GOTASYROCIO
Jul 30, 2017 · 4 min read

PUESTA DE SOL

El sol se iba deslizando poco a poco dentro del mar, desde la terraza del hotel casi se podía escuchar el ruido que hacía al entrar en contacto con el agua. Sabía que ese ruido no existía, pero era algo que le recordaba a Mario y siempre que estaba cerca del mar intentaba ver el atardecer para escuchar ese chisporroteo. Mientras lo veía pensaba en otros atardeceres en compañía de él, siempre que el sol se metía le decía:

“¡Chhist! escucha como se oye el ruido del sol fundiéndose con el agua”

Hacía tiempo que Mario había muerto, pero ella no conseguía superarlo. Se encerró en casa sin ver a nadie, no quería limpiar porque pensaba que así se irían sus recuerdos, su olor, su esencia. Entró en un estado casi de coma, se pasaba el día en la cama llorando, su cuerpo se negaba a andar, a comer, no hacía nada, no decía nada, intentó volverse invisible, desaparecer, dejar de sufrir. Hasta que llego un día en el que ya no tenía más lágrimas. Su madre se pasó esos meses cuidándola pero no conseguía que se levantara, sus amigos iban a verla pero no quería hablar con ellos.

Un día por fin su cuerpo despertó. Limpió la casa, se cortó el pelo y pensó que poco a poco podría superarlo. Una semana después volvió al trabajo y a la rutina de la casa. Desde fuera parecía que estaba mejor pero los que la conocían sabían que no era así. Se comportaba como una autómata, iba del trabajo a casa y de casa al trabajo, sin hablar con nadie, sin intimar. Quedaba con los amigos en pocas ocasiones y cuando lo hacia se notaba que no prestaba atención a las conversaciones.

Cuando ya hacia un año de la muerte de Mario, su familia la convenció para ir a un psicólogo. No quería ir, ella no quería sentirse mejor, pero lo hizo por su madre. La primera consulta no fue como ella imaginaba. Ana, que era su psicóloga, la entendió desde el principio. Era extraño que pudiese hablar con ella de lo que sentía y no fuese capaz de hacerlo con sus amigas o con su madre.

- ¿Por qué? ¿Por qué a mí?. Eran las preguntas que me venían una y otra vez a la cabeza. ¿Cómo era posible que Mario estuviese muerto? No podía dejar de pensar en ello, intentaba levantarme de la cama, pero esas preguntas retumbaban en mi cabeza sin cesar, como cuando se te pega un estribillo de una canción y no puedes dejar de tararearlo- Estas palabras habían fluido de su boca casi sin darse cuenta. La psicóloga le preguntó cómo estaba y ella empezó a hablar contándole todo lo que llevaba un año arrastrando.

-Continúa- la animó Ana

- Oía como mi madre me hablaba pero era incapaz de contestarla, parecía que estaba viendo una película sobre mi vida, recordaba una y otra vez situaciones y momentos para saber lo que había hecho mal. Estaba convencida de que era culpa mía que Mario estuviese muerto- Se quedó en silencio con la mirada perdida.

- ¿Creías que era un castigo de Dios?

- No, no creo en Dios. Pero siempre he creído que a las personas buenas les pasan cosas buenas. Mario es, bueno era, una de las mejores personas que he conocido. Así que me mortificaba pensando que si nos pasaban cosas malas era porque yo soy una mala persona.

- Mario murió en un accidente de coche y tú no ibas con él en ese momento. Y aún así piensas que tú eres la culpable.

- Si

Después de año y medio de terapia con Ana se encontraba en punto muerto. Decidió tomarse unas vacaciones, descansar. A su familia le pareció una buena idea y se fue 15 días a un pueblecito pesquero cerca de Lisboa. El lugar era espectacular y la gente sencilla y amable. La primera semana se paso rápidamente mientras descubría los encantos del lugar y conocía a los vecinos.

La tarde del undécimo día se sentó en una terracita a tomar algo y disfrutar del mar. Era la hora próxima al atardecer y el mar iba adquiriendo tonalidades rojizas como el sol. Entonces recordó su juego con Mario sobre el ruido que hacia el sol al meterse en el mar y se quedó paralizada.

-¿Cómo no se me ha ocurrido antes?- pensó- El sol me está dando la respuesta y no le he escuchado

A la mañana siguiente se levanto temprano y se fue a pasear por la orilla del mar para despejarse. A mediodía volvió al hotel, hizo varias llamadas y durmió la siesta. Antes del atardecer volvió a la playa y alquiló una barca de pedales, pedaleo todo lo que pudo hasta llegar casi al horizonte y allí esperó. Poco a poco el sol fue descendiendo y haciéndose cada vez más y más grande, los destellos hacían que la superficie del mar brillase. Cuando el sol estaba a punto de tocar el mar se lanzó al agua y se dejó arrastrar al fondo, mientras se hundía lentamente vio como el sol se hundía con ella, acompañado de un chisporroteo que la hizo sonreír.

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    Un torrente de letras por debajo del torrente sanguíneo.