Kintsugi: El Arte de Celebrar las Cicatrices

“person taking picture inside the library” by Adolfo Félix on Unsplash

“Un libro alegre sobre depresión”. Así se auto denominaba en su portada.

Ese juego de palabras antagónicas capturó mi atención. El libro estaba situado en la sección de recomendaciones del personal de la librería. Además, ese año venía saliendo de una serie de eventos emocionales difíciles. Lo compré, y empecé a leerlo inmediatamente. Al fin y al cabo, la lectura debería contestar nuestras preguntas más profundas.

El libro resultó ser más cercano a una autobiografía, que un viaje introspectivo, que honestamente era lo que yo esperaba. Si bien la autora presentaba algunos consejos puntuales y alcanzables, no dejaban de ser insípidos y predecibles: “No deje que la depresión le impida disfrutar la vida”.

En otro pasaje, la autora revela como le fue beneficioso auto exiliarse en su casa de campo en las praderas de Gales por varios días, mientras su esposo generosamente se hacía cargo de su familia y de los quehaceres mundanos. ¡Suena maravilloso! Sin embargo, no todos podemos darnos el lujo de desaparecer a un retiro espiritual. No todos queremos hacerlo. Combatir los trastornos emocionales requieren un montón de pequeñas batallas diarias.

“Imposible de dejar de leer” decía una reseña en la contraportada. Yo por otra parte, estuve a punto de renunciar a terminarlo. Pero no lo hice. Me alegra no haberlo hecho.

Los últimos dos párrafos del libro valieron la pena. Ese era el tipo de reflexión que me eludió en las anteriores 240 páginas. La recompensa a mi persistencia.

Mi exhibición favorita del Museo Nacional […] es un plato japonés que evidentemente ha sido roto y reparado. Como parte de la ceremonia de té, solían dejar caer platos a propósito, con la intención de reconstruirlos y restaurarlos de forma que quedaran más hermosos que el original.
Usada apropiadamente, la depresión es una ruptura que puede llevar a una mejor curación.

“broken blue ceramic plate” by chuttersnap on Unsplash

La autora no lo menciona, pero esta práctica se llama Kintsugi. Los objetos son restaurados con una mezcla espolvoreada con oro o plata.

Kintsugi es parte de una filosofía que busca apreciar la historia y la transformación de un objeto a través del tiempo. Las fracturas no deben ser ignoradas o escondidas, deben ser celebradas.

¿No es esto un concepto extraordinariamente poderoso?

Celebrar nuestras cicatrices y fracturas. Lucirlas con orgullo. Respetar el proceso reconstructivo. Entender que el resultado restaurado será más hermoso que el original.

Me alegra no haber dejado de leer.