Como si te persiguiera un tigre, pero sin tigre
beatriz sevilla
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B… soy madre de una niña diagnosticada con trastorno de ansiedad. Con 11 años, ansiolíticos. Fue rápido. Tuvimos suerte, nos dijo la siquiatra. Ataques diarios durante un mes con solo 11 años fueron el detonante para que ella, siendo niña, asumiese que necesitaba ayuda. Hoy tiene 16 años y es una chica perfecta, con todo lo que supone eso. Encontró en su psicóloga a una compañera de camino de esto que es la vida. Y hoy, con dos o tres sesiones al mes y nada de medicación ha dominado el problema. Dominado? No, controlado. Porque ahí sigue su trastorno y sus ataques cada vez más distanciados. Dice que cuando vaya a la universidad volverá de vez en cuando con su Vane, esa sicóloga que le ha enseñado a vivir consigo misma y a exigirse un poquito menos. He sido consciente desde hace 5 años que siempre va a estar ahí, pero ahora veo a una adolescente feliz, que antes de perder el conocimiento se sienta, cierra los ojos, controla su respiración, y llorando dice: me he puesto nerviosa, mamá, tráeme agua.

Entiendo cada una de tus palabras. Mucho ánimo.