Entre números, hongos y polillas: ¿ qué diablos nos puede decir un libro de cuentas?

Este semestre se cumple año y medio del arduo ( y en ocasiones frustrante) proceso de elaboración de mi tesis de licenciatura. Desde aquél momento en que decidí abordar un tema de historia económica, la gestión de una renta real por particulares, me he enfrentado a un sinúmero de retos. Entre los principales obstáculos podría mencionar una bibliografía compleja y escasa en cuanto a cuestiones fiscales, el silencio incómodo de colegas y amigos-no-historiadores cuando les explico de qué va la cosa con mi tesis y, principalmente, a una documentación dispersa y poco abordada cuya información ha resultado ser valiosa, pero en exceso difícil de analizar: los “Libros manuales de cargo y data” de la Caja Matriz de México, los cuales podrían ser burdamente descritos como “libros de cuentas” de la Real Hacienda.

Un profesor nos comentaba hace tiempo que “hay dos cosas de las que no podemos escapar: la muerte y los impuestos.” Y vaya que así es. Entre los miles de metros lineales de documentación que resguardan los archivos de nuestro país, hay una importante cantidad de papeles contables dispersos entre todos los fondos que pertenecen a distintas épocas que van desde tiempos precolombinos (como es el caso de las láminas de tributos de los códices), hasta listas de deudores del SAT de la década de los setenta en las cuales seguro encontrarás, querido lector, a más de un familiar.

Te preguntarás el porqué un historiador (bueno un casi-historiador o un alumno pretencioso, ¿ qué mas da?) se enfrascaría en la tediosa labor de abordar un tema de historia económica y ADEMÁS de historia fiscal como primer ejercicio de investigación. Suelo no tener una respuesta inteligente a esta pregunta ( frecuentemente formulada en mis círculos cercanos) y lanzo una zonza advertencia que suele tener como respuesta un movimiento afirmativo con la cabeza y un silencio que no sé si es cómplice o condescendiente : “es más interesante de lo que suena, lo juro”.

Ante los pobres efectos de mi optimista afirmación, he decidido, como último intento por demostrar que entre las cuentas y los “númeritos” de imperios desaparecidos y causantes que llevan varias centurias muertos hay información valiosa y hasta entretenida, dejaré que mi documentación salga a mi defensa…


Les presento a mi robusto y experimentado defensor, un Carles Puyol de los documentos : este libro de 500 fojas (páginas), encuadernado en un grueso cuero, decorado con chapa de oro (es del Rey, así de ostentoso tiene que ser) ,que mide aproximadamente 50 x 70 cm, y que tiene un broche de latón enorme que lo hace más pesado y voluminoso de lo que ya de por sí es.

En este libro se encuentran todos los movimientos de dinero realizados durante un año desde la Caja Real de la Ciudad de México, conocida como la “Caja Matriz”. En ella se concentraban todos los cargos (o entradas) de la mayoría de los rubros fiscales de la Real Hacienda de Nueva España y de ahí salían ( en data) los caudales para sostener al aparato de gobierno virreinal, el pago de deudas, y las cantidades enviadas a la Península Ibérica y a un sinfín de destinos en América, Asia e incluso África.

AGN, Caja Matriz, vol.226, 1727.

Como se puede observar en el índice de este libro, el manejo de la Hacienda virreinal era complejo. De entre todos los movimientos e impuestos que conformaban al erario regio, yo solo trabajo con la alcabala, una renta real que se cobraba por el valor de (casi) todas las cosas que se vendían o circulaban por Castilla y los reinos americanos, es decir, con menos del 10% de la vasta información del libro.

No temas. Me niego rotundamente a mostrarte cada uno de los 403 movimientos relacionados con el rubro de “alcabalas”, tan solo tomaré una pequeña fracción de una hoja del masivo libro de 500 páginas para demostrarte qué diablos se puede ver en estos documentos.


Tomemos como ejemplo el 4 de marzo de 1748. Seguramente en la mañana de aquél día, entre un pesado tráfico tan común de la capital del virreinato, compuesto por un montón de peatones, mulas, puestos ambulantes, cajones y tenderetes…y alguna carroza ocasional, llegó Nicolás de Barreda desde Tenango del Valle (actual Estado de México) acompañado de un indígena que jaloneaba por el patio del palacio virreinal una mula necia cargada de costales de monedas. Posiblemente entró en alguna de las habitaciones del palacio (cargando un libro pequeño lleno de rayones y MÁS CUENTAS) en donde lo esperaban un grupo de hombres con una lista.

Tras descargar a la mula, estos hombres se pusieron a contar las monedas de plata: un total de 780. Es porbable que el hombre de mayor edad buscara en una caja llena de papeles un documento en particular y, tras mirarlo detenidamente, habría dicho algo así “ Don Nicolás de Barreda, arrendatario de las alcabalas de Tenango del Valle, ingresa 780 pesos por el segundo año de los cinco de su contrato”, mientras un apresurado escribano tomaba nota. Después del anuncio, el cansado hombre de Tenango habría recibido una nota en la que se constaba su “depósito”.

Es probarle que “don Nicolás” soltara un suspiro de alivio, tras un año de conflicto con buena parte de su pueblo, incluyendo al alcalde y a los comerciantes locales, había logrado una vez mas cumplir con sus obligaciones y ¿ por qué no? obtener una módica ganancia para llevar a casa después de pleitos, demandas y algunos golpes propinados a medio pueblo. Barreda, siempre reflexivo, seguramente salió del palacio virreinal a media mañana con su mula y el “yndio”, mientras la ciudad de México se paralizaba ante el solemne sonido de las campanas de la Catedral, anunciando la misa de doce.


Esta breve ficción basada en un árido registro contable pretende demostrar lo que hasta ahora he podido descifrar de la vida económica y social de Nueva España en mis casi dos años de estudios:

a) La circulación mercantil en Nueva España: qué se producía y en dónde, qué se consumía y cuáles eran los principales centro de consumo ( cof, cof la ciudad de México).

b) Cómo los particulares se convirtieron en ministros del Rey: pleitos,extorsiones, cobros y demás linduras a las que se enfrentaron tanto cobradores, como contribuyentes a lo largo del siglo XVIII y por cuáles medios solucionaban sus conflictos. ( ya habrá una entrega al respecto).

c) El tiempo por el cual se encontraban sometidas las poblaciones de Nueva España a particulares, en lugar de los “ministros del monarca”.

d) La centralidad de la ciudad de México en cuestiones fiscales, económicas y de gobierno.

e) Cuánto aportaba cada jurisdicción, ciudad, partido y pueblo de la Nueva España a la “defensa del reino” y al sostenimiento del aparato de gobierno virreinal.

f) Cómo se gestionaba o “administraba” el vasto territorio de la Nueva España. Se puede observar el papel del control del territorio como eje fundamental para lograr una fiscalidad que de una manera u otra funcionara para sostener al reino.


Espero que con esta breve explicación pueda al menos redimirme o tener un arma arrojadiza en contra de los silencios incómodos o las caras de desconcierto a las que me enfrento como tesista de historia económica, de lo contrario, te advierto de nuevo, incrédulo lector.

¡ ESTO DE LA “HISTORIA CON NÚMEROS” ES MÁS INTERESANTE DE LO QUE APARENTA!

R.

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