Martí niño.
M. SC. Elsa Vega Jiménez.

Varios son los aspectos fundamentales que, directa o indirectamente, propician la concepción que del mundo se va conformando Martí desde su nacimiento hasta sus vivencias de adolescente, en Cuba, y como joven y adulto en el destierro.

Es el primogénito y único varón de una familia pobre y numerosa formada por seis hermanas, el padre valenciano y la madre canaria.

La niñez de Martí transcurre pródiga en experiencias enriquecedoras que fueron muy bien aprovechadas por aquel niño que desde muy temprano sabía que su ideal máximo era ver a su patria independiente. Y su padre lo intuía. Él no nació para ser espectador sino actor principal para transformar el medio en el teatro de la vida.

Tiene apenas tres años cuando realiza con sus padres un viaje en barco a Tenerife y a la península, en este caso, Valencia y allí permanecen casi dos años.

Regresan a Cuba. Es matrícula de una escuelita de barrio donde los métodos de enseñanza son escolásticos y, por tanto, se utilizan castigos corporales que él sufrió. Comparte su banco con los pobres, como él.

Luego asiste, por relaciones familiares, a los más destacados colegios privados del momento: el colegio “San Anacleto”, de Rafael Sixto Casado, lo tiene como alumno de 1860 a 1865. Aquí aprende ciencias, letras, lenguas modernas y lenguas muertas, pintura, música, traducción, investigación en laboratorios. Gana premios escolares.

La dirección, el claustro, así como los textos, casi todos escritos por su Director, tenían un enfoque de corte patriótico- revolucionario.

Viaja con su padre al lugar donde está destacado como militar y vive, de primera mano, los horrores de la esclavitud. Decide echar su suerte con los pobres de la tierra. También acompaña en calidad de intérprete de inglés a Don Mariano a Honduras Británica (Hoy Belice) en viaje de posible negocio.

En 1865 de nuevo estudia en institución para pobres porque pasa a ser matrícula del Colegio Municipal de varones, dirigido por Rafael María Mendive. El plan de estudio era eminentemente práctico para enseñar a los pobres a ganarse el pan honradamente.

En 1867 a Mendive le es aprobada la solicitud para poner colegio propio y lleva a Martí como matrícula del “San Pablo”. Aquí, como en el “San Anacleto”, se respiran aires culturales -patriótico-independentistas.

Gana premios. Matricula en el Instituto. Con 15 años escribe para periódicos estudiantiles de una tirada donde deja constancia de su ideal independentista.