El cigarro de las 3 y cuarto.

Ya estaba acostumbrado a salir a fumar a las 3 y cuarto, como si todos los días se detuvieran a esa hora para que yo me trague todo el humo como aliento de salvación.

La doña de la paletera siempre me guarda mi “Rojo y mi menta e’ gualdia” como una madre que le guarda la merienda a sus hijos. El semáforo de la Delgado con independencia cambia exactamente 3 veces mientras fumo y la señora que reparte tratados ya no trata de que me convierta y crea en el evangelio, ella aceptó como yo, que morir a diario se había vuelto mi religión y que estas bocanadas de salvación me bastaban para creer.

#Unlunatico