Querido hermano

Hace tiempo que no se de ti, que no te pregunto qué tal te va. Hace tiempo que no me intereso de verdad sobre lo que te preocupa y lo que te te hace feliz.

Hace ya tanto tiempo que, hacerlo ahora puede resultar algo violento, poco natural y lo peor, no verdadero.

Algunos podrían pensar que llegado a este punto lo mejor sería que cada uno continúe su camino y que ya en él nos encontraremos. Pero, ¿realmente es lo que tú y yo queremos? ¿Es esa la decisión final?

Pensando en los motivos que nos trajeron a esta situación, no consigo recordar cuándo empezó esa desconexión. Tampoco nos vamos a engañar, lo nuestro nunca ha sido fácil y una relación ejemplar.

Como todos los hermanos, hemos tenido nuestros momentos buenos y nuestros momentos de enfrentarnos. Al fin y al cabo, es complicado crecer con alguien que tú nos has elegido. Con el paso de los años, cada uno hemos evolucionado en pensamientos e intereses diferentes pero siempre hemos sabido que podríamos contar con el uno y el otro. Eso es una de muchas cosas buenas que tienen los hermanos, que es tanto lo que nos une que es imposible desconectarse por siempre uno del otro.

Puedo entender que ahora no quieras saber sobre mi. Reconozco que te he fallado en el momento en el que más me necesitabas, cuando más desorientado te encontrabas. Yo tenía otras preocupaciones, estaba condicionado por mi propia situación personal y no supe entender lo que me querías decir en ese momento.

Escribiendote ahora empiezo a recordar mejor. Y con el recuerdo, reconozco que lo podría haber hecho mejor. ¿Podré enmendar mi error o será ya demasiado tarde?

Me resulta doloroso la decisión que estás tomando, desvincularte de lo que nos une, de nuestra creación, de nuestras vivencias, de nuestros momentos buenos y menos buenos. Del sentimiento de fortaleza que teníamos esos años donde empezábamos a ir solos a la escuela y sólo nos teníamos el uno al otro.

¿Te has preguntado que te diría tu yo de hace 10 años de la decisión que estás tomando? ¿Y el de dentro de 30 años?


Este hecho me ha llevado a reflexionar sobre los hermanos, sus tipologías y sus relaciones.

a) Hermanos no-elegidos: la condición de hermanamiento puede ser la familia (apellidos), el país (nacionalidad), la escuela/trabajo/vecinos (compañeros de).

Lo que define este grupo es su condición de obligatoriedad, auto-asignada por cuestiones de sangre, lugar y/o momento.

La forma en la que pueden desarrollarse pueden ser: continua o discontinua.

Aquellas relaciones que te aportan valor son las que mantienes activamente (continua), mientras que aquellas que no te suponen de vital importancia en tu enriquecimiento personal no tienen lugar en tu día a día (discontinua).

b) Hermanos sí-elegidos: la condición de hermanamiento puede ser intelectual, espiritual y/o conectado por gustos.

Son este tipo de relaciones las que nos complementan como ser, las que alimentan aspectos fundamentales de nuestro desarrollo personal y que son iguales o más intensas que la del primer tipo por su circunstancia de elección voluntaria.

La forma en la que se incorporan en tu vida pueden ser: continua o puntual.

Existe una ramificación de las relaciones no-elegidas que conecta con las relaciones sí-elegidas. Una ramificación que componen relaciones auténticas, no sólo por ser indefinidas en el tiempo sino porque además son completas en valor.

Es una condición no fácil de darse, por lo que hay que estar abiertos a que sucedan y cuando eso pase, saber valorarlas justamente.


Imagina hermano, lo que queda por descubrir del otro, por seguir haciendo juntos y por disfrutar.

Si piensas en la idea más básica sobre la vida a la que podemos caer, seguramente los dos busquemos pasarla de la forma más positiva y placentera posible.

No puedo imaginarme en ella si estoy desconectado de ti.

Ya sé que tú crees que de esta manera nos irá mejor a cada uno, que nos seguiremos viendo en los mismos grupos de amigos, pero tú sabes que en realidad no es así. Romper la familia llevará mucho tiempo para volver a vernos con el mismo cariño que hasta ahora.

Si te digo la verdad, no estoy enfadado contigo, no te voy a decir que te detengas, no te voy a señalar lo que tienes que hacer. Simplemente, te muestro por primera vez lo que siento por ti.

Hecho en falta habértelo dicho antes, haber hablado más, haber dado un paseo contigo por el campo y que nos hubiésemos dicho estas cosas tranquilamente.

Un error común de los hermanos puede ser a lo mejor ese, dar por hecho que todo está hablado. Y no es así. Las relaciones hay que cuidarlas, alimentarlas de conversaciones y regarlas con emociones.

Si te fijas en la nuestra, hermano, las hojas están muy secas, el tallo debilitado, pero las raíces siguen ahí, esperando a empujar con toda sus energías.

Como decía mamá, los problemas se solucionan hablando, no dejándose de hablar.

Te quiero porque eres mi hermano. Te quiero como eres. Te quiero diferente.

Te quiero elijas estar conmigo o sin mi… pero tú ya sabes lo que me haría feliz. Como ese primer día que fuimos a la escuela, tú y yo solos, agarrados fuerte de la mano.


Nota: es una carta abierta, sin nombres en el destinatario y abierta a cualquier interpretación. Con todo mi cariño a todos mis hermanos.

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