¿Qué estamos haciendo?

Nos hemos dedicado por años a seguir lo que nos dicen que debemos seguir, esa utópica corriente de crecimiento y superación personal, esa idea de ser los mejores para dejar un legado, esa idea de mejorar y cambiar el mundo así sea con un granito de arena que podamos aportar. Muchos hemos crecido pensando en que en algún momento podremos cambiar el mundo y hacerlo un lugar más “habitable”.

Pero ¿qué estamos haciendo?, que estamos comunicando los comunicadores y que estamos vendiendo los marketeros, que estamos investigando los periodistas y que estamos tratando los médicos, estamos acaso aportando algo a la humanidad o simplemente estamos haciendo lo que nos deje más créditos a cada uno, acaso buscamos el bien del mundo o solo buscamos “trascender” para tener nuestro nombre en el museo de la fama o un busto en alguna plaza principal, o tal vez como está de moda, ser un gran influencer en internet.

¿Qué estamos haciendo? Nos hacemos publicistas y comunicadores para vender ¿Qué? Parece que la moral y los fines que en teoría busca cada profesión quedan solo en un viejo estatuto y que lo que se busca hoy son premios, reconocimientos y alabanzas a méritos estúpidos que solo nos ayudan a nosotros, y hacen de este mundo uno más competitivo y absurdamente egoísta.

Ser el mejor ¿En qué? ¿Para qué? ¿Para vivir felices? ¿Para estar conformes con nuestra vida, para ser el orgullo de nuestros padres, para ver feliz a nuestra familia? Objetivos egoístas que nos dicen que están bien, que es lo justo, que primero debemos pensar en nosotros y luego en el resto. Opiniones que no funcionan en un mundo cada vez más opresor y aislado, un mundo en donde grandes mentes de la medicina crean nuevas formas y métodos para poder darle la opción de tener hijos a las mujeres que no pueden, mientras al otro lado del continente, miles de niños mueren de hambre o cientos son asesinados por la violencia que viven. Pero claro, como buscamos ser los mejores para nuestro entorno, lo que pase al otro lado del océano, no nos interesa.

Vemos cientos de reconocimientos a grandes comunicadores, publicistas y marketeros, que se llenan la boca con palabras como inclusión, transformación digital, neuromarketing, engagement, influencia, alcance y más, pero ¿qué están vendiendo? ¿de qué alcance hablan? ¿a que engagement se refieren? A lograr que más personas consuman productos que no necesitan, a influir en la opinión de las personas para leer contenido irrelevante u ocultar las mentiras de grandes marcas y seguir comprando, seguir depredando y seguir jugando a que el mundo está bien y lo más importante es vender, comprar, gastar, y vivir felices aspirando a una vida de lujos. Pero claro, los premios son primeros, ser el mejor en mi profesión con la mayor colección de animales de oro para sentirnos felices y orgullosos.

La inversión publicitaria en el mundo mueve millones de dólares, millones que sirven para otras personas gasten otros millones y solo algunos salgan beneficiados, y otros solo sigan mirando como dos marcas se disputan el primer puesto en ventas, mientras uno se muere de hambre o recibe una bala perdida mientras juega en un parque.

¿Qué estamos haciendo? Nos estamos olvidando que más allá de lo que podemos ver hay un mundo, uno lleno de personas, lleno de sueños y esperanzas. Un mundo lleno de niños que nacen todos los días, pero también mueren porque nosotros somos más felices recibiendo el reconocimiento por lo que hacemos pues nos dijeron que lo más importante es que uno sea feliz.

Estamos ignorando lo que sucede en verdad, vivimos en una burbuja llena de egos, llena de frases absurdas, llena de falsos triunfos y de una felicidad egoísta que terminará por matarnos a todos.

No sé si es momento de hacer algo como siempre se dice, solo sé que ni tu premio, ni tu placa, ni tus miles de diplomas aportan en nada si no piensas en las personas que sufren por lo injusto que resulta este mundo.

Algún día esto acabará, ¿cómo? Aún no lo sabemos.

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