Tengo un jardín de Flores…

Desde el arresto de los sobrinos presidenciales y la emisión de un veredicto por parte de un jurado transcurrieron exactamente un año y ocho días. No hubo retardos procesales, ni audiencias suspendidas sin razón aparente, y mucho menos cambios exagerados en el argumento de la parte acusadora. Varios kilómetros al sur, en Venezuela, un día antes era liberado Rosmit Mantilla, activista político y de derechos LGBTI arrestado durante las protestas del 2014. Durante 2 años y medio Rosmit fue sometido a torturas y a una prisión sólo sustentada en el supuesto testimonio de un “Patriota cooperante”: nunca hubo juicio, las audiencias eran constantemente suspendidas y recientemente se le había negado asistencia médica.

Entre el caso de Rosmit y el de los primos Flores hay varias diferencias: un sistema judicial politizado Vs uno apegado al derecho, un testimonio inventado Vs pruebas videográficas, un delito inexistente Vs uno tipificado en el marco legal estadounidense. Pero más allá de éstas, hay una coincidencia en ambos juicios: el perpetrador de las torturas a Rosmit es el mismo que protegía y apoyaba los actos criminales de los sobrinos de la pareja presidencial.

Y no, no me refiero solamente a Nicolás Maduro; detrás de Franqui Flores y Efraín Campos hay todo un aparato estatal dedicado a las actividades delictivas: producción de estupefacientes, tráfico de influencias, malversación de fondos, protección de criminales, y un largo etcétera. En un país normal, la condena de un familiar directo del Presidente por narcotráfico es argumento suficiente para propiciar la renuncia del mandatario, pero Venezuela no es un país normal, lamentablemente.

Los primos Flores sólo son la punta del iceberg de la industria del narcotráfico que azota Venezuela, debajo le aguardan personajes mucho más importantes en la política nacional y una Fuerza Armada Nacional que desde hace rato controla las rutas del tráfico de drogas en el país y más allá de nuestras fronteras. Pero lo importante a entender es que el narcotráfico es sólo una cara de la moneda de un Estado que se dedica a cosas muchísimo más graves: robar el futuro de una nación, secuestrar a su población, arruinar la capacidad económica de un país y encarcelar individuos como Rosmit bajo delitos inventados basados en testimonios aún menos creíbles.

Esta noticia deja un mensaje claro para los actores políticos en nuestro país:

Para el chavismo: sepan que son vulnerables, su aparato judicial los podrá proteger dentro de nuestras fronteras y negociarán cuotas de impunidad con un eventual gobierno de transición, pero la verdad es que afuera hay una justicia que los perseguirá por los delitos cometidos.

Para la “oposición”: esta es la gente con la que se sentaron a negociar, y deberán aprender a lidiar con las suspicacias que levantan en sus seguidores esa movida política.

Rosmit y los Flores tienen muchas diferencias entre sí, pero al final compartirán el mismo desenlace: tarde o temprano recibirán su cuota de justicia.