Un país ingobernable, como Italia

Lo he intentado.

Quise que mi primer post del newsletter NO fuese de política.

No lo he podido evitar. Desgraciadamente, tenía que hacerlo. UN ANÁLISIS MÁS DE LAS ELECCIONES. No. No es exactamente un análisis. En primer lugar, ya está todo dicho, y no seré yo quien contradiga a los próceres de esto, a los politólogos de Politikon o a los socios de El Diario.

El dato es incuestionable: victoria pírrica popular, auge de la izquierda (pero no habíamos quedado en que no eran ni de izquierdas ni de derechas (?) ), contención de Ciudadanos, desaparición de UPyD. Hasta ahí, puedes tratar de hacer todos los análisis que quieras, la realidad es tan sucinta como el titular anterior. Otro detalle importante es el hecho de que el bipartidismo todavía no está tan herido de muerte como nos quieren hacer creer los medios de comunicación. PP y PSOE siguen sumando más votos juntos que todos los partidos de todas las formaciones en España. Si no me crees, haz la suma.

De un día para otro, las mayorías absolutas se han convertido en el terror de la democracia. Sobre todo, porque no cuentan con la mayoría del pueblo (?). Un proceso similar al acontecido durante 1936 en forma de frentes populares truchos, que para un Durruti pasarían como socialdemocracia de la que da la mano floja. Estos procesos de convergencia popular han llegado a municipios como el mío, con nombres como Ganemos, Ahora, el cambio y cosas así.

La foto finish de lo sucedido en España es fácilmente resumible, donde no ha ganado el PP lo ha hecho el PSOE, donde no lo ha hecho ni el PSOE ni el PP lo han hecho las Fuerzas de Progreso, mientras que Ciudadanos, quizá afectado por los escándalos en sus listas -el error del que ha huido en un inteligentísimo golpe, Pablo Iglesias- se ha tenido que conformar con un tercer puesto, que posiblemente le perjudique de cara a las Generales.

La formación naranjita ha obtenido una media de uno o dos escaños en gran parte del territorio. Incluida Cataluña. El problema que tiene C`s es sencillamente que no quiere ser asociada en ningún caso al Partido Popular. De ahí que el PP no esté tan confiante. Sabe que espera una legislatura alla italiana; muchas leches, muchos pactos, puñaladas traperas debajo de la mesa e ingobernabilidad en la práctica.

El PSOE, ávida máquina de poder castigada electoralmente desde el zapaterismo, ha encontrado la oportunidad de recuperar la confianza perdida. Pactar con Podemos puede ser la froilanada que le falta a los socialistas para terminar el sainete y ceder su posición hegemónica del centro izquierda a la formación morada. No obstante, han recuperado plazas perdidas en la hecatombe azul del 2011, como la de Monago y la más que probable Castilla La Mancha, entre otras no menos importantes, manteniendo el tipo en Asturias, por ejemplo.

La nota de humor negro la pone la formación de R10. Castigada electoralmente por su ambigüedad, su poco carismática líder, y la ingratitud española hacia aquellos que hacen su trabajo más o menos de forma transparente, el partido ha perdido representación casi en todas las capitales de provincia, por no hablar de la hecatombe en municipios pequeños y medianos. A pesar de todas las acciones judiciales contra la corrupción, parece que a los españoles solo les importa quién habla de la corrupción si lo hace bajo el amparo de la izquierda tradicional.

El Partido Popular aún está tratando de buscar explicaciones a su victoria pírrica. No se les ocurre que igual lo que les ha castigado es la corrupción. Siéntate a hablar con algún votante del PP: está decepcionado, cabreado y sobre todo, desilusionado con ese PP que ganó las elecciones en 1996 prometiendo solucionar los males endémicos de España, contra la corrupción socialista. El votante popular se ha quedado en su casa o ha votado a C`s.

España es un país que en sus 40 largos años de democracia ha votado a diestra y siniestra dependiendo de cómo venían las cosas. Socialismo cuando venían bien dadas, conservadurismo cuando se ponían feas. De ahí se explica que el PP gobernase desde el 96 hasta el 2004, que coincide también con la salida de una larga recesión. Quizá nos gusta sufrir un poco más de lo habitual durante las crisis y petarlo a saco cuando estamos creciendo.

Hay un elemento diferencial bastante sustancial en todo este proceso: España empieza a parecerse en forma a un país pobre. Mientras que la izquierda radical está en proceso de desaparición en media Europa por trasnochada y falta de soluciones innovadoras, nuestro país vuelve a recurrir a las viejas recetas de la ortodoxia izquierdista. Ayudas, subvenciones, nacionalizaciones, subidas de impuestos a las clases más privilegiadas, et al. Solo las regiones más pobres de Europa votan mayoritariamente a la izquierda más radical -entendamos radical como ir a la raíz, por favor, no como ultraizquierda-, véase Grecia, Alemania del Este, Glasgow, etc.

Estas medidas tienen un sentido difícilmente explicable en un mundo que tiende a procesos de concentración en manos de empresas y particulares, y que el mero hecho de que el Estado tenga algo que decir en algunos servicios es visto como antediluviano. No obstante, soy de la opinión de que las recetas son válidas siempre que sean ejecutadas correctamente, cosa que nunca sucede. De ahí que llevemos 100 años de experimentos y que ni el mercado ni el Estado sean capaces de solucionar los males endémicos de la condición humana.

Nuestro país ha votado mucho, pero sigue habiendo un 35% de abstención; gente que o bien no quiere participar de nuestro sistema democrático, o bien que le importan bien poco los designiosdestepaís. Lo que viene ahora es la constatación de si España es capaz de soportar un juego democrático sin mayorías claras, de dejar a un lado la ideología por el bien de sus ciudadanos y progresar a pesar de las diferencias. Lo que Italia lleva intentando hacer desde hace casi 60 años y todavía no le sale.

Bueno, este ha sido mi primer post.

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Nos leemos el próximo lunes ;)

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