Porque somos así

No creo que seamos muchos, la gente suele tener más cabeza, pero es verdad que aún existimos los que, aún sabiendo que al final de la carretera hay un muro enorme, de más de 1 metro de grosor y que es imposible atravesar, nos la jugamos cuesta abajo y sin frenos.

Los consejos de nuestras sabias amigas no nos suelen servir. Sabemos de sobra que tienen razón, y nosotros mismos nos repetimos lo mismo en nuestra cabeza… pero nos gusta jugárnosla aunque lo pasemos mal una temporada. Si tenéis tanta suerte como yo, siempre estarán las incondicionales (en mi caso son un par, pero ¡MENUDO PAR!) que te escuchan, te secan las lágrimas y te aguantan y consuelan una y otra vez, por muy tonto que sea lo que haya pasado esta vez. Cuando supere este bache, seguramente les dedicaré otro post lleno de amor y agradecimiento.

Pero soy de esas personas, esas que nunca frena ante un resalto en la carretera y acelera en las rampas, porque es más divertido y porque, si desacelero, posiblemente me de cuenta de lo realmente mal que lo estoy haciendo.

Cuando eres de este tipo de personas, da igual los consejos que te den. Dan igual los “ahora hazte la dura”, los “yo de ti lo eliminaba de todas partes”, los “si no te escribe, no le escribas” o los “pasa de él, porque no te merece” e incluso los “ahora tengo ganas de arrearle por ti”. Dan igual las horas de espera, las comeduras de cabeza… Todo da igual.

Tú seguirás pensando que, aún sabiendo que ¨igual ahora¨ no es el indicado, es más, posiblemente haya un 90% de probabilidades de que acabes llorando, con los ojos hinchados y comiendo chocolate hasta reventar, algún día aparecerá alguien (o cambiará la situación con esa persona, lo que es poco probable, ese 10% restante, pero que nunca deja de rondarte por la cabeza), esa persona nueva, o esa nueva-vieja persona, se merecerá que te arriesgues, que quites el freno de mano, que te la juegues al “todo o nada”, al “AHORA O NUNCA”, y hasta al “esta es la última oportunidad” y que, aunque tengas miedo de ver ese muro, e incluso cierres los ojos y el corazón en una parte del camino para evitar tener que pisar el freno, vayas dispuesta a dar lo mejor y lo peor de ti mismo; a ser tú con todas las consecuencias, aunque a veces puedas resultar pesado o el SPM se apodere de ti y te vuelvas una bipolar cariñosa pero deseando que alguien te explique qué está pasando en este mundo; se merecerá tenerlo todo de ti, conocerte desde el principio como te verá todo el tiempo que dure lo vuestro; se merecerá aguantar tus días malo, consolarte en los días peores y disfrutará de tus sonrisas los días que salga el sol. Si es bueno, incluso puede que coloree esos días grises para ti.

Porque al final, somos así. Somos de ese tipo de gente que es capaz de aguantar las pesadas cargas que dejaron corazones rotos y fríos como el hielo, nos gustan los retos; de esos que cederá sus malos momentos para sacarle una sonrisa, aunque no tengamos nosotros ganas de sonreir; de los que tienen un límite, al que aquel que llegue se arrepentirá de haber cruzado, no porque queramos venganza, sino porque preferimos no tener a gente tóxica en nuestras vidas, pero somos capaces de ensancharlo hasta que descubrimos que esa toxicidad no quiere ser curada.

Sólo cuando nos damos cuenta de que somos invisibles, o prescindibles, sólo entonces es cuando dejamos de ser.

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