El cambio en democracia

Decía el presidente Obama en su discurso de despedida antes de dejar el cargo: “

Les pido que sigan creyendo en el cambio- no en mi capacidad para lograrlo, sino en la de ustedes. Creo en el cambio porque creo en ustedes”

Costa Rica presenció una serie de cambios en el siglo XX nunca antes vistos. La abolición del ejército, el establecimiento de las garantías sociales y la paz para Centroamérica, cambios sin precedentes a nivel nacional que elevaron al país a una posición preponderante en el ámbito internacional en temas como la paz y el apego al derecho internacional.

Sin embargo, Costa Rica se ha estancado en ese legado del pasado, de nuestro padres y abuelos que construyeron la Costa Rica que tenemos hoy. La Costa Rica de las garantías sociales, del INA, el ICE, del Banco Central de Costa Rica, el hospital de niños y muchas instituciones más de las cuales hoy nos sentimos orgullosos.

El orgullo por los logros pasados es parte fundamental de nuestra historia y de quienes somos hoy, pero no podemos caer en el pensamiento de que la obra está terminada o de que nuestra capacidad para cambiar aquello que no nos gusta es insuficiente.

Pareciera que desde los años 90 vivemos en un constante estado de expectativa hacia un futuro que nunca llega, con 3 administraciones tachadas por el escándalo, desorden y la corrupción, 12 años fueron suficientes para que la credibilidad en la política tradicional se derrumbara y hoy, casi 4 gobiernos de 3 partidos diferentes después, esta credibilidad sigue en el suelo.

Hemos cometido el error de creer que el cambio está solamente en los políticos y nos hemos estancado como ciudadanos en la espera: en la espera de que se acabe la corrupción y la ingobernabilidad, esperamos que el próximo gobierno acabe las presas, la evasión fiscal, la pobreza y la inseguridad. No nos damos cuenta que día a día cada uno de estos factores aumenta, nos seguimos quedando de brazos cruzados y 4 años después repetimos el patrón que parece ser interminable.

Decía también el presidente Obama en su discurso de despedida:

“etiquetamos todo el sistema como corrupto y nos sentamos a culpar los líderes que elegimos sin examinar nuestro propio papel en su elección”.

Sin ninguna duda vivir en una de las democracias más consolidadas del mundo es un privilegio de valor incuantificable. Pero el trabajo de una democracia es interminable, es responsabilidad de cada generación trabajar por una mejor nación, resguardar el legado que nos han dejado quienes vinieron antes, y dejar una democracia un poco más perfecta para aquellos que vendrán después de nosotros.