Unas cuantas ideas acerca de “Scream”, la serie.

Yo vi Scream en el cine, y me gusto un chingo. En retrospectiva me parece que la idea es genial y se vio terriblemente degenerada hasta el punto en que no se cual es la 4 y cual es una asquerosa versión de Scary Movie.

Cuando eres un mocoso de 13–14 años una película que combine chicas guapas, música alternativa y asesinos seriales (con todo el bloddy gore que un cuchillo pueda traer consigo) suena a una tarde interesante. Ningún varón mayor de 30 años puede negar haber usado al menos un Halloween la mascara de Ghost Face Killer, ni haberle dedicado una a Sidney Prescott (Neve Campbell cuando era toda una carita cumshotera). NADIE.

Hace unos días, a mis 32 años, el santo menú del Netflix me ofrecía como recomendación “Scream” la serie original de Netflix. Puta madre me dije, que has hecho Netflix.

No la he terminado de ver porque simplemente ya no puedo bingewatchear como antes. Pero los primeros 2 capítulos me han dejado pasmado de horror. No por los trucos habituales de asustarte con los sobresaltos de los protagonistas, no por el villano de caracteristicas ambiguas y una nueva mascara (que no esta tan mal). Me ha dejado pasmado de horror como deben de ser las vidas de los prepos hoy en día.

En la sobremesa de la comida después del primer capitulo mi esposa me comentaba que para todos los humanos la Preparatoria es un periodo terrible. Eres un ser humano amorfo, en busqueda de una identidad propia (algunos nunca resuelven ese problema), camuflajeando tus inseguridades y fallas con hipocresia y falsedad. Explorando tu sexualidad mientras experimentas con alcohol y drogas. Good times.

En el piloto de la serie una broma pesada que consiste en grabar a una morra agarrandose a besos a otra morra en un estacionamiento e inmediatamente subirlo al youtube via el poderoso iOS (inserta aqui el numero actual) y hacerlo viral en menos de lo que llegan los morros a sus casas a lavarse los dientes para despues tener sus respectivos sueños humedos termina en un sangriento asesinato no sin la antes obligatoria escena de piel excesiva de una guapa chica que me hace temer que el estupro ya no es lo que solia ser.

De ahi se desenvuelve una trama medio interesante de que si un antiguo asesino que no sabemos si si matamos en el muelle o no (algo muy al estilo se lo que hiciste la década pasada) anda suelto otra vez haciendo de las suyas. Todo mientras se muestra nuestra obsesiva necesidad por compartir todo lo que hacemos en las redes sociales, pegados al pinche iphone (que de seguro solto una buena lana a Netflix) o smartphones todavía mas pinches. Actualizando constantemente nuestros estados, tomando selfies, siendo artistas pinches o escribiendo pendejadas como estas. Todo mundo ahora es blogero.

El terror.

R.