Estrella fugaz

Era una noche oscura, yo contemplaba el esplendor del cielo estrellado, por primera vez podía ver la vía láctea como se ve en los libros de astronomía, me acompañaba el ruido de un denso bosque y pensaba lo diminuto que somos ante la inmensidad del universo. Yo disfrutaba mirando hacia arriba y vivía por un pequeño instante un momento perfecto que me regaló la vida. En mi cabeza pensaba la idea de que aquel momento no podía ser mejor y a ese imponente cielo, se le sumó el brillo de una estrella fugaz. Se dice que si tienes la fortuna de ver el paso de una estrella fugaz, debes pedir un deseo. Yo pedí volver a experimentar esa sensación de paz total que me llenaba de felicidad en algún otro punto de mi vida.

Hoy sigo recordando esa postal, que de alguna forma representa un punto de inflexión en mi vida.

Unos meses después, mi abuela es internada en un hospital. Su estado de salud era delicado. Mi familia estaba más unida que nunca, todos al pendiente de los cuidados que requería mi abuela. En el mismo piso, mi prima Karenni estaba dando a luz a Santiago, el integrante más joven de la familia. Mi abuela se mostraba contenta y demostraba su felicidad por ver nacer al cuarto de sus bisnietos, apenas nacía y Santiago ya era amado por aquella mujer vanidosa de ojos verdes y piel arrugada. Mi abuela de algún lado tomaba fuerza y gastaba la poca energía que le sobraba de aquella difícil batalla que luchaba en contra de su enfermedad para agradecer a todos los que la acompañábamos, sonreír como una niña, mandar besos e incluso jugar damas chinas con sus queridos nietos.

Un día me llamó al cuarto mi abuela, le acompañaba mi mamá y le pide que nos deje platicar a solas, mi mamá accede y abandona la calurosa habitación que por alguna razón mi abuela sentía fría. Lo que sucedió a continuación fue la despedida de parte de mi abuela conmigo. ¿Qué haces cuando esperas la muerte de alguien que te amó desde que naciste y hasta los últimos días de su vida? Yo la abracé y en cuanto puse un pie fuera de la recámara, rompí en llanto. Mis lágrimas no paraban.

A los pocos días falleció mi abuela.

El funeral lo viví en silencio, yo observaba lo que pasaba con atención. El duelo lo vivíamos tranquilos, sabiendo que la vida de mi abuela había estado llena de amor y pudo despedirse de sus seres queridos.

Mi deseo se cumplió, vivía de nuevo un momento perfecto y sentía toda esa paz que había deseado volver a sentir. Tenía frente a mis ojos un cielo estrellado iluminado por cada una de sus estrellas que son los miembros de mi familia; y en esa postal que parece ser inmejorable, irradia un brillo especial gracias a mi abuela, su estrella fugaz, mi estrella fugaz.

Ricardo Jiménez Gómez

Written by

Dromomaníaco, apasionado del rugby.