La máquina del tiempo


“Queremos democratizar la memoria”: Jorge Baca

El martes 1 de enero de 2008 amane­cimos con la noticia de que por fin se había abierto la capsula del tiempo encontrada en una de las cúpulas de la Catedral Metropolitana. Nunca hubiese sido descubierta de no ser por los traba­jos de remozamiento y mantenimiento que se hicieron al edificio en octubre del año anterior. La cápsula incluía meda­llas religiosas, monedas con la efigie de Carlos IV, un relicario, cruces de palma, grabados de distintos santos y una ora­ción para proteger a la torre de los rayos, entre otros objetos acomodados en una caja de plomo de 15.5 por 8.2 centíme­tros. Estos objetos nos hablan de un lugar y una época en que México no era un país independiente y la religión dominaba grandes aspectos de la vida secular.

Detalle del Kiosko Morisco. Foto: Enrique Arriaga

Pero, ¿por qué hacer cápsulas del tiem­po? José Damián Ortiz de Castro, ar­quitecto, y Tiburcio Cano, maestro can­tero, fueron los firmantes de esa caja de plomo. Sabemos de su existencia en la his­toria sólo gracias a aquella misma caja. En algún momento, a finales del siglo XVIII, dos personas estaban vivas, eran maestras en su arte y restauraron una iglesia.

“Tradicionalmente la memoria histó­rica sólo ha pertenecido a los poderosos” nos cuenta Jorge Baca, activista y veci­no de Santa María la Ribera. “Las perso­nas de a pie sólo somos recordados por una generación, la historia no pretende inmortalizarnos, y al extinguirse nuestra prole, desaparecemos”.

A partir del aniversario 110 del Mu­seo de Geología, ubicado frente a la alameda del Kiosko Morisco, surgió la idea de hacer una cápsula del tiempo que guardara la memoria histórica del barrio. Baca, sin embargo, quiso hacer de éste un ejercicio democrático, y fue así que pidió que ayudaran y se involucraran todos los sectores de la colonia, quedando él sim­plemente como coadyuvador y actuario del proyecto.

“Los objetos que viajarán al futuro (si vemos la cápsula como una máquina) se seleccionaron a través de cuatro mesas con las siguientes vocaciones: la científica, la artística, la política y la comunitaria”. De esta manera las mesas fueron presidi­das por Luis Espinosa, director del Mu­seo de Geología, Antonio Gritón, artista visual, Martín Mercado, subdirector de Artes y Oficios de la Delegación Cuauhté­moc y Ángel Badillo, presidente de la “Asociación Civil Acción y Cultura Santa María”. Después del conversato­rio entre instancias, una quinta mesa con la Plataforma de Investigación Neri Vela, ordenará, clasificará y revisará la viabili­dad física de los objetos a introducirse en la cápsula.

“Todo se ha hecho públicamente y de la manera más democrática posible. La cápsula tiene meses instalada frente a la Casa de Cultura para que los vecinos vean las proporciones y capacidad de con­tenido. Las mesas son abiertas y cualquier persona puede entrar y en momento dado, emitir su opinión. Aún nos falta decidir un par de cosas importantísimas: ¿cuándo exactamente será enterrada y en qué fe­cha exacta? Se ha llegado al acuerdo de que la cápsula estará cerrada por 52 años, ya sea enterrada al pie del kiosko o en una vitrina herméticamente sellada dentro del museo. Los años coinciden con el ciclo calendárico mexica, pero también con los 100 años de la tragedia de Tlatelolco, en la Plaza de las Tres Culturas, importante para la conformación de nuestra identi­dad como país, ciudad y colonia.

Vivimos, como sociedad, un momen­to complicado y a la vez lleno de expec­tativas. Acercarnos a este proyecto es una de las maneras como podemos dejar constancia de nuestro instante histórico, nuestras luchas, éxitos y preocupaciones a las generaciones venideras, para que repitan nuestros éxitos y se alejen de nuestros errores.


Crónica del lugar

Ramón López Velarde

“La colonia de Santa Maria se asemeja a mi lugar de origen extraordinariamente. Por ello, soy su aficionado. Más de una vez me he defendido del ajetreo del centro en su remanso, que quiere ser inculto. Es cierto; no falta una bocina de automóvil, un timbre de tren eléctrico, un foco de claridad de escarcha… Aquí vive tal filósofo; aquí tal novelista; aquí, la viuda y las hijastras de Gutiérrez Nájera; aquí, tal sabio en botánica. Pero domina, al fin, la indocta apariencia de la colonia, su fatalista descuido, su paz soñolienta. Las estrellas se acercan a nuestra cabeza; la salud del aire se bebe; tres señoritas, iguales, toman el fresco en un balcón. Creemos que en el kiosko, va a sonar “Alejandra”, “Fingida”, “Blanca”, “Poeta y campesino”, “Tú bien lo sabes” o cualquiera de esas piezas iniciales, que se desgajan en las plazas de armas de tierra adentro”.


Rivera Ribera es un periódico comunitario de publicación mensual sobre espacio público, empatía ambiental, memoria histórica, economías alternativas, pertenencia, arte y patrimonio. No estamos adscritos ningún partido ni organización civil o religiosa.