
Recuerdo
Palabra maldita. Tortura divina y añoranza interior. Dolor de corazón, respiración pausada. Cascadas de reflejos, pupilas mojadas y miradas de luces.
Tragas y respiras. La piensas y la odias, la necesitas y la expulsas. Pero con significado anteponiente a lo usual. Sin palabras, sin frases de diccionario. Sin lenguas reales educadas en academias ni mucho menos cultismos superiores a lo que uno tiene.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras y sinceramente tú eres la imagen y estas son mis palabras.
Recuerdo, recuerdo mirarte, observarte y analizarte. Recorrerte con la mirada y perderme en tus costillas. Enredarme en tu cabello y esconderme en él. Recuerdo la luz de la ventana entrando, iluminando tus preciosos ojos bañados en ambar. Tus labios tatuados con mi nombre. Tu manera de mirarme.
Y puede que sea locura, insensatez y surrealismo, pero a día de hoy sigues estando aquí, en casa, en mí. Asiento reservado en el banco del sueño despierto y jardín del deseo. Y te deseo, te pienso y te respiro. Simplemente te quiero.
Te quiero cuando te miro de esa forma que tanto te gusta. Te quiero cuando me necesitas en tus malos momentos. Te quiero cuando te impulsas para ver el mundo desde mis ojos. Te quiero cuando me miras, cuando paras mi mundo con una sonrisa, cuando llevas mis camisas. Te quiero cuando le damos sentido al juego de sabanas, cuando veo tu contorno a contraluz. Te quiero cuando te pienso, cuando te añoro, cuando me tiembla el estómago al escuchar tu nombre.
Mi pensamiento y nuestra historia.
Sin puntos finales, sin nuevos comienzos. Solo sentimientos y sinceridad, con tu forma, mi deseo y mi recuerdo.
