El intendente de Limpio y el machismo nuestro de todos los días
Hay cosas tradicionales y cotidianas en Paraguay como tomar tereré o comer chipa. Pero hay algo más tradicional y cotidiano, el machismo. La rapidez con la que nuestra sociedad apunta el dedo acusador hacia mujeres (y niñas) es increíble. Vyrorei fútbol, nuestro deporte nacional es culpar a las mujeres.
Los antecedentes: Salió a luz un video del intendente de Limpio, Ángel Gomez Verlangieri, teniendo relaciones sexuales con una joven en una oficina de la Municipalidad. La joven aparentemente lleva puesta una camiseta con el logotipo municipal, se asume que es una funcionaria municipal.
La reacción al video desnuda nuestro machismo. El contenido y tono de los comentarios en las redes sociales prueban que aún nos falta mucho para desterrar al machismo, o al menos empujarlo a los márgenes.
1.. El acoso sexual y cómo evitarlo (spoiler: no acosando!)
El acoso sexual se da en el contexto en el que el acosador tiene mayor poder o autoridad, y lo usa para su beneficio sexual. Acosa el jefe (quien te puede nombrar, despedir, promover, negar vacaciones, comisionar al fondo del país), acosa el profesor (que te puede aplazar y hacer recursar el año), acosa el juez (quien puede dictar sentencia en tu contra)… Si bien el perpetrador no siempre puede ser un hombre, en general lo es. Los hombres también puedan ser acosados y violados, por mujeres y por otros hombres, pero no hablaré de aquí.
El acoso sexual es una herramienta de quien tiene poder, y el código penal -aún con sus limitaciones- lo deja claro:
“El que con fines sexuales hostigara a otra persona, abusando de la autoridad o influencia que le confieren sus funciones será castigado…” (Art. 133)
Nuestra legislación no es ideal, no debería hacer falta que haya hostigamiento: ¿Qué califica de hostigamiento? ¿Cuántos mensajes te tiene que enviar? ¿Cuántas llamadas perdidas por la noche te tiene que dejar? ¿Cuántas veces te tiene que sugerir tener sexo, o directamente pedírtelo para que califique como acoso?
La legislación debe ser clara, como en otros países: Tener sexo con un subordinado es acoso, como es acoso tener sexo con una alumna o con una mujer cuyo juicio uno tiene a cargo. Y esto es aparte de las demás figuras penales que se puedan en una situación de este tipo: coacción sexual (cuando hay fuerza o amenaza a la vida o integridad, art. 128), abuso sexual en niños (si el o la alumna tiene 14 años o menos, art. 135), producción o difusión de imágenes o videos de contenido sexual sin consentimiento (falta legislación para esto) o, en caso de que sea un un funcionario público, cohecho pasivo (art. 300) y prevaricato (art. 305).
La carga de que no sea acoso debe pesar sobre quien tiene poder, no sobre la víctima. Es sencillo: Si uno quiere tener una relación amorosa o sexual con una subalterna o subalterno: uno debe renunciar o pedir el traslado a otro departamento, para que no haya relación de subordinación. Sí, eso implica que el jefe deberá asincerarse sobre su vida sexual y amorosa, no podrá escudarse en su poder para conseguir favores sexuales.
Que nos quede claro, es inaceptable que un intendente tenga una relación sexual o amorosa con una subordinada. Y si lo hace, el dedo acusador debe señalarlo a él y sólo a él.
2.. El abuso nuestro de cada día: El acoso dentro del esquema de abuso de poder
No falta quien culpe a la señorita quien -según las y los machistas- debería haber preferido ser despedida o renunciado antes que dejar que el intendente la toque. Quien diga esto no entiende cómo funciona Paraguay.
El abuso de poder es moneda de cambio en Paraguay. Tenemos una regla que se cumple casi siempre: Quien tiene poder abusa de él y de quienes están sometidos a su autoridad para servirse a sí mismo y sus intereses. Según reportes, Ángel Gómez Verlangieri usaba su poder y autoridad no sólo para favores sexuales:
“Existen antecedentes de que los funcionarios municipales son obligados a realizar afiliaciones para el Partido Liberal como también pegatinas y recorridos en horarios nocturnos para la actual campaña proselitista de Optaciano Gómez Verlangieri [hermano de Ángel], que pretende ser intendente por cuarto periodo.”
Así se maneja el poder en Paraguay. Y puede ser obvio, pero el jefe -quien tiene el poder- casi siempre es un hombre y los favores sexuales no se exigen a cualquiera. En general se espera de las mujeres, en especial si son jóvenes o bonitas. Usar el sexo como moneda de cambio es parte de un sistema machista, pero acá mejor cito a Esther Baruja quien lo explica mejor que yo:
“[I]nfelizmente el acoso sexual de las secretarias, enfermeras, empleadas domésticas, empleadas de negocios y oficinistas en general,es parte de la tradición popular. Tener sexo con alguien importante es una forma de subir escalafones, pero es una forma implantada por el grupo en el poder para distribuir favores abusando de las personas a su mando y que son dependientes económicamente del trabajo que le permite tener. [S]i no existiera este sistema impuesto en que los que se benefician de tener esclavas sexuales a su servicio, o sea diputados y senadores, estas mujeres no tendrían que aceptar este tipo de relaciones a cambio de puestos de trabajo y protección… El abuso sexual de las empleadas del estado se ha institucionalizado, el problema es el sistema en el que nos movemos no las mujeres que acceden a ser abusadas. Porque con consentimiento o no, sólo por ser un superior ya es abuso de poder.”
Ella lo dice mejor que yo. Y Luis Bareiro lo dice en menos de 140 caracteres:


3.. Si no hay violencia no es acoso/abuso/violación
Muchos piensan que no hay acoso, abuso o violación si no hay violencia o forcejeo. Hace falta que a una le estén rompiendo los pantalones, o se le esté forzando el pene en la boca o vagina mientras una grita o empuja al hombre.
Muchos dicen que a la joven del video “no se la ve como que no quiera” o que “se prestó porque le gusta”, comentarios machistas. El abuso se manifiesta con más sutileza, y que la joven sea funcionaria municipal ya hace que sea abuso de poder. En un esquema en el que si decís que no a tener sexo con tu jefe tu puesto laboral o el futuro de tu carrera se ven comprometidos, no hace falta que te pongan un arma en la sien para que sea abuso. El intendente es el administrador general de la municipalidad, tiene poder para decidir quién se va y quién se queda. No importa cuán entusiasta sea la participación de la subordinada en el acto sexual, igual sigue habiendo una clara asimetría de poder. Si tu jefe te pide sexo, más vale que accedas, y mientras lo hacés más vale que no te quejes.
Sin dudas la violencia física o el forcejeo hacen que el abuso sexual sea obvio, pero exigir que haya violencia o llanto para que califiquemos la situación como lo que es -abuso- es machista.
4. ¡Si le acosan, que denuncie! porque vivimos en un país de maravillas
Si te acosan, denunciá. Porque la justicia paraguaya es mundialmente conocida por su efectividad y resolución en los casos de violencia sexual y violencia contra las mujeres. Quien piensa que denunciar el acoso sexual es una salida viable para estas situaciones no entiende el mundo real. Me encantaría que la denuncia fuera un recurso efectivo, y que si si mi jefe me quiere obligar a tener sexo con él el sistema respondiera. Pero no es así.
Los mecanismos de denuncia y persecución de delitos de este tipo son deficientes, eso sin mencionar lo corrupto y machista que es el mismo sistema judicial. Denunciar acoso sexual no es fácil ni sencillo, no hay mecanismos claros ni tampoco garantías de que no haya represalias si la denuncia no prospera. Es tu palabra contra la del que te acosa, y ni tener evidencia tangible te garantiza que no quede en el oparei.
El caso de Gaby Wolscham lo ilustra perfectamente. El juez Guillermo Pereira Saguier tenía a su cargo decidir el caso de régimen de relacionamiento del hijo de Wolscham. Según la evidencia que Wolscham hizo pública, Pereira Saguier la hostigaba con mensajes y propuestas sexuales, le enviaba fotos de su pene erecto, fotos de él en calzoncillos, y prometía ayudarla en el caso en el que él era juez. Con todos los elementos para que se configure el tipo penal, ¿cómo terminó? Pereira Saguier renunció a su cargo para zafar y quedó ahí. Wolscham recibió amenazas por su denuncia, y mucha gente concluyó que ella misma se lo buscó por ser modelo y haber posado desnuda para revistas. Para nuestra sociedad machista si una se quita la ropa para una revista ya está disponible para el goce de quien lo requiera.
Juzgar a las mujeres que no denuncian el acoso es machista, porque les exige cumplir con una formalidad estéril para que no las tachemos de bandidas. Y no exijamos que renuncien si no pueden denunciar ¿Cómo puede ser posible que el precio de ser mujer y no querer ser acosada sea verse forzada a quedar desempleada? Más aún un país en el que es normal que las mujeres afronten el cuidado de los hijos y los ancianos sin mucho apoyo, ellas no pueden darse el lujo de quedarse sin trabajo. Las mujeres no deberían tener que renunciar para que las dejen de acosar, son los hombres quienes deberían deberían dejar de acosar y de abusar del poder para obtener favores sexuales.
Saquemos del banquillo acusador a la joven de este caso, y lidiemos con la corrupción y el machismo. La corrupción que permite que quienes ostentan el poder hagan lo que quieran, y el machismo que deja que las mujeres formen parte del botín del que manda.