Doing the right thing

Se termina el año y hay mucho sobre lo que reflexionar. Ha sido un año para recordar, y en perspectiva, un buen año.

Desde pequeño se me ha educado, como a muches, dentro de un marco de comportamiento en el que antes que preocuparme por mis sentimientos debía preocuparme por los de los demás — y el qué dirán. Este año, 2015, fue el año en el que, cómo me digo a mí mismo, me volví el Slytherin que soy. ¿Qué quiere decir eso?

Acepté mi ambición de ser yo mismo más allá de los que los demás dijeran. Empecé a aceptar quien soy y quien quiero ser, así como a difuminar todas las líneas en las que me habían educado: género, sexo, amistad, amor. A principios de año dejé atrás las concepciones absolutas para empezar a ver los relativos. Pero en lugar de ver gradientes de blanco y negro decidí ver la fluidez dentro de los colores del arco iris. Me he arropado en banderas de naciones y sentimientos que, aunque muches piensen que no nací con ellos, se sienten más míos que los que constan en mi DNI.

He conocido almas de personas y ciudades que nunca imaginé llegaran a tocar tanto la mía. Y si bien este año ha tenido también sus malas épocas, será para siempre en mi recuerdo el comienzo de todo. El año en el que me cansé de armarios y susurros, de sonrisas falsas y de falsas educaciones, de anteponer a los demás en una vida que es sólo mía. Visto el verde como quién viste una manera de vivir. Aquellos que aún creen que soy horrible por ser ambicioso y seguir mis propias reglas, por intentar ser cada día más directo y honesto, por decir adiós cuando es necesario y hola a quienes yo escoja, por escoger mis batallas y dosificar mi energía, y por desaprender y desafiar a mi alrededor cada vez que puedo y quiero… seguid pensando que soy horrible.

Porque sinceramente el único ante el que pienso responder es ante mí mismo.

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