La imagen del pasado

Hace un tiempo, se me ocurrió pasar por la plaza que esta enfrente a la iglesia de Belen, en Bernal.

Al llegar, me siento invadido por las voces de los niños corriendo y jugando, el golpe de las zapatillas contra el asfalto, que producen las personas que salen a hacer ejercicio; y ese olor a pasto y naturaleza que le hacen pensar a uno que esta lejos de la ciudad.

Me senté para disfrutar el momento, y veo a lo lejos una imagen que me llama mucho la atención. Un señor, entrado en años, jugando con un pequeño. Supuse que eran parientes, ya que ambos se veían muy contentos entre sí. Al observarlos, no pude evitar trasladarme a esa misma plaza pero 20 años atrás. Cuando mi abuelo me llevaba a jugar con otros niños del barrio. El había perdido la vista muy joven. Siempre tengo presente que el nunca pudo ver el mar y yo le contaba sobre lo maravilloso que era. El me respondía que no hacía falta verlo, el se lo podía imaginar.

Recuerdo cuando jugaba con mis amigos y el estaba allí, sentado con sus anteojos negros, siguiéndome con la cabeza, sin perder su hermosa sonrisa, como quien cierra los ojos y se deja llevar por el dulce sonido del campo en una noche de verano.

Este recuerdo, me acompañó durante mi regreso a casa. Un poco angustiado por la añoranza de lo perdido, vuelvo a recordar su sonrisa mientras me miro en el espejo. Me pongo a pensar que, para el, yo era como el sonido del mar. El disfrutaba solo al escucharme y sentir como me divertía, no necesitaba verme.

En ese momento, mientras me sigo observando, vuelvo a recordar su sonrisa. Pero esta vez, la veo reflejada en mi rostro.

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