Pasados presentes

LLegados a este punto, volvamos hacia atrás y recordemos todo lo que alguna vez fue bien. Cuando yo no podía ser sin ti y tú solo eras conmigo.

Recuerdo tus llamadas de madrugada, mientras el mundo descansaba y nosotros de todos ellos. Donde lo único que me desvelaba era el eco de tus palabras y los sueños a voces.

Recuerdo cuando los llantos acababan en risa y la risa en dolor abdominal. Cuando las historias más surrealistas nos llenaban el estómago de felicidad para soñar como niños.

Recuerdo cuando una sola palabra tuya era una risa mía asegurada. Cuando cada lunes era el mejor de los viernes sólo si el viento me susurraba tu nombre al oído. Y cuando los domingos eran el día más productivo de la semana aunque lo único que produjéramos fuera felicidad en un simple banco.

Recuerdo cuando una película nos hacía llorar a lágrima viva o cuando una simple fotografía nos transportaba hasta aquel lugar que tanto nos hacía sentir. Porque por aquel entonces siempre sentíamos de más y eso era algo que nos encantaba.

No te lo voy a negar, hace tiempo que no me paro a recordar todo esto porque quizá es una de las cosas que más me duele. Esa sensación que te recorre todo el cuerpo y te hace ver que todo ha cambiado demasiado y quizá, nunca nada vuelva a ser como antes.