¡Johnny!¡Acabo de romper aguas!

Resulta fácil imaginar el argumento de esta novela corta, leyendo solamente su frase inicial… El nadador en el mar secreto nos habla de una historia cotidiana, el nacimiento del primer hijo.

Diane acaba de romper aguas y Johnny prepara la furgoneta para ir al hospital. Y a partir de ahí William Kotzwinkle nos cuenta la historia que cualquier pareja vive unas horas antes de dar a luz: el viaje hacia la clínica, las primeras contracciones con sus primeros dolores, el temor.

Y es tras esa primera frase: ¡Acabo de romper aguas!, el momento que el autor elige para marcarnos las pautas de un relato que se intuye demoledor. Es ese frío de la noche, la dificultad de un camino repleto de nieve, o la noticia de que el bebé viene de nalgas lo que nos introduce de sopetón en una historia que poco a poco recrudece… Recrudece sin pausa, sin dejarte tomar aliento, acelerando paulatinamente tu respiración.

Nada en este libro me ha dejado indiferente, quizás debido a que soy madre, talvez por estar bien contado. Y es que en tan solo 90 páginas William Kotzwinkle es capaz de crear un mar de un parto, de hacerte sentir como luchas contra las olas, como te ahogas, mientras el nadador del mar secreto intenta nadar a contracorriente para sobrevivir. Tu corazón se acelera, tu boca se abre en gesto de sorpresa, suspiras, e incluso gimes con dolor…Porque quieres nadar con él, quieres ayudarle; entonces dejas caer un par de lágrimas y respiras hondo, consciente de que debes seguir leyendo, necesitas acompañar a Diane y Johnny hasta el final. Coges aire, y, mirando de reojo el número de página, continúas leyendo, sabiendo que en la página 90 está el final, y tú, necesitas leerlo.

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