Hace no tanto, hace unos días, Tomás a sus 40 años se pregunto por su padre mientras se dirigía al café de la avenida cualquiera; en sus recuerdos faltaban recursos, que para ser claros no existieron, no había rostro, no había cuerpo, no había padre en los panoramas desenfocados, en todas las fotografías en que figura con su madre, despeinada, con unas faldas viejas y brazos bronceados como los de los campesinos, sin excepción, se encuentran solos.

Alejado de toda tontería y sin despegar los ojos del periódico sensacionalista, da por sentado que su padre esta muerto o simplemente lo abandono, peguntar a su madre por algo así le parecía tonto, no le llamó en su cumpleaños, no le llamo cuando se casó, no le llamó cuando tuvo su primer hijo, no le llamó cuando le dio un infarto, no le llamó cuando nació su segundo hijo, no le llamó cuando se sintió débil porque su tercer hijo no pudo nacer, no le llamaría ahora.

Porqué Tomás no confía en el azar se lo deja a la deducción así no perdería nada de no encontrar a su padre, vale la pena buscar a su padre si sigue vivo, si su padre en dado caso vivió es por que lo abandono, si su padre sigue vivo es porque vende seguros de vida Tomás también lo es y por su parte sigue viendo vendedores de seguros de hasta 80 años, los abogados mueren de infartos, los contadores de histeria, los medicos también llegan a viejos pero nunca tienen familia a falta de tiempo.

La cuestión se extiende hasta el colectivo, en retrospectiva se sabia arriesgado en sus deducciones pero más allá no se esforzaría, por decoro se anima a sacar su rostro de las dudas para mirar un tanto a sus lados, todos eran abogados, ninguno su padre sabia que era absurdo que estuviera ahi pero era posible, observa su traje que lo hace sentir culpable, si su padre lo viera en ese estado no estaría orgulloso, aunque de que le sirve ese orgullo de un hombre desconocido que actuó tan deleznable, puede actuar sin remordimientos.

En el café de la avenida se juntan los vendedores de seguros antes del inicio de la jornada de trabajo. Detiene el colectivo y se baja inseguro como si hubiese olvidado todo proceso de conducta común, como si caminara por primera vez se acerca y llega a la entrada del café. Se ensarta entre todos, se quería agigantar ante todos, con intenciones de faro se para sobre la punta de sus pies, gira inquieto a lo mejor estaba ahi, a lo mejor no a llegado. Pide un vaso de agua con hielo, alardea, se enoja, tira el agua al suelo alejando a todos, los tontos son espectáculo se acuerda de esto, se arregla la corbata y se detiene. Decide pensar en otro rumbo en el de la ausencia lo mucho que le falto su padre y lo loco que le ha vuelto la oportunidad falsa de verle.

Al siguiente día en la mañana le tocan a la puerta no abre porque sabe como tocan a la puerta los vendedores de seguros.

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