El tiempo en las costuras: conociendo a Elizabeth Muñoz

Elizabeth Del Carmen Muñoz Moreno (54), es una costurera, oriunda de Cauquenes (VII Región) con más de 30 años de experiencia. Cursó la enseñanza media en un liceo local y luego estudió en el Instituto Comercial “Pitágoras” de la ciudad de Talca, en donde recibió el título de secretaria en su grado técnico, profesión que hasta ahora nunca ha ejercido. Se estableció en Santiago en 1987, en el barrio obrero de Avda. Portales de la comuna de Quinta Normal, debido la falta de oportunidades laborales en su ciudad natal. Madre de dos hijos, Elizabeth (28) y Ricardo (21) Díaz. Abuela de otros dos, Vicente (9) y Gustavo (6), ambos hijos de Elizabeth Díaz. Su vida ha estado marcada por los clásicos traqueteos de las antiquísimas máquinas de coser de la histórica fábrica textil Sailor –ubicada a escasas cuadras de su domicilio– las intensidades propias de la maternidad y la titánica tarea de ser jefa de hogar con un poco más que el sueldo mínimo y la pesada mochila de sobreponerse a graves crisis familiares.

El día de Elizabeth comienza temprano por la mañana. A eso de las siete y treinta se levanta para alistarse y preparar su jornada laboral. Llega caminando, a las nueve de la mañana, y no se retira de su puesto de trabajo sino hasta las 18:30 hrs. En un solo día, Elizabeth le pone el “collarete” (una forma de terminación en la costura de la ropa interior) a más de mil prendas. Así ha sido desde 1988, año en que ingresó a la fábrica.

Luego de instalarse en la capital, a sus 23 años, postuló y quedó seleccionada para trabajar como secretaria en la Cámara de Comercio de Santiago (CCS). No obstante lo anterior, rechazó el trabajo debido a que recibió una oferta laboral más atractiva en términos económicos (su actual trabajo). Como costurera, se le ofreció $15.000 CLP de la época al mes (en la CCS percibiría $8.000 CLP, el sueldo mínimo de aquellos años). No lo pensó dos veces: prefirió ganar más dinero y la comodidad de trabajar en el mismo barrio en que, hasta el día de hoy, reside.

Hasta el día de hoy, Elizabeth sigue trabajando en esta fábrica textil –una de las pocas que sobrevivieron a la importación textil de bajo costo proveniente de Asia, comenta–. Sin embargo, explica que la decisión de rechazar la oportunidad de trabajar en la CCS se debió a “falta de visión” de su parte, ya que “en la Cámara (de Comercio) pude haber optado a otro modo de vida, en haber construido un camino que me permitiera avanzar” puntualiza Elizabeth, en referencia a la imposibilidad de lograr un ascenso en su actual y hasta ahora único trabajo.

En 1990 se casó con quien más tarde sería el padre de sus hijos, Ricardo Díaz Aguilar, quien trabajaba en la misma fábrica como administrativo. Luego de complejos episodios familiares, que desembocaron en la ruptura de su matrimonio en 2014, Elizabeth enfrentó una severa depresión a raíz de la crisis familiar. Católica acérrima desde su infancia, Elizabeth encontró refugio en la Iglesia Carismática de Chile: “Dios habla a tiempo y a destiempo” dice. De esta forma, “sanada espiritualmente”, en sus propias palabras, Elizabeth se reencontró con las fuerzas necesarias para continuar su vida y concentrarse en lo más importante para ella: sus hijos y nietos.

Elizabeth, en sus cincuenta y cuatro años ha luchado incansablemente por sacar adelante su familia, tanto económica como valóricamente. Elizabeth Díaz, su hija mayor, está a punto de recibirse de Técnico en Enfermería Nivel Superior (TENS), mientras que su hijo Ricardo, estudia Recursos Humanos en la Universidad de Santiago de Chile (USACh). “Lo más importante es tener siempre un norte claro. Una no se puede echar a morir a estas alturas. Mis hijos, Dios y mi familia son lo único que valen ahora” finaliza.

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