Plumas con mucho color
Falta tiempo para comprender la historia de quien es grande, de quien lleno los escenarios con plumas y lentejuelas brillantes que alimentan el aire de brillo con el esplendor de las luces llenas de color.
Por Eduardo Guenante Pozo

Grande, moreno, de voz gruesa, con el corazón tan grande como su talento, el humor en la piel. El fuego alguna vez atacó su peluca dejándola prohibida para la siguiente vez. Consolidado como la madre de todos los talentos, dejando en otros como él, la magia de la noche con olor a cigarro, cerveza y vodka.
Cambio el concepto de la transformación, convirtiéndola en un centro de peregrinación al centro que ya no existe, pero que quienes te amaron antes, entre tanto y tanto, te recuerdan por quien fuiste para todos. Amor en tacones de pies varoniles, compraste guerra y la convertiste en paz.
Fiesta de colores, música desbordada de bits, espejos a los lados, y cuerpos bailando a la espera de tu destellante visión. Mi gato japonés, asomado en la ventada, consigues un amante ficticio para sacarme la sonrisa que no logramos ver.
Plumas y color, perfume y pasión, amigo de todos, padrino de muchos, la mamá padre de quienes buscaban inicio para ser los mejores hoy. Hacer lo que nos gusta por convicción, moral fina de pocos, incitación a recorrer feliz los caminos de la vida.
Arriba la fiesta está que arde, el palabreo vivo, la memoria de historias gatillaste plasmándolas en el inconsciente colectivo. A tu salud, Rosa, que ya sabemos, pues tomando té comprendió que Manuel le habría dado comida al gato, evitando que te fueras otra vez. La pobre del puerto hedionda a puerto, te extraña, y el que tranca la callampa a veces te menciona.
