Se equivocó Andrés Manuel

27 de julio de 2018. Designación de Manuel Bartlett como director general de la CFE. Fuente: http://www.campeche.com.mx/manuel-bartlett-director-cfe-propone-obrador/

No puedo negar lo feliz que me sentí el primero de julio por la noche al enterarme de que López Obrador había ganado la elección presidencial, a pesar de no haber votado por él. No sé qué fue, quizá la sensación de unos genuinos vientos de cambio, la posibilidad de un replanteamiento de la forma en la que hasta hoy se hacen las cosas en el gobierno, o, simplemente, el deseo de creer en un proyecto que pareciera convencido de su capacidad de ejecutar todo lo prometido. Mi entusiasmo era real, y se mezclaba con optimismo y algo de ingenuidad. En esos momentos no me parecía útil buscar al diablo en los detalles, pues prefería mantener cierto nivel de ignorancia a aquello que pudiera perturbar mi ánimo respecto al resultado de la elección. Al más mínimo sentimiento de duda, vertía una carga de confianza que fuera capaz de disiparla.

Por supuesto que siempre pensé que habían asuntos serios que el Proyecto de Nación 2018–2024 de Morena no iba a ser capaz de resolver. Quizás el más grande de ellos el binomio corrupción-impunidad. Recalco que yo no voté por Andrés Manuel, pero quise creer en su proyecto y confié en que iba a ser capaz de resolver las problemáticas que se le presentaran sobre la marcha. La decisión frente a la boleta electoral fue difícil. Al final, un simple instinto me convenció votar por otra alternativa.

Hoy no pienso de la misma forma. Hoy estoy convencido de que las grandes contradicciones al interior de Morena, disfrazadas de un movimiento “amplio, plural e incluyente”, van a convertirse en los problemas y tropiezos del próximo gobierno. Como dice el dicho: no se puede estar bien con Dios y con el diablo. El nombramiento de Manuel Bartlett Díaz como director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) solo confirma que el compromiso en contra de la corrupción es menos fuerte que un compadrazgo, o el pago de algún favor. No hay otra razón por la cual su designación haya procedido. Su trayectoria política es muy larga, pero dista mucho de ser intachable. Conviene recordar uno de los episodios más oscuros del personaje. Este sucedió nada más y nada menos que cuando estuvo al frente de la Secretaría de Gobernación: el fraude electoral de 1988. En su calidad de presidente de la Comisión Federal Electoral, se le señaló como responsable de la famosa caída del sistema (no es claro aún si se cayó, con “y” o se calló, con “ll”), asunto que nunca se esclareció. También ha sido señalado por tres ex policías mexicanos –ahora testigos protegidos en EEUU– como beneficiario del asesinato del agente de la Drug Enforcement Administration (DEA), Enrique Camarena, en 1985. En reiteradas ocasiones el ahora ex senador ha negado las acusaciones, pero ambos casos, al día de hoy, siguen suspendidos en el misterio y la opacidad.

Con el nombramiento de un personaje como Bartlett, López Obrador ha decidido perdonar el mismo acto del que se jacta de haber sido víctima en la contienda por la gubernatura de Tabasco en 1994 y en la elección presidencial de 2006 –el fraude electoral. Ha dado vuelta a la página mandando la clarísima señal de que tener una trayectoria intachable no es cuestión necesaria para ser parte de la Cuarta Transformación. A esto se le añade otro componente: Manuel Bartlett no cuenta con la experiencia para dirigir a la empresa y llevarla a un nuevo nivel de innovación. No tiene experiencia alguna en el sector energético. He leído en diversos medios de opinión que debemos de darle el beneficio de la duda, que es posible que la gente cambie. La idea es simplemente absurda. El futuro director de la CFE tiene 82 años y aunque se dice que nunca es tarde para cambiar, en este caso en particular, tengo mis reservas. Espero que tras esto, si algo ha de caer en la nueva administración, no sea la luz, mejor que caigan las cosas por su propio peso.

Bartlett representa todo aquello que Morena tanto ha condenado. Representa no solo a lo más rancio del viejo PRI, sino también ese estilo turbio de hacer política. En pocas palabras, si tuviera que asignarle un rostro a la Mafia del Poder, sería el de Bartlett. Preocupa también el cálculo que se hizo al interior del partido para determinar que este personaje debería ocupar el cargo. Sabían que el control de daños no iba a ser muy costoso. El hartazgo es tanto que como sociedad optamos por tolerar un atropello de esta magnitud, en vez de cuestionarlo. Si López Obrador lo designa, debe ser lo que más conviene. Después de todo, lo que queremos es la auténtica austeridad republicana permeando en cada recoveco de la estructura gubernamental, ¿que no? A una empresa productiva como lo es la CFE no le vendría mal apretarse el cinturón. No olvidemos la jugosa liquidación (de 1.2 millones de pesos) otorgada a Enrique Ochoa Reza cuando renunció a la dirección de la compañía. Nótese el oxímoron que las palabras resaltadas en negritas en el enunciado anterior representan.

Enrique Ochoa Reza, ex director general de la CFE. Fuente: El Universal

En definitiva, no solo es deseable sino también necesaria la moderación en el uso del presupuesto en todas las dependencias del gobierno, en los tres niveles. Cosa aparte es la ejecución del método que lleva esa intención a la práctica, y es justo allí en donde la estrategia de Morena pareciera flaquear. Que Manuel Bartlett sea la persona adecuada para hacer esto, no lo creo. López Obrador tiene de aquí al primero de diciembre para seguir endulzándonos el oído. Tras sus primeras 24 horas la sociedad va a empezar a exigir con base en hechos, no palabras –como hasta ahora.

Este es un nombramiento que, de entrada –y de salida–, no inspira confianza. Se equivocó Andrés Manuel.