportunidad perfecta para gratificar tu laburo. No obstante, leí y oí a muy pocos que lo hayan hecho. Quizás porque el hinchismo le restó mérito a la hazaña con eso de que “Es una obligación volver a Primera”, como si fuera hacer una cola, pagar en caja e irte. O quizás porque se comieron el chamuyo de “Independiente va a ascender, es obvio que está comprado el ascenso, boludo”. Que piensen lo que quieran.
Lo cierto es que el camino no fue nada fácil, sin embargo vos lo hiciste posible. Y como no te voy a ver en el Libertadores para aplaudirte por última vez en este ciclo, te escribo esta suerte de carta. Ojalá alguna de las futuras dirigencias te galardone con una nueva oportunidad, Omar, para guardar una imagen heroica, triunfante en la rica historia del Independiente campeón, de aquel Rey de Copas que todo hincha quiere revivir y no de ese Independiente que necesitaba huir de las penumbras de un torneo austero, vacío, lleno de nada. Ojalá vuelvas y lo tengas. Aunque puedo darte una certeza: Esa imagen, en la vitrina de mi memoria, la tenés asegurada.