Roberto Dominguez
Aug 10, 2018 · 5 min read

La Emigración (Española) que se pretende olvidar
Por Orestes Martí

La primera edición del libro “Alberdi, el vasco” se produjo en el mes de enero del año 2007, su prólogo fue escrito por Isabel Salud, en aquel entonces Secretaria del Partido Comunista de Euskadi (1). Allí el autor narraba algunos episodios en la vida del singular combatiente internacionalista Luis Alberdi Cendoya y su familia; y no solo lo hacía como homenaje a aquel infatigable luchador, combatiente y guerrillero; también su objetivo estaba dirigido a que el olvido intencionado no lograra cambiar los hechos, alterar la historia, convertir los buenos en malos, hacer que episodios como la emigración forzosa pudiera ser manipulado por las mismas fuerzas políticas que promovieron el golpe de estado contra la República española a través de “los medios” que actúan con mucha mayor eficiencia que los partidos políticos.

Del libro copio: También en ese año y mes, después de la caída de Catalunya, cientos de miles de españoles atraviesan la frontera francesa a través de los Pirineos (hay diversas estimaciones que van desde el millón y medio de personas hasta un poco menos de medio millón; el Informe Vallière, llevado a cabo por petición expresa del Gobierno francés, dado a conocer el 9 de marzo de 1939, brindaba la cifra de 440.000 refugiados, de los cuales 170.000 eran mujeres, niños y ancianos, 220.000 soldados o milicianos, 40.000 inválidos y 10.000 heridos-)

Hoy ha caído en mis manos el artículo Españoles, refugiados e «indeseables».
de
Virginia Mota San Máximo, en el que aborda este tema; les invito a leerlo y a reflexionar sobre la cuestión.

(1) Prólogo

Ya se marchan
leves como acordes de guitarra,
firmes como raíz de guerrilla;
despacio, sin más ruido que su sombra,
sin más verbo que sus actos,
cansados de olvido ajeno,
repletos de memoria herida.
Como un bosque de banderas
van diciendo adiós desde otro siglo
Mikelgorri

Según el filósofo Mate hay dos formas de pasado, una que llega hasta ahora, y otra que desaparece. La primera, la de los vencedores, y de ella se encargan los historiadores. La segunda, la de los vencidos, y de ella se ocupa la memoria.

Para las personas que seguimos estando orgullosas de nuestro pasado de lucha y que mantenemos contra viento y marea los valores de la izquierda, todas las aportaciones que se están haciendo para recuperar nuestra memoria nos llenan de esperanza hacia el futuro.

No se trata de la autocomplacencia de nuestros recuerdos, de la memoria sentimental de lo que pudo haber sido y no fue. Se trata de reivindicar la historia, la verdadera historia de los valores de progreso, de lograr el reconocimiento social y político y de hacer justicia a las víctimas.

Es por esto que libros como Alberdi, el vasco, tienen un gran valor, porque forman parte de la recuperación de nuestra memoria, de nuestra historia. La historia de aquellos hombres y mujeres excepcionales que vivieron una época excepcional, la República, la guerra y la clandestinidad.

Una República que respondió a los anhelos de democracia y de justicia de amplios sectores populares, que llevó a cabo grandes reformas en el terreno social, cultural, económico y laboral.

Reformas que pusieron en peligro los grandes privilegios de los más ricos que no tardaron en empezar a conspirar contra el legítimo gobierno republicano hasta que se levantaron en armas provocando la guerra civil y la larga noche del franquismo.

Alberdi, a quién también le toco vivir esta época dramática, no fue testigo mudo de la misma, sino activo militante contra el fascismo en España primero y contra el nazismo en Francia, después.

A pesar de ser herido de gravedad en Bilbao, siguió combatiendo con su unidad hasta los últimos momentos de la República, acercándonos al valor y determinación de miles de hombres y mujeres que dieron su vida por los ideales de libertad y justicia social.

Años de clandestinidad, de exponerse a ser detenido e ir a la cárcel, de esfuerzos para reorganizar el partido y la lucha en el interior, de tener que vivir exiliado, de cambiar de residencia e incluso de país para seguir la lucha. España, Francia, Polonia, Cuba, son sus cartas de presentación. Este es el legado de un camarada que como muchos miles de hombres y mujeres lucharon incansablemente por un mundo mejor.

La izquierda tenemos una deuda impagable con camaradas como Alberdi, nos corresponde ahora recoger su testigo, porque hoy como ayer, son muchas las razones que demandan de nosotros la misma actitud activa.

En nuestro entorno más inmediato los problemas a los que nos enfrentamos con la falta de un trabajo digno, el individualismo, la carestía de la vida, el consumismo, el “sálvese quien pueda” y un largo etcétera. Y más allá de nuestras fronteras, el hambre, la guerra, la miseria, la explotación y la muerte de millones de seres humanos están a la orden del día.

A aquellos que como Alberdi sentimos pasión por la vida y late la rebeldía en nuestros corazones no podemos quedarnos pasivos, ser convidados de piedra de la historia de la humanidad, no podemos dejar de preguntarnos ¿por qué?, ¿por qué pasan estas cosas?, ¿será el azar?, ¿será un capricho?, o quizás será porque es inevitable.

Sabemos que las cosas no ocurren por casualidad, que tienen una explicación y que debemos esforzarnos por encontrarla, esforzarnos por indagar, por razonar, por pensar y, finalmente, luchar por cambiar esta realidad. Una realidad que no nos gusta y que es fruto de un sistema injusto que favorece a los que mas tienen para quitárselo a los que no tienen nada.

Esfuerzos generosos como los del camarada Alberdi, ejemplos vivos de la determinación humana, nos ayudan a confiar en el éxito de nuestra lucha, a confiar en cambiar el mundo, a confiar en el ser humano. Cuando la memoria se hace presente, camarada Alberdi, se convierte en un instrumento cargado de futuro.

Isabel Salud
Secretaria General Partido Comunista de Euskadi

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