Indigencia: Una nuda vida de exclusión incluyente

Los casos de personas de escasos mínimos recursos son una realidad cada vez más invisibilizada, que atraviesan tanto hombres, mujeres, adolescentes, niños y ancianos, en condiciones concretas de existencia, en situación de pobreza y de vulnerabilidad. Comúnmente los denominados indigentes sufren la falta de medios para satisfacer sus necesidades básicas ,muchas veces pasan desapercibidos ante la cotidianidad de la gran urbe, Cuerpos yectos[1]en el mundo, arrojados a morir en otro tiempo existencial biológico, condenados a tener una muerte temprana ya sea accidentes de tránsito, desnutrición, negación de algún servicio médico, enfermedades relacionadas con el consumo de sustancias nocivas, altas o bajas temperaturas o hechos violentos en contra de su persona como ha estado sucediendo en las calles de Guadalajara. Sus condiciones concretas de pobreza, exclusión laboral, y en muchos casos de alguna discapacidad ya sea motriz o psicológica, los sitúa a estar más expuestos a ser utilizados como recurso desechable. O bien como cifras de decadencia utilizadas para atacar al gabinete por retirarse. En este escenario viven y conviven situaciones de violencia, precariedad y humillaciones, hasta que irrumpe la muerte en sus vidas;la posibilidad de la imposibilidad a llegar convertirse en adultos o ancianos. Sin lugar a duda esta problemática puede analizarse desde la perspectiva de desarrollo económico, desigualad, discriminación, etc. Pero en lo que respeta a lo visto en clases me resulta conveniente analizarlo desde el texto de Homo Sacer de Giorgio Agamben.

El problema de las políticas que atienden a las personas en situación de calle, pueden ser vistas como una forma particular de biopolítica de la población, con el fin de resaltar la contradicción que generan al propiciar tanto la inclusión como la exclusión de este sector de la población. Un hecho evidente es que el modelo actual de desarrollo neoliberal está teniendo serias repercusiones en la forma de vida[2] de los indigentes. Pues de acuerdo con un estudio que arrojo la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en 2017, se sumaron, un millón de personas a las filas de la pobreza.

Pero más allá de mitificar el fenómeno en cuestiones económicas, me resulta oportuno el pensar la indigencia como una indeterminación de la figura de la nuda vida[3]. Partiendo de la concepción Giorgio Agamben […] La concepción contemporánea de la soberanía, se basa en el hecho de que el soberano es simplemente quien decide la excepción. De aquí parte el hecho de que el poder soberano ejercido en las políticas públicas que atienden la indigencia, pueden ser vistas como una forma particular de biopolítica de la población, con el fin de resaltar la contradicción que generan al propiciar tanto la inclusión como la exclusión de los indigentes. Partiendo de la idea de que el soberano es el único que puede decidir cuándo la ley se suspende. Tal definición implica que, si solamente el soberano (en este caso el Estado) puede decidir la excepción, entonces está más allá de la ley, es decir, domina, aunque la ley haya sido suspendida.Lo que está afuera de la ley bien puede ser lo que en la filosofía política clásica se considera como el Estado de naturaleza[4]. Es por ello que me atrevo a decir que la figura del pobre es una forma particular de la construcción de espacios de excepción, donde los individuos se encuentran permanentemente abandonados, incluso, no sólo por su condición de carencia económica, sino porque el indigente también entrañaría al potencial delincuente, un “bestia” que carece de los soportes que le permiten integrarse plenamente a la sociedad. En otras palabras, ésta es la figura contemporánea más extendida de la vida nuda, que significa vida gestionada a benéfico de la imagen de políticas públicas y a la vez abandonada. Pues paradójicamente, por lo general, las distintas políticas orientadas al combate o lucha contra este tipo de pobreza tratan de transformar las prácticas y rutinas de la vida de las personas sin hogar, con el fin de incluirlos en lo social. No obstante,este mecanismo resulta ser doble: pretende excluir incluyendo. Nada regula esta relación, pues el Estado es quien establece no sólo quién es indigente, si no que cataloga quien es más vulnerable y por lo tanto quién de entre ellos merece recibir algún “apoyo”.

Al inicio de cada administración ya sea estatal o municipal, los políticos convocan a quienes son cercanos a las poblaciones que trabajan y viven en las calles (comúnmente organizaciones de las sociedades civiles). Dicen contar con la voluntad para ayuda a acabar con el problema de raíz. Los gobiernos proponen intervenir. Hacen cosas que no realizan los usuarios ni personal de organizaciones por la falta de recursos, pero son a corto plazo: comida, abrigo, incluso trabajo. Sin embargo, para las acciones de largo alcance, el pecho de los políticos no retiene tanto aliento. Las personas sin hogar, jamás podrán reclamar la ayuda por su condición. Esto puede observarse en el caso de la Ciudad de México, ya que se impulsan variadas estrategias de ayuda o apoyo contra la pobreza,pero en cada caso representa el ejercicio de una biopolítica erigida en una serie de dispositivos de gubernamentalidad y subjetivización que implican un grado creciente en la aplicación de dispositivos de vigilancia. Es por ello que, al parecer, “la vida desnuda” de los indigentes se encuentra en un espacio donde la ley suspende su capacidad de norma porque no puede o no debería establecer mecanismos para su regulación, en la medida en que es la vida misma. Aquello que el poder soberano excluye queda de alguna manera en Estado de abandono. Es por ello que la figura abandonada del indigente encaja en los términos de Agamben. Ciertamente no es el mismo caso del judío en el campo de concentración o los detenidos en Guantánamo, pero también se encuentra habitando un espacio de excepción. Como mencione anteriormente, el Estado como poder soberano,decide quién es pobre, qué tipo de ayuda debe recibir y hasta cuándo. Ya que la atención a la indigencia no produce cuerpos excluidos, sino el gesto ambiguo de lo que al ser excluido queda incluido, cuerpo abandonado que desposeído por la ley tendrá que quedar sujeto al poder total del soberano y a su posible “asistencia”. Así, el cuerpo fabricado por los discursos y las políticas de combate a la pobreza no es un cuerpo excluido, sino un cuerpo abandonado, incluido en virtud de su exclusión, un cuerpo sin estatus jurídico, fuera de la ley y por ello mismo, totalmente abandonado al poder soberano. Por ello el “necesitado” no puede reclamar ningún tipo de ayuda por qué; si bien es ciudadano, no tiene un estatus jurídico que le permita apelar a una cierta ayuda por su condición de carencia. Su situación lo pone en un estado de abandono,cercano al estado de naturaleza o, para considerarlo de forma más contemporánea, en la condición de exclusión incluyente. Ya que el indigente, por un lado, está excluido del circuito de derechos que le permiten reclamar legalmente asistencia y por otro lo que está antes del contrato, de la fundación del Estado, es la vida nuda, la vida en su estado de naturaleza o zoé, misma que al conformarse el contrato o la vida dentro de la ley, debe quedar fuera. Y es precisamente esta situación de exclusión lo que lo introduce más fuertemente en el circuito de la vigilancia por parte del Estado, a través de la asistencia pública. Este doble proceso de exclusión-inclusión que se produce al mismo tiempo es, lo que coloca a las personas en situación de calle en una zona de excepción.Y que los convierte en simples cuerpos sumisos por estar a la vez dentro y fuera, dentro del poder soberano, fuera de la ley. En esta lógica, esta situación expresa dos movimientos que se apoyan mutuamente, pero que son contradictorios: inclusión, por un lado, maximización de la vida; exclusión, por el otro, derecho a dejar morir por abandono, por falta de apoyo o de asistencia al llamado pordiosero. Éste no está ni adentro ni afuera, no está ni meramente excluido ni meramente incluido, se encuentra una zona de indistinción que lo incluye al estar sometido a un poder total, a la vez que lo excluye de todo derecho, de toda existencia legal.exclusión, por el otro, derecho a dejar morir por abandono, por falta de apoyo o de asistencia al llamado pordiosero. Éste no está ni adentro ni afuera, no está ni meramente excluido ni meramente incluido, se encuentra una zona de indistinción que lo incluye al estar sometido a un poder total, a la vez que lo excluye de todo derecho, de toda existencia legal.exclusión, por el otro, derecho a dejar morir por abandono, por falta de apoyo o de asistencia al llamado pordiosero. Éste no está ni adentro ni afuera, no está ni meramente excluido ni meramente incluido, se encuentra una zona de indistinción que lo incluye al estar sometido a un poder total, a la vez que lo excluye de todo derecho, de toda existencia legal.

Bibliografía:

Agamben, Giorgio (2006). “La politización de la vida”, “politizar la muerte” y “el campo de concentración como nomos de lo moderno”. En Homo Sacer. El poder soberano y la nula vida. Madrid: Pre-textos.

Fortanet Fernández, Joaquín (2015). “El biopoder y la gestión de la vida” en Foucault. No hay más verdad que la que establece el poder. España: RBA, P. p 103–125.

Berrío, Ayder. (2010, enero-junio).” La exclusión-inclusiva de la nuda vida en el modelo biopolítico de Giorgio Agamben: algunas reflexiones acerca de los puntos de encuentro entre democracia y totalitarismo”. Estudios Políticos, 36, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia. Recuperado de: http://www.scielo.org.co/pdf/espo/n36/n36a2.pdf

[1] Cuerpo yecto: Arrojado al mundo con los propios actos, deberes y responsabilidades, busca definir al hombre como solamente dependiente de lo que haga con su propia situación y deseos a futuro. Heidegger (1927).

[2] “Forma de vida entendida como una vida que no puede separarse nunca de su forma, una

vida en la que no es posible aislar algo como una nuda vida […] ¿Qué significa está expresión? Define una vida [la vida humana] en que los modos, actos y procesos singulares del vivir no son nunca simplemente hechos, sino siempre y sobre todo potencia” (Agamben, 2006).

[3] Nuda vida: Una vida absolutamente expuesta a qué se le dé muerte, objeto de una violencia que excede a la vez la esfera del derecho y la del sacrificio. Giorgio Agamben (2006).

[4] El hombre no ha constituido aún el Estado como entidad legal que limita sus derechos y le impone obligaciones, sino que vive como el resto de los animales con libertad absoluta de obrar, sin propiedad privada y haciendo justicia por su propia mano. Thomas Hobbes (1651).