Roberto Dominguez
Aug 26, 2017 · 6 min read

Perfil del actor y la actriz puertorriqueña Ira parte

Escrito por Anamin Santiago anaminsantiago1@gmail.com

Todavía prevalece en Puerto Rico la visión romántica del artista. Un idealismo tácito establece que tanto las actrices como los actores son seres especiales, que gozan de lo que nuestro dramaturgo decimonónico, Alejandro Tapia y Rivera, reconocía como “Genio…facultad natural o ingénita de crear en el Arte; facultad más o menos pronunciada y en mayor o menor grado en el individuo; pero inherente al Poeta o Artista…indispensable, en las Bellas Artes…” (54) Esta concepción ha atravesado todo el desarrollo de las artes representativas durante el siglo XX hasta el día de hoy. Con excepción del teatro abiertamente obrero de principio del siglo pasado, los equipos de producción, el público, el periodismo cultural y los mismos actores y actrices de nuestra radio, cine, teatro como televisión, conciben al artista lejos de una visión materialista y/o sindical. Incluso la palabra obrera puede resultarle ofensiva a alguna persona.

El análisis científico de las relaciones de producción en las artes representativas puertorriqueñas ha sido escaso e intermitente. En los inicios de la década del 50, se fundó el Gremio de Radio y Prensa, éste era un taller cerrado, representativo de actrices, actores y locutores. Este gremio organizó la huelga contra la emisora radial WKAQ, adquirida por las empresas El Mundo, inc. Se reclamaron salarios más justos y se luchó contra el desplazamiento de talentos locales por extranjeros no domiciliados/as. (Torres Martinó, 143) A raíz de esta huelga prolongada, los artistas fundaron la Asociación Puertorriqueña de Artistas y Técnicos del Espectáculo (APATE), que abarcaba la radio, el teatro, espectáculos en hoteles y la recién inaugurada televisión (1954). Se inició la construcción amplia y sólida de mejores condiciones laborales. (Torres Martinó, 143–148) En un principio, les inspiró la lucha del Partido Nacionalista Puertorriqueño, Movimiento Libertador, comandado por Pedro Albizu Campos y con el correr de los años se cristalizaron lazos con el Movimiento Obrero Unido (MOU) y el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) sembrando una consciencia obrera amplia, impulsada por luchas sindicales ganadas y el apoyo de los sindicatos del país (Claridad, octubre, 1973; Revista Avance-15 de octubre de 1973).

A raíz de la caída del movimiento de masa impulsado por el PSP, a partir de 1975, el mismo fue sustituido por un populismo de corte patriótico no revolucionario (Agosto, Lustro de Gloria), la recién consciencia obrera de las trabajadoras y trabajadores de las artes representativas vinculada a este partido, se fue moviendo inevitablemente hacia la subsistencia individual. Se afianzaron las relaciones de patronazgo como única alternativa y en consecuencia la competencia liberal entre pares.

Un nuevo intento organizativo surgió en 1986 con la fundación del Colegio de Actores de Puerto Rico, cuya ley base, la Ley 134–86, es de carácter sindical, incluso de mayor fuerza que otras, puesto que burla la Ley Taft-Hatley. Esta ley federal viabiliza la expulsión de los trabajadores de la empresa privada que realicen una huelga. Sin embargo, paralela a la fundación de este instrumento de lucha, fueron mermando los espacios laborales de trabajo continuo. Se cerraron los talleres dramáticos de la televisión privada, que pasó a manos extranjeras. Sólo quedó el teatro, cuyas versiones de teatro educativo y de público general, fueron atomizándose a muy pocas funciones por obra teatral producto del alza en el costo de vida y la ausencia de política pública de carácter obrero. Así también la radio y TV del Estado, WIPR, ha tratado de asumir con diferentes estrategias la contratación de nuestras actrices y actores. Aunque vivo, este espacio laboral apenas subsiste.

Marco económico

La crisis económica que vive Puerto Rico no es causada por un mero estancamiento estructural iniciado, según establecen voces oficiales en la actualidad. La crisis estructural, es decir cuando las fuerzas productoras de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, inició cuando en los años 70 el aumento en el costo del petróleo y el acero, el aumento desmedido de la deuda pública estuvo seguido de un alto nivel de inflación. Las ganancias capitalistas aumentaron, pero el consumo de la clase obrera se estancó. Para amortiguar el golpe se afirmó el Estado Benefactor, aumentaron los fondos federales o ¨mantengo¨ y el clientismo gubernamental, es decir plazas de trabajo a base de recompensas partidistas y no por méritos, lo cual no mejoró los servicios pero sí aumentó la deuda pública. Nos alejamos de ser un país productor de riqueza y nos convertimos aún más en dependientes de la economía norteamericana. Se aumentaron las exenciones contributivas a las empresas foráneas, las cuales no aumentaron la riqueza pública ni crearon empleos.

La agricultura prácticamente no existe y el sector manufacturero se caracteriza por su falta de diversificación: una sola categoría industrial (productos químicos y derivados) constituye el 71.3 por ciento del total del ingreso neto interno de este sector. El ingreso neto interno de dicha categoría se subdivide en $1,896.5 millones en pago de nómina y en $27,589.8 millones clasificados como ingresos procedentes de la propiedad (Junta de Planificación, 2010, Ingreso y Producto, tabla 13). En cuanto a propiedad de medios de producción más del 90 por ciento de los activos del sector manufacturero está en manos de capitalistas no residentes. El mismo camino ha estado siguiendo el sector comercial (Cátala, Puerto Rico en el siglo americano).

Impacto en las artes representativas:

Las leyes de cabotaje que rigen el desarrollo económico del país, los fondos federales y las exenciones contributivas a las empresas estadounidenses que conforman la médula del Estado Libre Asociado están insertadas en el desarrollo de la industria de las artes representativas de Puerto Rico. Unos pocos ejemplos convierten esta aparente apreciación en realidad objetiva:

a) Leyes de cabotaje: todo el material importado que se usa para la construcción de escenografías, vestuario y equipo técnico llega al país a través de las navieras autorizadas por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica o marina mercante. Los costos se encarecen porque es la marina más cara, más ineficiente y más vieja del mundo. Además, está apoyada por un movimiento obrero corporativo norteamericano, lejos del sindicalismo internacionalista y democrático, que por motivo de sus cuantiosos convenios cabildea en el Congreso Norteamericano por mantener esta imposición mercantil. Esta ley colonial está en el corazón del diseño teatral y su realización.

b) Puerto Rico no es un país productor: mediante las exenciones contributivas a empresas foráneas, Puerto Rico desarrolló un proyecto de industrialización donde el capital producido no permanece en el país, sino que regresa a los Estados Unidos. En su evolución se abandonó la agricultura y la manufactura. En virtud de este proyecto industrial de capital y ganancia foránea, el teatro, la televisión y el cine en Puerto Rico, que bien podría considerársele parte de la débil manufactura nacional puesto que no constituye un servicio, no se ha desarrollado en una industria del espectáculo autosuficiente. Sólo subsiste a base fondos públicos y federales.

c) Escasez de público: la exención contributiva a empresas foráneas fomentó una televisión extranjera en el país, cuyos protagonistas (animadores, actrices/actores, cantantes) no son los artistas nativos, de tal forma que el público se mueve masivamente a los espectáculos de cantantes extranjeros y películas extranjeras y no hacia el teatro y cine donde trabajen los artistas locales. Por lo tanto, los fondos públicos o federales inyectados a la producción teatral y de cine se cristalizan en apenas 6 funciones por producción teatral o unas pocas películas al año.

Habría que añadir que las pocas leyes proteccionistas que posee la débil producción escénica están sujetas a las leyes del comercio interestatal (Ley 134 del Colegio de Actores de Puerto Rico, Ley 113 del Colegio de Productores de Espectáculos Públicos, Código de Rentas Internas de Puerto Rico de 1994, las leyes de la Corporación de cine, la sección 111 exención de contribución sobre ingresos (para corporaciones sin fines de lucro, incluyendo las teatrales que son actualmente la mayoría, entre unas pocas leyes) Esta síntesis apretada de condiciones objetivas demuestra por lo tanto, que Puerto Rico está insertado en un capitalismo colonial real que derrota cualquier pretensión de demostrar que la debilidad de nuestra ¨industria¨ es tan solo por falta de voluntad.

Tomado del Grupo Google Auto-HERMES

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