Al son de su propio corazón

En una ciudad donde siempre se vive a paso rápido siempre resulta sorprendente encontrarse con personas serenas, que se mueven a su propio ritmo , al compartir unos minutos con ellas, desaceleran las propias preocupaciones para que te tomes un momento y escuches su mensaje. Ese efecto y atractivo lo tiene Patricia Vlieg, cantante, compositora, arreglista, guitarrista y pianista panameña que a dedicado su carrera al fusionar los ritmos latinoamericanos con el jazz y la música clásica.

De la talla artística de Patricia no cabe duda, desde 2003 ha producido cinco álbumes y colaborado con artistas y productores de gran talante como Lilian Sabá en A Una Cantora (2011) y con Popi Spatocco para Cabanga (2015). Pero sus colaboraciones van más allá de las disciplinas y las generaciones; como lo demuestran los videos que acompañan a Cabanga, producidos por Cine Animal y que nos llevan en viajes audiovisuales encantadores, mientras dan vida y color a la voz de la cantante.

Cuando Patricia nos recibe en su apartamento de El Carmen, sabemos que la próxima hora rebozará de buena conversación y será un espacio especial para conocer más de cerca la historia y pasiones de una de las voces más importantes en la escena panameña actual. En su sala, acompañados de una taza de té y de su productora Vilma Esquivel, empezamos a conversar más a fondo sobre su carrera, su visón del mundo y lo que ve sucediendo en la vida artística.

¿Cómo te involucraste con la música?

“¿Sabes? Es una pregunta que me costaba mucho, pero con el pasar del tiempo ya no tanto. La música fue un proceso en mi vida y que empezó casi sin darme cuenta, porque ha estado ahí desde muy joven. Empecé a estudiar órgano a los seis años, como una idea de mis padres, pero creo que ellos tenían un propósito. Buscaban un espacio de creatividad para mí, siendo la mayor de dos y con una característica particular, no vidente. O sea que para ellos fue una experiencia nueva y se enfocaron en buscar opciones para mí. Fue una aventura para ellos este camino con nosotras y bueno, también estaban en una fase de descubrimiento. La música siempre me generó un particular interés siendo una persona muy auditiva. Desde muy niña la música formó parte de mi casa, tuve muchas influencias. Mi abuela mexicana solía traer discos de tríos, mariachis, crecimos escuchando a Francisco Gavilando Soler, de Cri Cri; mi mamá que estudió en Chile, nos ponían a oír una compilación de música chilena que empezaba con El Cigarrito de Víctor Jara, los Cuatro Cuartos, las Cuatro Brujas, conocí la voz de Isabel Parra cantando música de Violeta; y mi papá, no se queda atrás, escuchaba música peruana, disfrutaba el jazz, salsa, música caribeña hasta calipso, lo que nos acercó a diferentes géneros.

Después de empezar a estudiar órgano, hubo una relación con la música clásica, seguido por el canto, piano -con método Suzuki-, para mejorar la parte técnica. Cantábamos en el coro de la iglesia, en actividades escolares y en mi casa, por ejemplo llegaba una visita y nosotras prácticamente amenizábamos la reunión. Nosotras estábamos un poco reticentes a que tocaran el timbre porque ya sabíamos que venía la hora de hacer música, te alegrabas cuando era alguien de la familia, “ah bueno este ya me conoce, así que no hay problema”, en realidad creo que no era particularmente tímida para hacer música, era un lugar que me gustaba, me sentía cómoda y lo tomé con mucha responsabilidad, no había esta cosa de dejar la canción a la mitad, “no, esa no me la sé”, “hoy no tengo ganas de hacerlo”. No te sé decir como todo eso se fue ordenando en el corazón pero son cosas que van pasando en el contexto de vida y de familia.”

¿Cuándo decides tomarla como una carrera profesional?

“Decidí empezar a estudiar armonías y teoría musical en la Escuela Contemporánea de Música aquí en Panamá, y en lo que me preparaba mandé mis papeles a distintas universidades. Obtuve una beca para a Berklee College of Music y otra para Miami University, y me quedé con la primera. Lo demás es historia.

Ahora, para mí siempre la música ha sido como ir sintiendo el próximo paso, ¿no?, no es como que hay un día que tu dices: “Bueno ya, música. Ahora, sí creo que después de hacer todo el proceso universitario, de estar más clara en el corazón en que esto es lo que quiero hacer y entender cual es el propósito profundo de lo que yo hago como cantora, como comunicadora, como ser humano que se siente artista también, en el sentido de que eso es un compromiso y con todo lo que eso me nutre a mi personalmente el corazón y pienso que nutre a otra gente, ¡bueno cada quien tiene su parcela que cultivar y esta es la mía! O sea, yo ahora te puede decir yo elegí la música como camino y esto no lo cambio. ¿Cuándo pasó, cuándo se me reveló eso? Yo creo que ha sido una cuestión de irlo haciendo.”

La variedad y amplitud de influencias en la carrera musical de Patricia son realmente impresionantes, no solo la música latinoamericana le ha tocado, también conoce con profundidad la música clásica, incluso compartimos nuestras impresiones sobre las sinfonías de Gustav Mahler, sus expectativas por escuchar a Esperanza Spalding en vivo durante el pasado Panamá Jazz Festival. Patricia comparte un poco sobre su proceso de investigación permanente y los últimos artistas que ha estado escuchando; llevándonos la conversación inevitablemente al tema que le ha dado vida a Cabanga y el trabajo artístico en estos últimos años: Panamá.

Panamá ha sido un tema recurrente en tu producción musical, ¿cómo inicia esa relación creativa con el país?

“En Berklee hay un festival que llaman International Folk Festival, donde los estudiantes presentan ensambles y arman cada uno una propuesta de música de su país; entonces yo armé un ensamble e hice un tema, una composición de una tamborera. Ese año Panamá salió seleccionado e hicimos un tambor tradicional pero ya armonizado y arreglado; ¿sabes? eran espacios donde uno ya iba experimentando cómo tocar nuestra música en un contexto de músicos que quizás no conocían los ritmos. Me tocó musicalizar un poema de Gaspar Octavio Hernández que de hecho está en este disco (Cabanga) que se llama Alma Patria, un fragmento del poema que ya había hecho antes de ir a Berklee para un primer concierto que hice y allá, preparando también otro demo así en contextos de recitales y conciertos, pues lo fuimos armando con músicos; en muchas presentaciones siempre había como el espacio para la música panameña.”

¿Qué te llevó a tomar la decisión de volver al país?

“Mi regreso a Panamá fue más por un tema personal. No tenía una panorama definido en Estados Unidos, había terminado mis estudios y tocaba con algunos grupos pero no estaba claro mi rumbo. Se dieron las circunstancias para que regresara, no estaba segura que eso era lo que quería. Pero ya sabes es A o B y fue B. No sabes muy bien porqué pero toca elegir. Así que comencé a vincularme con instituciones, hacer trabajos y comenzaron a surgir diferentes proyectos asociados a la música latinoamericana. En el 2011, después del último concierto que hicimos en homenaje a Mercedes Sosa, donde nos fuimos de gira internacional y la gente comenzaba a pedir música panameña, me conecté con el país. Entender la realidad integral de Panamá también desde mi propia vuelta, entenderme a mí, entender lo que es irme y volver, comprender que a mí también me había sido difícil y creo que Cabanga es una búsqueda de poder contar mi tierra y contar a un Panamá que yo he conocido, que he aprendido a querer y he aprendido a comprender y que creo que quiero que otros lo puedan ver también, creo que es un Panamá que está en construcción, ¿ya?.”

¿Acertaste en tu decisión?

“Si. Y para mí ha sido un descubrimiento. ¿Cómo yo entiendo mi país, como yo tengo derecho a contarlo y otro tiene derecho a contarlo también desde su experiencia? Quizás de músico clásico, de músico que viene del jazz o desde cualquier espacio del arte, pero ese ha sido un viaje de ida y vuelta para mí; entonces por eso lo que yo cuento de Panamá ahora tiene que ver también con mi propia capacidad de haberme sentido muy conectada con el país y haberme sentido quizás un poco extranjera en mi país también, un poco distinta, que la música que yo escuchaba no era la que más se escuchaba. Quizás los panameños que hemos recibido muchas influencias culturales diversas, ese es un tipo de panameñidad también, y desde esa panameñidad yo hago mis búsquedas y mi trabajo, entonces es ¿cómo esto que nosotros hacemos conecta con la raíz?, ¿cómo recuperamos esa raíz?, ¿de qué está hecha, de que material está hecha?, ¿cómo se vincula y cómo nos diferencia?”

¿Esa multiculturidalidad nutre tu obra?

“Esa fue mi búsqueda, tratar de universalizar la música sin perder la raíz. ¿Pero sabes una de las alegrías que me ha dado Cabanga? Es ver que está siendo recibida por esas comunidades, por los músicos que vienen de otras tradiciones, pueden venir del jazz, de la música clásica, o público en general que vienen de otras escuchas o que vienen de otro país y dice ¡wow, este es mi primer contacto con música panameña desde esta propuesta estética!, pero también ha sido muy bien recibida por la gente que ha sorbido el folclor, por ejemplo gente que ha nacido en Provincias Centrales, que ha crecido escuchando tamborito y que de repente te llama y te dice ¡me emocionó tu música, me conectó con una cosa así muy nuestra!

Eso para mí es muy reconfortante, algo que me hace muy feliz y siento que es un honor también para mí, ¡ya cuando los cantores de mejorana te invitan a cantar con ellos!, me tomó un rato atreverme con eso porque yo le tengo mucho respeto y hay sutilezas en la interpretación que no se trata de hacerlo lindo, ¡tienes que tener el acento, tienes que tener la cosa esencial!

Cabanga sigue siendo una sorpresa para mí, en cuanto a quienes lo escuchan y también ha habido una cosa intergeneracional, gente muy joven y yo sí quise que fuera así, lo pensé así. Yo quería que Cabanga fuera un puente entre generaciones, entre culturas, entre gente que viene de diversas experiencias musicales ¡y ha sido eso! ¡Una cosa es quererlo y pensarlo y otra es cuando la gente te lo dice!”

En esta construcción de identidad, la producción artística tiene un rol bastante esencial, así que de forma muy natural la conversación torna hacia las impresiones que Patricia tiene sobre el estado actual de la misma en Panamá; donde todo tipo de géneros musicales encuentran acogida en el público.

¿Qué observas en la escena artística actual en Panamá y hacia dónde la ves dirigiéndose?

“Bueno a mí un músico cubano me dice que su papá le decía: ¡La música es tan grande que todos cabemos en ella!, siempre va a ser más grande con nosotros, cada quien va haciendo su propuesta y creo que hay una escena musical muy diversa, se están haciendo búsquedas importantes, hay un proceso como cuando un pollito está tratando de salir del cascarón, ¡yo siento esa fuerza!, hay un resurgimiento de cosas, un interés de músicos y artistas, gente que está en diferentes disciplinas.

Nosotros acabamos de tener la experiencia de participar en el Hayah, el Festival Internacional de Cine de Panamá con tres videoclips del material videográfico asociado a Cabanga, de hecho recibimos mención honorífica por Historia de Un Amor; entonces eso me permitió ver lo que está pasando dentro del contexto del cine y tener una relación con la música en el contexto de otras disciplinas artísticas. Yo creo que en Panamá están ocurriendo cosas, está habiendo gente también que se está conectando, no solo está trabajando con la visión local, si no buscando referentes importantes internacionales, no tiene nada que ver con el mirar afuera sólo por el mirar afuera, si no mirar afuera realmente para entender como se hacen procesos de referencia para nosotros. En ese camino hay de todo ¿no?, yo siento que no hay que perder el norte, lo que pasando un poco en este proceso es que uno a veces puede perder fuerza y perder brújula y sentir que el trabajo se diluye entre muchas otras cosas o que en el camino para el artista independiente pues hay un trabajo de empuje, de logística, de tratar de estar en la parte creativa y estar resolviendo cosas de tierra muchas veces; entonces eso es desgastante y en la medida en la que se pueda generar más colaboraciones y trabajemos todos con unos parámetros de excelencia, con una conciencia del valor de los tiempos, del valor de nuestras propias entregas y que cada quien cuida su parte.

Los grandes proyectos se logran cuando cada uno de los involucrados es especialista en su rol y tiene conciencia del equipo y tiene conciencia de cada quien tiene una parte importante que lograr, una orquesta para que suena como suenan las grandes orquestas cada músico es también un músico de excelencia.

En la medida en que uno tenga la capacidad de colaborar y tenga la responsabilidad individual de su propio trabajo, como criterios importantes, creo que nuestras entregas musicales y nuestras propuestas van a mejorar también. Ahí tenemos todo un campo de aprendizaje.”

La conversación con Patricia podía haberse alargado muchísimo, como es de esperarse cuando se platica con una mujer espléndida que conoce el mundo y muchos de sus secretos, pero se mantiene humilde y accesible como una querida maestra. Formada en las mejores escuela del continente americano, con una carrera internacional que la ha llevado alrededor del mundo, Patricia se mantiene cercana, cálida, quizás como una decisión personal para reflejar su filosofía artística: hacer de la música un puente que marque paso a paso el camino que el corazón debe seguir.

Artículo publicado originalmente en SML Panamá.