Semana Inglesa: Foto de familia de “Doña Sociedad Civil”

Soy afortunado, vivo en una época y en un país en el que se ha producido un prodigio: Se ha hecho por fin una fotografía de familia de esa entidad abstracta que tantos dolores de cabeza ha dado a los estudiosos de la filosofía política: ¡Doña “Sociedad Civil”!

Para mí es como ver las primeras imágenes de unos corpúsculos de energía tomando café o bailando salsa.

Bueno, ese medio centenar de personas, más o menos, representan lo que podemos llamar “Sociedad Civil” (así con mayúsculas para honrar su relevancia) en México, en 2017. Una maravilla.

No aburriré al lector con una difusa disquisición acerca de las variadas descripciones que el término “sociedad civil” ha suscitado en los estudiosos de la filosofía política, especialmente en los de inclinaciones marxianas (por Carlos Marx) y muy destacadamente en los gramscianos (por Antonio Gramsci, 1891–1937, el pensador italiano comunista, padre putativo del “eurocomunismo”, autor de los “Cuadernos de la cárcel” obra que en mis años universitarios nos recetaron con denuedo, fuese la lectura directa de lo que Gramsci escribió desde su celda o fuese la lectura de alguna de las múltiples exégesis que se escribieron alrededor de su obra). Intentarlo es adentrarse en lo ignoto: la “sociedad civil” es tantas cosas, según uno lea a Hegel o a Marx o a Gramsci en tal o cual etapa de sus “cuadernos”, que termina siendo un ente inasible, con propiedades diversas y hasta contradictorias.

Me quedo con la esquemática dicotomía — que unos califican de gramsciana para gran enfado de otros- entre “sociedad civil” y Estado o “sociedad política”. Y, simplificando, digamos que la sociedad civil es el conjunto de organizaciones e individuos ilustres que amalgama en grandes líneas el pensamiento hegemónico de académicos, periodistas, intelectuales, líderes religiosos, dirigentes empresariales, sindicales, artistas inquietos y demás que interactúa y usualmente se enfrenta en el terreno de la retórica con la “sociedad política” (el Estado y sus satélites, verbigracia: los partidos políticos).

En fin: la sociedad civil no vaya usted a creer que somos usted y yo, nosotros sólo entramos en la categoría de “gente” sin más, personas ordinarias. La sociedad civil, en cambio, es un conjunto de ilustres que dicen representar nuestros más caros anhelos y nuestras más sentidas quejas ante el Estado; no pocas veces son anhelos y quejas que ni siquiera sabíamos que fuesen nuestros, pero eso es lo que hay.

El caso es que la semana pasada se divulgó ampliamente la fotografía de familia — así se llaman esos retratos en que un conjunto de ilustres posa solemne y a veces sonriente ante las cámaras- de un abigarrado conjunto de asociaciones y personalidades englobadas bajo el lema “Vamos por más” (dudo que alguien se haya quemado las neuronas ideando el nombre). El mantra que guía a estos admirables ilustres es la lucha contra el flagelo de la corrupción. Tarea noble y urgente, sin duda.

Sólo queda desearle éxito a doña Sociedad Civil. Vale.

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