Con golpe de Estado o no, sepan que no tenemos miedo
En la historia política latinoamericana un patrón dominó las primeras tres cuartas partes del siglo pasado en las construcción del Estado basado en regímenes autoritarios; Guillermo O´donnell (1982), les denominó: “Estados Burocráticos Autoritarios”. Si bien, los matices en los países en la región fueron distintos, hay una construcción histórica y narrativa del por qué poseemos una herencia autoritaria aún persistente en la región, y que se mezcla con los diversos populismos que encontramos hoy día, que dominan la discusión programática y diseño y desempeño de los sistemas políticos latinoamericanos.
Haití, Nicaragua, Perú, Venezuela, Honduras fueron vulnerables en la entrada de este nuevo siglo y potencialmente Guatemala está a un paso de entrar en este conjunto de naciones latinoamericanas que se encontraron o se encuentran aún bajo asedio del fantasma de la herencia del Estado Burocrático Autoritario con matices populistas y extractivistas. La visión del Estado en Guatemala desde las élites ha sido paupérrima y sórdida, constituyendo una visión miope y mentecata por erigir un régimen político a su medida bajo la lógica de opacidad y corrupción, sin darse cuenta que las instituciones democráticas y la sociedad, ya cambió.
Este tipo de modelo de Estado Burocrático Autoritario, coincide con los planteamientos de Acemoglu & Robinson (2013) sobre cómo los países prosperan. Los autores señalan relación causal que tiene la administración de lo público e instituciones para el desarrollo y prosperidad, ya que influye como la regla dominante en la prosperidad en la capacidad de instituciones en generar bienestar a la ciudadanía. Las élites extractivas qué se benefician de la debilidad o falta de capacidad institucional, se articulan para la expoliación de recursos públicos, estatales y naturales para beneficio individual, que es totalmente opuesto a la creación de riqueza, oportunidades y desarrollo bajo un modelo de instituciones y élites inclusivas.
Esta tipología de Estado, está rodeada por hitos fundacionales que remarcan la influencia de las élites políticas, económicas y militares que fundaron toda una política del terror en un contexto donde la guerra fría y la lucha contra el comunismo, justificaron la barbarie, desaparición forzada, violaciones de derechos humanos y violencia política contra la disidencia y oposición. Estas acciones de estas élites extractivas en sus privilegios e instalar una narrativa hegemónica que da paso a un virus de intolerancia frente a nuevas ideas y expresiones políticas, no es casualidad encontrar en las generaciones pasadas y nuevas esos prejuicios heurísticos que reducen a adjetivos calificativos como “comunista”, “chairo”, “socialista”, en aquellas personas que tiene un pensamiento distinto al de ellos.
Guatemala está en la encrucijada donde los apoyos de parte de las elites políticas, económicas y sociales que forman parte del Pacto de Golpistas, en su marco mental y político persiste el fantasma del comunismo, denotándose su escasa formación política y actualización de referentes teóricos actuales. En el fondo, lo que quieren conservar, y lucharán hasta el final; es por mantener el privilegio del modelo de Estado con matices autoritarios y extractivistas. So pena, que piensen de esta manera, ya que el mundo global y procesos políticos internacionales empujan a las naciones y sociedades a replanteamientos basados en la democracia, justicia social, sostenibilidad, sustentabilidad y desarrollo económico inclusivo.
Jimmy Morales, es títere y actor principal de este guión, que al unísono defenderá con soberbia y negligencia la defensa del statu quo, sepan con certeza que fracasará. ¿Por qué?. Veamos con detenimiento los siguientes procesos:
Primero, en 1985 se funda la democracia del país y atravesamos un procesos doloroso en la desactivación del conflicto armado interno y la negociación de la paz en un contexto neoliberal donde las élites extractivas guatemaltecas, se vieron forzadas a dirigirse al navío de la democratización. Como era insostenible e inaguantable para la sociedad y sus intereses continuar con un conflicto armado interno, ya que los marcos axiológicos se transformaron radicalmente en los años 90, por tanto; era necesario resolver, desactivar el conflicto y transitar a una sociedad democrática por pura sobrevivencia; hoy día estamos en un contexto similar.
Segundo, al momento de que la sociedad transitó hacia la democracia, también lo hicieron esas instituciones basadas bajo el modelo de Estado Burocrático Autoritario. Por ejemplo, las reformas hacia la Policía Nacional Civil en 1997 hicieron una institución más democrática y profesional, versus el Ejército de Guatemala. Asimismo la constitución de diversas instituciones que velan por la seguridad democrática, y el respeto del marco de derechos humanos con la propia Corte de Constitucionalidad o la Procuraduría de Derechos Humanos; han dado muestras de cambio y efectividad de que esta sociedad se ha vuelto intolerante y resistente a un modelo autoritario, aunque electoralmente sea “atractivo”, esos modelos populistas, clientelares y caudillistas.
Tercero, somos una sociedad donde el padrón electoral y población, lo componen al menos en su mayoría personas jóvenes que nacieron en un contexto de transición democrática, por tanto; mi generación es menos sensible a patrones autoritarios y tiene un sentido de pertinencia democrática mucho más desarrollada, que las anteriores generaciones.
Por ende, somos la generación de “los sin miedo”, y la que mejor formación técnica, académica, profesional ha tenido el país. Solo les recuerdo, que fue esta generación la que se le plantó a Otto Pérez Molina, y cuestionó el régimen político de opacidad y corrupción, que cambió las variables y reglas del juego en la discusión política en torno a la corrupción, transparencia y lucha contra la impunidad. Dicho régimen oscuro quiere sobrevivir, y es el que ahora el Pacto de Golpistas quiere defender a capa y espada, bajo la tutela de empresarios, militares y actores que anteponen el enfoque de estabilidad como instrumento de política.
Las tres anteriores condiciones marcan una pauta interesante. Al menos mi generación, defenderá sus instituciones o lo que queden de ellas, si es que se concreta el golpe de Estado o el abandono de la lucha contra la impunidad o corrupción. Además, estará preparada para adaptarse a los potenciales cambios o urgencias que nazcan en un nuevo proceso de democratización en un corto o mediano plazo, si es que Jimmy Morales concretiza sus acciones de vulnerar el marco constitucional.
En este sentido, por edad las generaciones tienden a perder influencia en espacios de poder por una situación netamente biológica y natural, ya que cualquier institución o régimen necesita de sangre nueva y marco de valores actualizados para tener sostenibilidad temporal en las instituciones, esto aplica tanto en el ámbito público como privado. Por tanto, ningún régimen autoritario sobrevive a menos que adoctrinemos generaciones completas como lo es en el caso de Corea del Norte.
Sepan entonces, que iremos a las calles a exigir nuestros derechos y que demandaremos instituciones más transparentes, inclusivas y democráticas. Sepan que hemos crecido en un contexto que a pesar de la debilidad de nuestras instituciones, somos la generación que por razón natural, estará en el corto o mediano plazo en la toma de decisión. Sepan que para bien o para mal, estimados defensores del régimen de impunidad y corrupción, asestar un Golpe de Estado a mi generación, es una oportunidad histórica para mi generación para transformar las relaciones políticas, sociales y económicas que nos han mantenido dispersos, lejanos y divididos, y no tener nunca más un régimen de corrupción e impunidad.
Se les olvida que en Estados Unidos hay elecciones en noviembre próximo, y las encuestas se inclinan a favor del partido demócrata y que Donald Trump la está pasando muy mal por las acusaciones que hay en su contra por recibir apoyos de los rusos, y que la tormenta está del lado de ellos. Sepan que hay funcionarios de alto nivel que apoyan a CICIG y los esfuerzos de mantener la lucha contra la impunidad y corrupción, porque le apuestan a la construcción de un nuevo régimen político e instituciones basadas en la transparencia e inclusividad. Recuerden que hay todo un sistema internacional, que cada vez tolera menos dictadores y regímenes autoritarios.
Sepan por supuesto, que mi generación siempre estará del lado de la democracia, orden constitucional y de las instituciones democráticas, no de mequetrefes y díscolos dictadorzuelos.
